Descubren que fósiles catalogados como de mamut y hallados a 400 km de la costa en Alaska eran de una especie marina
Un estudio reciente reescribió más de 70 años de historia luego de corregir la identificación de unos huesos; se abrieron nuevos interrogantes de cómo llegaron esos restos hasta esa zona
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Una nueva sorpresa se dio en el mundo científico luego de un impresionante hallazgo. Durante más de siete décadas, el Museo del Norte de la Universidad de Alaska resguardó lo que se creían eran los fósiles de un mamut. Sin embargo, un nuevo estudio de estos restos arrojó que se tratan de huesos de ballenas prehistóricas, lo cual asombró a la comunidad arqueológica a nivel global.
Los fósiles fueron encontrados a principios de la década de 1950 por el naturalista Otto Geist cerca de Fairbanks, una ciudad ubicada a 400 kilómetros de la costa más cercana. Estos restos, dos vértebras de gran tamaño, fueron catalogados como pertenecientes a mamuts, uno de los mamíferos prehistóricos más conocidos, pero una nueva identificación lo desmintió rotundamente.

La verdadera naturaleza de estos huesos salió a la luz gracias a una investigación publicada en la revista Journal of Quaternary Science, citada por el sitio web la Universidad de Alaska Fairbanks. El descubrimiento no solo corrigió un error histórico, sino que abrió un nuevo interrogante sobre cómo estos mamíferos marinos llegaron tan tierra adentro en Alaska.
Todo comenzó en 2022, con el proyecto “Adopt a Mammoth”, una iniciativa destinada a mejorar la datación por radiocarbono de los fósiles de mamut para identificar los ejemplares más jóvenes. Al aplicar técnicas modernas de carbono 14 a las vértebras halladas por Geist, los resultados fueron desconcertantes. Los fósiles tenían una antigüedad de entre 1900 y 2700 años, una cifra que contradecía el consenso científico que ubica la extinción de los mamuts en Alaska continental miles de años antes, con el fósil más joven conocido datado en 13.000 años. Esta inconsistencia llevó a los investigadores a dudar de la identificación original.
Para verificar sus sospechas, los científicos realizaron un análisis de isótopos de nitrógeno, una técnica utilizada para estudiar la dieta de los animales. Esta prueba reveló niveles propios de organismos marinos, lo cual era totalmente incompatible con un mamut, un herbívoro terrestre. Fue entonces cuando se hizo evidente que el error no estaba en la datación, sino en la especie a la que se atribuían los restos.

Finalmente, un análisis de ADN antiguo confirmó que las vértebras pertenecían a una ballena minke común y a una ballena franca del Pacífico Norte. Este hallazgo, lejos de resolver todas las incógnitas, planteó el gran enigma: ¿cómo llegaron huesos de ballena a 400 kilómetros de la costa?
Los investigadores exploraron varias hipótesis. La idea de que los cetáceos hubieran nadado por antiguos ríos fue descartada debido al tamaño insuficiente del arroyo cercano al lugar del hallazgo. Tampoco se consideró plausible que grandes depredadores como osos o lobos hubieran transportado los restos tan lejos.
Las explicaciones más consistentes se reducen a dos, aunque ninguna tiene pruebas concluyentes. Una posibilidad es que grupos humanos prehistóricos trasladaran los huesos al interior por su valor simbólico o para la fabricación de herramientas. La segunda, y considerada la más plausible por los científicos del estudio, es un error de etiquetado en el museo.
Dado que Otto Geist recolectó huesos tanto de la región interior de Alaska como de zonas costeras como Norton Bay, es posible que se haya producido una mezcla accidental de materiales, y que los fósiles de ballena fueran hallados originalmente en el litoral, eliminando así la sorprendente y desorbitada idea de ballenas navegando ríos adentro.
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