srcset

Medios

El sueño hecho revista de John John Kennedy

María Fernanda Mugica
(0)
8 de septiembre de 2019  

John Fitzgerald Kennedy Junior fue el primer bebé que nació en Estados Unidos, cuyo padre era presidente del país. Sus primeros recuerdos tenían como escenario el jardín de la Casa Blanca, donde jugaba con su perro, que había sido un regalo de un alto funcionario de la Unión Soviética y era hijo de Laika, la primera viajera espacial. Tuvo una infancia pública que lo fue aún más tras el asesinato de su padre, ocurrido pocos días antes de que cumpliera tres años. Desde entonces, y a pesar de los intentos de su madre por resguardarlo -también a su hermana Caroline-, cada detalle de su vida fue tratado como tema de interés público. El periodismo siempre estuvo fascinado con John John y él lo odió por registrar cada uno de sus pasos. Hasta que se le ocurrió convertirse en parte de él. Dejar de ser únicamente protagonista de las historias para ser, también, narrador.

El proyecto de crear una revista llegó tarde en su vida. En realidad, fue la muerte la que llegó demasiado pronto. Con 34 años, JFK Jr. fundó la revista George y a los 38, murió en un accidente aéreo, junto con su esposa Carolyn Bessette y su cuñada Lauren, en julio de 1999.

La tragedia azotó una vez más a los Kennedy, llevándose al heredero de uno de los presidentes más queridos de Estados Unidos y a una de las mujeres más admiradas por su elegancia. Entre todas las cosas que JFK Jr. podría haber llegado a ser y con las que el imaginario popular fantaseaba, como volver a llevar el apellido Kennedy a la Casa Blanca, dejó huérfana a su revista en un momento en el que tambaleaba, tras su éxito inicial. De todas maneras, dejó un legado, una visión anticipada de la política como espectáculo y un grupo de colaboradores que recuerda su dedicación y su perfil bajo (o lo más bajo posible dadas las circunstancias).

JFK Jr. no tuvo a una figura paterna que le marcara de cerca grandes ambiciones de poder, como Joseph Kennedy había hecho con sus hijos, John, Bobby y Ted. Su madre, Jackie, era una mujer inteligente que se preocupó porque sus hijos tuvieran una buena educación. Además de mandarlo a excelentes colegios, la exprimera dama se ocupó de que su hijo no se perdiera en el privilegio que lo rodeaba. Luego de una travesura adolescente, John fue enviado a trabajar durante el verano en un rancho en Wyoming y durante el período escolar dio clases de inglés a estudiantes inmigrantes de una escuela pública cercana. Antes de entrar en la universidad, pasó diez meses en Kenia en un programa dedicado a la enseñanza de habilidades en áreas silvestres, liderazgo y estudios ambientales.

Ya como estudiante de la Brown University, preocupó a Jackie con su interés por la actuación. No es difícil imaginar al joven Kennedy como estrella de cine. Pero su madre se opuso en forma terminante a que siguiera ese camino y lo incentivó para que fuera abogado. Luego de su paso por la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York tuvo que presentarse tres veces al examen para obtener la matrícula que le permitiera ejercer la profesión. La tercera fue la vencida, aprobó y empezó a trabajar como asistente de la fiscalía de Manhattan.

Su faceta profesional no era, sin embargo, lo más atractivo del joven para los medios, sino su tumultuosa vida romántica. Madonna, Julia Roberts, Brooke Shields, Sarah Jessica Parker y Daryl Hannah son solo algunas de las bellísimas y famosas mujeres con las que se lo vinculó. Los paparazzi de fines de los 80 y principios de los 90 lo fotografiaban andando en bicicleta o en rollers por Nueva York y el público no se cansaba de verlo. En 1988, fue elegido como el hombre más sexy del mundo por la revista People y se lo calificaba en cada nota periodística como "el soltero más codiciado de Estados Unidos". El heredero de JFK y Jackie era por entonces un hombre admirado por su físico y sus conquistas, no por sus planes profesionales.

En 1993, JFK Jr. abandonó su trabajo en la fiscalía y empezó a pensar qué hacer. Junto con Michael Berman, especialista en marketing, se les ocurrió crear una revista sobre política que resultara atractiva incluso para quienes no se interesaban en el tema. Según una nota de Esquire, parte de lo que inspiró a JFK Jr. a proyectar una revista que se enfocara en las personalidades más que en las políticas públicas fue la campaña de Bill Clinton en 1992, que incluyó una aparición del candidato tocando el saxo en el popular programa de un comediante, The Arsenio Hall Show. John John y su socio querían que su revista fuera lo que Rolling Stone es a la música y Sports Ilustrated al deporte. Si alguien podía hacer que la política pareciera sexy era él.

La muerte de Jackie en 1994 fue un punto de quiebre para JFK Jr., quien comenzó a plantearse la dirección de su vida. Seguir adelante con el proyecto de la revista fue una de las respuestas que encontró. La otra fue formar una pareja estable y luego casarse con Carolyn Bessette, una relacionista pública que trabajaba para Calvin Klein.

Kennedy y Berman se asociaron con David Pecker, entonces presidente de Hachette Fillipacci, que editaba la revista Elle, y que en la actualidad está al frente de la cuestionada editorial American Media, hogar de National Enquirer y otras publicaciones, y muy cercana a Donald Trump. La inversión de Pecker llegó, según rumores de la época, a los US$20 millones, para un plan de cinco años.

Con un pequeño equipo, Kennedy y Berman empezaron a trabajar en la planificación del número inaugural de la revista que llamarían George en honor al primer presidente de Estados Unidos, George Washington. El director de arte Matt Berman (quien no tiene relación familiar con Michael Berman), el fotógrafo Herb Ritts y Carolyn Bessette intercambiaron ideas con JFK Jr. para esa primera tapa, durante una cena. Inspirados por un dibujo de Alberto Vargas pensaron en una versión femenina y sexy de Washington. Barajaron varios nombres hasta que surgió el de Cindy Crawford, y Bessette opinó que era perfecta porque era "como el pastel de manzana, bien norteamericana".

La supermodelo, en pleno furor de su carrera, recibió la llamada de Ritts y no dudó en aceptar, no por Kennedy sino que el fotógrafo que se encargaría de retratarla. "Si alguien podía hacer que eso se viera bien, era Herb Ritts -recordó la modelo en The Hollywood Reporter-. Fui a la sesión de fotos y la vestuarista había conseguido un disfraz de Washington, como si fuera para una película. Me peinaron como Washington, querían que estuviera linda, pero con una peluca blanca empolvada. En un momento, decidimos cortar la camisa y ahí apareció la idea de que estábamos haciendo a George Washington, pero con un guiño. Ya no era algo literal. A veces veo algún especial sobre John y muestran el momento en el que develó la tapa, y pienso: 'Fue muy cool que me eligiera para hacer su primera portada'".

El staff principal de la revista que comenzó con 500 mil ejemplares y continuó luego del accidente aéreo, hasta 2001
El staff principal de la revista que comenzó con 500 mil ejemplares y continuó luego del accidente aéreo, hasta 2001

La imagen de Crawford como Washington se convirtió en icónica cuando salió a la calle aquel primer número, en septiembre de 1995, con una tirada de 500 mil ejemplares. Las tapas siguientes continuaron con la fórmula que combinaba glamour y representación histórica y política, todo sazonado con sentido del humor. Para la segunda edición, Robert De Niro también encarnó al primer presidente norteamericano, pero blandiendo una espada antigua. El objeto de utilería fue prestado por el propio Kennedy y asombró al director creativo, quien le comentó que parecía una espada que podría haber pertenecido a Washington. Así era: había sido un regalo que su padre recibió durante su presidencia.

Para hacer la portada con Barbra Streisand homenajeando a Betsy Ross, la mujer que se dice que diseñó la bandera de EE.UU., el propio Kennedy y Matt Berman tuvieron que viajar a la casa de la actriz en Malibú, donde se realizó la sesión de fotos. El director creativo recuerda en su libro JFK Jr, George & Me que Bessette aquel viaje en el realmente se conectó con John y experimentó lo que era la fama, cuando una multitud de paparazzi los recibió en el aeropuerto de Los Ángeles.

Muchos otros famosos, como Harrison Ford, Kate Moss y Demi Moore, pasaron por la tapa de George, mientras que otros no aceptaron. A pesar de las numerosas llamadas y un encuentro para tomar el té con Kennedy, Lady Di rechazó la oferta. JFK Jr. quiso, para otra edición, que Madonna, con quien había salido un tiempo, personificara a la mismísima Jackie Kennedy. Pero la reina del pop respondió con una nota muy peculiar: "Querido muchachito Johnny: gracias por pedirme que sea tu madre, pero me temo que no podría hacerle justicia. Mis cejas no son lo suficientemente tupidas. Cuando quieras que retrate a Eva Braun puede ser que diga que sí".

Famosos como Harrison Ford, Kate Moss y Demi Moore pasaron por la tapa de George; Lady Di y Madonna rechazaron la propuesta

La imagen de Jackie no llegó a la portada de George, pero sí la de Marilyn Monroe, la supuesta amante de Kennedy padre. John eligió a Drew Barrymore para encarnar a la actriz en la foto acompañada del título Happy Birthday, Mr. President, con motivo del 50° cumpleaños del entonces presidente Bill Clinton (referencia, claro, al famoso "Feliz cumpleaños" de Marilyn a Kennedy). Más allá del impacto de las fotos de celebridades jugando a ser figuras históricas, George tenía un contenido ecléctico en estilos autorales y en ideas políticas, mezclando colaboradores demócratas con republicanos. El propio JFK Jr. escribía la carta del editor en cada número y hacía entrevistas con políticos como George Wallace, Gerald Ford y Dan Quayle. También, se incluía en cada edición una columna firmada por alguna figura de la farándula, titulada "Si yo fuera presidente", y por sus páginas pasaron firmas como Norman Mailer y Gore Vidal.

Además de los colaboradores famosos, había un staff con jóvenes que recién comenzaban en el periodismo y que luego siguieron sus carreras en medios como el New York Times. Aunque JFK Jr. era conocido por tener mal carácter en ocasiones, la mayoría del equipo lo recuerda como un buen jefe y un editor atento, muy en serio su trabajo y completamente dedicado a la revista. En esos recuerdos surgen anécdotas. Por ejemplo, los pasantes de George cuentan que juntaba toda la ropa que recibía de regalo de parte de grandes marcas y la ponía en un perchero para que ellos eligieran lo que quisieran. O que consiguió 35 palcos e invitó a todo el equipo a la final de la Serie Mundial de béisbol, en la que jugaban los Yankees.

Los intentos por mantener su vida privada lejos de los medios fueron extremos cuando organizó su casamiento con Bessette. Según Esquire, el lunes siguiente a la ceremonia (del 21 de septiembre de 1996) en la isla Cumberland, los empleados varones de la revista encontraron cigarros cobre sus escritorios y las mujeres, botellas de champaña. Los regalos estaban acompañados de una nota: "Quería que sepan que mientras estaban trabajando, me casé. Tuve que ser un poco furtivo, por razones obvias. Quiero que disfruten de estas pequeñas muestras de gratitud y camaradería. Hacen un trabajo increíble y es un honor tenerlos como colegas".

Claro que no todo fue color de rosa para George. Más allá de las críticas de parte del establishment político y los medios tradicionales por su estilo pop de tratar la política, la revista había conseguido un éxito considerable de ventas. A pesar de eso, en 1997 Berman abandonó la revista, dejando a Kennedy a cargo de todo. Y para 1999, cuando Pecker se fue de Hachette, las ventas habían caído y George dejó de ser redituable. Lejos de resignarse, John seguía buscando inversores y negociando con el nuevo jefe de la editorial.

Entre los planes de JFK Jr. para George estaba una entrevista con Fidel Castro, que ya estaba arreglada para fin de año. No llegó a hacerla. El 16 de julio de ese año, John partió al casamiento de su prima Rory Kennedy en un avión privado. Piloteaba él y viajaban su esposa Carolyn, quien se había negado a asistir en un principio, y su cuñada Lauren. El avión no llegó y el 21 de julio encontraron los cuerpos.

George siguió publicándose hasta 2001. "Después del funeral, estábamos varios del equipo y se acercó Christiane Amanpour -contó la directora editorial Sudie Redmond a The Hollywood Reporter-. Nos dijo: 'Saben, se está hablando mucho sobre los sueños de John y qué trágico es que no haya podido cumplirlos. Pero eso no es verdad. Quiero que todos ustedes sepan que George era su sueño y ustedes lo ayudaron a hacerlo realidad'".

Según le dijo John John a Larry King, en 1995: "Ser el hijo de una leyenda te da una vida rica y complicada, pero ese es el rompecabezas que tengo que desentrañar en mi vida". George no habrá sido suficiente para resolverlo, pero seguro que fue una pieza clave.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.