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Cada año, el Día Mundial del Huevo invita a repasar el valor nutricional de un producto presente en casi todos los hogares. Durante décadas, diversas recomendaciones sanitarias sugirieron limitar su consumo bajo el argumento de su contenido en colesterol. Sin embargo, la ciencia moderna cambió esa perspectiva. Gran parte de las guías nutricionales actuales sostiene que, en personas sanas, comer huevo habitualmente no implica un riesgo cardiovascular mayor. Esto ocurre porque el colesterol presente en los alimentos influye poco en los niveles de colesterol que circulan por la sangre humana.
El huevo destaca como una alternativa económica, accesible y sencilla de preparar. Su aporte principal reside en la proteína de alto valor biológico que contiene tanto la clara como la yema. Este alimento concentra todos los aminoácidos esenciales, incluida la leucina, un componente clave para el mantenimiento y la reparación del tejido muscular. Este beneficio adquiere especial relevancia a partir de los 50 años, cuando el cuerpo requiere una distribución adecuada de proteínas durante el día para preservar la masa muscular.

La capacidad de este alimento para generar saciedad resulta fundamental en la lucha contra el picoteo constante. Un ensayo publicado en el Journal of the American College of Nutrition en 2005 demostró que personas con sobrepeso que desayunaron huevo, en lugar de un panecillo con las mismas calorías, redujeron su ingesta alimentaria el resto de la jornada. El fenómeno sucede porque la proteína activa las señales de saciedad y ralentiza el vaciado del estómago, lo cual evita que el individuo llegue con hambre excesiva a la siguiente comida principal.
Frente a los snacks industriales, el huevo ofrece ventajas competitivas. Mientras las galletas y los productos de bolsa provocan picos de glucosa seguidos de una caída abrupta que dispara nuevamente el deseo de comer, el huevo aporta una energía estable gracias a su bajo contenido de azúcar. Al ser un producto libre de procesados, resulta una opción superior a cualquier aperitivo convencional. Para optimizar su consumo, los expertos recomiendan cocer media docena de unidades durante diez minutos, enfriarlas bajo el chorro de agua y conservarlas con cáscara en la heladera hasta una semana.
Para completar una merienda equilibrada, el huevo combina bien con pan integral, verduras o una pieza de fruta. Sumar elementos con fibra, como bastones de zanahoria o tomates, potencia la sensación de plenitud. La preparación mediante cocción permite evitar grasas innecesarias derivadas de la fritura. No obstante, esta información posee carácter divulgativo. Si una persona padece colesterol alto, presenta enfermedades crónicas o tiene dudas sobre las cantidades ideales para su plan de alimentación, resulta imprescindible la consulta con un profesional sanitario.
El huevo se consolida así como un aliado versátil, capaz de mejorar la calidad de la dieta cuando el hambre aparece a mitad de la tarde y la mano busca soluciones rápidas, sencillas y nutritivas.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.




