La historia real detrás de uno de los grandes éxitos de Disney de los 90, inspirado en el asesinato de toda una familia
Hace 28 años se estrenaba Anastasia, una de las películas animadas para niños más famosas de su época; contrario a lo que muchos creían, su historia estaba inspirada en hechos reales
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En diciembre de 1997 llegó a los cines de todo el mundo Anastasia, una ambiciosa película animada que, aunque durante años fue asociada al universo Disney, en realidad nació bajo el sello de 20th Century Fox. Dirigida por Don Bluth y Gary Goldman, la producción se convirtió en uno de los grandes fenómenos animados de los años noventa. Tras la fusión entre Fox y Disney, el film pasó a formar parte del catálogo de Disney+, donde hoy se puede disfrutar.
Detrás de su estética de cuento de hadas, canciones inolvidables (interpretadas en Latinoamérica por Thalía), y una heroína carismática, Anastasia se inspira en una de las tragedias más crudas del siglo XX: el asesinato de toda la familia Romanov, la última dinastía imperial de Rusia.

La película toma como punto de partida una leyenda popular que circuló durante décadas en Rusia, que hacía referencia a la supuesta supervivencia de la gran duquesa Anastasia Nikoláyevna Románova tras la ejecución de su familia. En la ficción, la joven logra escapar del palacio, pierde la memoria y años después emprende un viaje para descubrir su verdadera identidad.
Sin embargo, la historia real fue muy distinta. Anastasia nació en 1901 y fue la cuarta hija del zar Nicolás II y la zarina Alejandra Fiódorovna. Su llegada al mundo estuvo marcada por una profunda decepción dentro de la corte imperial, ya que no era el heredero varón que el zar esperaba. Aun así, con el tiempo se convirtió en una de las figuras más queridas por sus criadas y sirvientes.

Los registros históricos coinciden en que Anastasia tenía una personalidad inquieta, rebelde y poco convencional para los rígidos estándares de la realeza rusa, tal como la describe la película. No se comportaba como el resto de sus hermanas, ya que le encantaba hacerles bromas pesadas, desafiaba a sus tutores y solía hablar con casi todos en el palacio, algo que tenía totalmente prohibido.
¿Quién fue en realidad Rasputín, el villano de Anastasia?
Otro de los personajes más recordados de la película es el villano Rasputín, presentado como un hechicero oscuro que busca venganza contra la familia imperial. En la realidad, Grigori Yefímovich Rasputín fue un campesino místico que logró ganar influencia en la corte rusa. Según reconstrucciones históricas difundidas por National Geographic y medios especializados, el hombre fue introducido en la familia Romanov en 1905, en un contexto de profunda desesperación.

En 1904 había nacido Alexei, el tan esperado heredero de la corona, pero pronto se descubrió que padecía hemofilia, una enfermedad que era incurable en ese entonces. La zarina Alejandra, convencida de que Rasputín tenía dones curativos, depositó en él su fe absoluta luego de que el niño dejara de sangrar al pronunciar unas palabras santas.
Con el tiempo, Rasputín se convirtió en una figura muy cercana a los zares, lo que generó rechazo y gran cantidad de rumores que lo vinculaban sentimentalmente con la zarina e incluso con las grandes duquesas, aunque nunca pudieron ser probadas. Su influencia política y religiosa fue muy fuerte, y más aún cuando el zar abandonó el palacio para estar al frente de la batalla durante la Primera Guerra Mundial, lo que deterioró aún más la imagen pública de la monarquía.
La muerte de Anastasia y su familia
En 1917, el estallido de la Revolución Rusa marcó el fin de la dinastía Romanov. La presión social, política y militar obligó al zar Nicolás II a abdicar del trono. A partir de ese momento, Anastasia y el resto de la familia quedaron bajo arresto domiciliario en el Palacio de Alejandro, en Tsárskoye Seló, vigilados de forma permanente por soldados y aislados del mundo exterior.
Con el avance del conflicto y el fortalecimiento del poder bolchevique, los zares fueron trasladados primero a Tobolsk, en Siberia, y luego a Ekaterimburgo, una ciudad considerada más segura para el nuevo régimen. Allí fueron confinados en la llamada Casa Ipátiev, rebautizada por las autoridades como “la casa de propósito especial”, donde vivieron en las condiciones deplorables.

En la madrugada del 17 de julio de 1918, Nicolás II, la zarina Alejandra, sus cinco hijos —Olga, Tatiana, María, Anastasia y el pequeño Alexei— y cuatro miembros del servicio fueron despertados con la excusa de un traslado urgente. Minutos después, fueron conducidos al sótano de la vivienda y asesinados por un pelotón de fusilamiento bajo las órdenes de Yákov Yurovski, jefe de la policía secreta bolchevique.
La falta de información oficial, la desaparición de los cuerpos y el hermetismo del régimen soviético, que vino a continuación, alimentaron durante décadas todo tipo de especulaciones. Fue así que nacieron las leyendas sobre la posibilidad de que Anastasia, la joven más simpática de la familia, hubiera sobrevivido. Fueron muchas las mujeres que dijeron ser ella, como Anna Anderson, una joven que durante años aseguró ser la hija del zar y afirmó haber fingido su muerte entre los cuerpos. Sin embargo, tras distintos análisis se descubrió que era mentira y que todos los integrantes de la monarquía rusa murieron de la forma más violenta.
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