En pueblo chico nacía un grande

Gloria V. Casañas
Gloria V. Casañas PARA LA NACION
Dalmacio Vélez Sársfield
Dalmacio Vélez Sársfield
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4 de octubre de 2019  • 00:00

Avanzaba a los tumbos la carroza por el arenal, bajo el sol calcinante del verano, cuando Rosa sintió los primeros alarmantes dolores.

  • -¿Dónde estamos? -preguntó agitada, sin conservar las formas en ese trance.
  • -¡Amboy! -se escuchó gritar al cochero.

Un villorrio perdido entre cerros y pedregales. Rosa enjugó el sudor de su rostro con un pañuelo perfumado y miró a su criada, que con ojos dilatados imaginaba lo peor.

  • -Va a tener que quedarse, señora, no podemos llegar a Córdoba, falta un trecho todavía.

Rosa Sársfield, viuda de pocos meses de Vélez y Baigorri, hizo acopio de toda su sangre irlandesa para afrontar lo inevitable: tendría que dar a luz a su hijo póstumo en aquella antigua aldea de la que por primera vez escuchaba el nombre. ¡En mala hora se le había ocurrido emprender ese viaje! Hubiera sido preferible llamar a la comadrona del valle y ponerse de parto en su finca solariega, única herencia de su difunto esposo.

Sólo había un almacén de ramos generales, unas cuantas casas de alero y una posta camino de la aguada, donde otrora comerciaban los indios. En ese cruce de cavernas escondidas y surcos de carretas que en caravana transportaban la corambre, en esa tierra arenosa que guardaba la huella jesuita, nació el pequeño Dámaso Simón Dalmacio, bajo la pátina estrellada del cielo serrano. Sus berridos fueron apaciguados por el rumor del arroyo. Más allá, la serranía hostil, misteriosa, custodiaba el nacimiento de un hijo de la tierra.

  • -Será inteligente como su padre -aventuró la criada, feliz del buen suceso y recordando al viejo Vélez, tan aficionado a los pleitos sin ser jurista.

Rosa miró al bebé con amor y resignación.

  • -Será fuerte como su abuelo irlandés -adujo, voluntariosa-, y saldrá adelante.

Menguada la fortuna paterna, la familia había subsistido con labores que las manos femeninas producían con primor en esa tierra de clérigos y doctores. Una de las dos vías debía de elegir el niño que Rosa amamantaba. Entre los montes se había tejido su linaje, como los sayales del telar de su casa en el valle. Y casullas y mantillas pagarían la cuota colegial de su último vástago, el pequeño Dalmacio Vélez Sársfield.

(Nota de la autora: Dalmacio Vélez Sárfield, jurista cordobés, autor de nuestro Código Civil y hombre influyente en el derecho y la política, nació el 18 de febrero de 1800 en Amboy, provincia de Córdoba, durante un viaje que emprendió su madre ya viuda, yendo a la ciudad de Córdoba o quizá volviendo a su finca. Su padre era un criollo de sangre hidalga y ella, hija de un irlandés. De ambos heredó Vélez Sársfield cualidades que le permitieron destacarse en el derecho, la economía y las letras)

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