Visitamos La Francia, donde la historia con un nuevo confort que permite recibir amigos, clave en las vacaciones con chicos.
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Pocas cosas despiertan los sentidos como una plantación de frutales. Si no son sus flores perfumadas, es el color bien delineado de sus frutos o la promesa del sabor elaborado por manos conocedoras. Esas sensaciones anticipamos al llegar a La Francia, una vieja chacra de 34 hectáreas que se encuentra equidistante diez kilómetros de Villa de Las Rosas, San Javier y Villa Dolores.

El casco tiene un aire de las antiguas escuelas rurales, con nave rectangular, techo a dos aguas y base de piedra.
Frescos interiores
Tradicionalmente dedicada a la producción de naranjas, la chacra fue adquirida en 2017 por sus actuales propietarios, quienes iniciaron un proceso de recuperación del predio y puesta en valor de la construcción principal con el asesoramiento del arquitecto Leandro Egido Hardoy y la dirección de obra a cargo del arquitecto Luis Heredia.

Se volteó la pared que daba a una loma para construir una luminosa cocina-comedor. En una agradable continuidad entre pasado y presente, su techo de blíndex sobre tirantes hierro sigue la misma dirección de las vigas que sostienen la bovedilla restaurada.

La superficie original de la casa era de 90m2, que con la nueva cocina creada durante la reforma se llevó a 120m2.


Dejando algunos ladrillos a la vista, la reforma reveló el alma de la casa. Y la potenció haciendo que el verde entrara por cada ventana; las de la cocina, con marcos negros, en una primera impresión se confunden con cuadros.


Descanso a la sombra de los naranjos

Se restauraron las aberturas existentes, y las que se agregaron tienen su misma terminación en arco de medio punto, de modo de acompañar armónicamente la fachada que da al jardín.

No es una casa de campo si no se pueden invitar amigos. Con el agregado de una litera de pared a pared hecha a medida, en el cuarto de los chicos se evitó poner dos camas marineras, que tanto espacio toman, y a la vez contar con el lugar de guardado esencial.

Una miradita a los exteriores


Si bien el deck libra de la proximidad de ramas espinosas, tan típicas de las plantas silvestres de la zona, no ofrece reparo a la hora de la siesta. Entonces uno se queda en los cuartos frescos. O a la sombra de los fenomenales naranjos.

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