FaceApp, el shock de vernos más viejos y qué deberíamos aprender del boom

¿Por qué se viralizó tanto la aplicación? ¿Nos horrorizamos o aprendimos a querer nuestro futuro?
¿Por qué se viralizó tanto la aplicación? ¿Nos horrorizamos o aprendimos a querer nuestro futuro?
Constanza Bonelli
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17 de julio de 2019  • 12:23

En los últimos días fue furor una aplicación llamada FaceApp que permite vernos siendo viejos. Como sucede frecuentemente en las redes, por medio de un fenómeno masivo, se viralizó. También podemos vernos jóvenes en dos versiones, cambiar de sexo, de peinado y de accesorios. Sin embargo se viralizó el modo "anciano".

Podemos pensar este fenómeno tanto desde el usuario como desde quienes crean y utilizan los datos que recopila a nivel mundial esta aplicación. Circularon algunas versiones sobre el significado de proporcionar información personal vía Internet y cómo esa información será utilizada en el futuro. Los especialistas en seguridad informática advierten que detrás de estas aplicaciones existen motivos que nada tienen que ver con el entretenimiento, y nos dicen que estamos ejercitando gratuitamente los algoritmos de la inteligencia artificial encargada de transformar los rostros según distintas variables, principalmente en este caso la de la edad.

Pero pensar este fenómeno desde los usuarios nos lleva a un análisis muy distinto. Característica de esta era en la que vivimos, la de la comunicación, la del consumo, la era digital, nuestros tiempos están entrenados para ser cada vez más rápidos. Internet nos enseña cotidianamente a tener información de todo instantáneamente, y este aprendizaje modifica nuestro funcionamiento cerebral día a día. Pensada desde el incentivo de ciertas funciones de nuestro cerebro, Internet despierta circuitos, por ejemplo, que segregan la hormona dopamina con la llegada rápida y constante a nueva información, y de este modo nos acerca al posible desarrollo de la adicción a las redes (la dopamina es la hormona comprometida en las acciones adictivas por el placer que genera).

Imaginarnos ancianos puede resultarnos un impacto negativo, podemos ver la vejez en los rostros ajenos pero difícilmente en el nuestro. Otra característica de esta era es la lucha constante contra la vejez. El desarrollo permanente de cuidados estéticos que no permitan ni el asomo de los signos del paso del tiempo, aún a riesgo de "pasarnos" transformando nuestro rostro en el resultado obvio de la intervención del bisturí.

Tener acceso a nuestra cara futura entra dentro de la información que despierta el circuito dopamínico que tanto placer nos da. Es información sobre el futuro, y encima nuestra. Casi como poder ver en Internet una de esas preguntas que se le hacen a las brujas, "¿Cómo seré en el futuro?". Pero por otro lado nos moviliza desde la angustia de "vernos" con un aspecto que asimilamos al final del tiempo de nuestras vidas, a la vez que podemos ver cómo nos parecemos a nuestros padres y abuelos, lo que resultará en otra movilización de afectos, buenos o malos según quien los atraviese.

Esta posibilidad de imaginarnos en una edad muy avanzada tiene dos caras, la de la idea del angustiante fin de la vida, pero también la otra idea de la vejez, la más saludable, la que en nuestra cultura no se toma tanto en cuenta, la de la posibilidad de vivir muchos años, y que ese tiempo sea de experiencia y aprendizaje.

Al tener esta aplicación las versiones jóvenes junto a la de ancianos, también de alguna manera es una muestra instantánea del paso del tiempo. Y según quien haga la reflexión, ésta puede ser más positiva o más negativa.

Otros modos de pensarnos a futuro

Cuando la vejez está asociada al deterioro, a lo que ya no sirve, a la edad de la vuelta a la dependencia por los cuidados físicos que en ocasiones se necesitan, cuando es pensada desde la poca productividad de quienes son viejos, como la franja social que en lugar de producir gasta, es totalmente despreciada y nadie quiere sentirse de eso modo, como un desperdicio. Sin embargo hay otros modos de pensar la vejez, desde la experiencia, lo aprendido, la calma, la sabiduría, así la vejez no resulta aquello que no queremos atravesar. Nuestra vida tiene esta opción, si queremos vivir mucho tenemos que ser viejos, y ahí caemos en la ambivalencia si no valoramos la vejez.

Cada vez se vive más tiempo gracias a los avances de la medicina y a los saludables estilos de vida. Con más años para vivir más vieja será la sociedad. Y si esos años los vivimos saludablemente, la vejez puede transformarse en un nuevo período para disfrutar. Se habla cada vez más de una nueva etapa entre los 60 y 70 años en la cual en lugar de comportarse como terminando la posibilidad de vivir, disfrutan de los beneficios de la experiencia, junto a la disponibilidad de mayor tiempo para usar sin las obligaciones de la crianza y del trabajo, y encaran nuevos proyectos. Es una etapa que algunos llaman "Sexalescencia" que es un modo de conglomerar las palabras sexagenarios y adolescencia, entendiendo a esta etapa como una segunda adolescencia. Se trata de las personas que comienzan proyectos laborales en esta edad o que se proponen actividades deportivas o aventuras que alcanzan con éxito.

Tal vez la viralización de esta app también se deba en parte a esta nueva manera de ver la vejez, y así en estos días pudimos jugar a ser viejos, movilizados y angustiados seguramente pero también disfrutando de la idea de vivir mucho y amigarnos con nuestro "viejo interior".

La autora es licenciada en psicología

@lic.constanzabonelli

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