Heráclito, filósofo griego: “Llorar limpia el alma y recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”
Los autores helenos de la antigüedad solían reflexionar acerca de la vida humana y sus comportamientos en solitario y en sociedad; enterate qué quiere decir esta frase
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Heráclito era un filósofo propio de la Antigua Grecia, conocido como “el melancólico” por su compromiso para escribir acerca de los sentimientos más profundos del hombre. Por esa razón se le atribuyó la frase: “Llorar limpia el alma y recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”. Para comprender qué quiere decir, continúa con la lectura.
En primer lugar, es preciso advertir que esta frase célebre se vinculó históricamente al filósofo griego, pero nunca se halló una prueba fehaciente en sus escritos. Según los textos de Diógenes Laercio (Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Libro IX) y filósofos posteriores como Séneca (De Ira) documentaron que Heráclito padecía de melancolía y que lloraba ante la ceguera espiritual, la ignorancia y la autodestrucción de la humanidad. Por este motivo se asociaron diferentes reflexiones, muchas de ellas apócrifas.

Qué quiere decir la frase: “Llorar limpia el alma y recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”
Esta frase es contemporánea y su mensaje es valioso si se lo analiza a través de la psicología moderna y la filosofía existencial.
“Llorar limpia el alma...”. Esta primera parte conecta directamente con el concepto de catarsis (purificación), acuñado originalmente por Aristóteles en su obra Poética. Aristóteles explicaba que ver tragedias ayudaba a los espectadores a purgar emociones como el miedo y la piedad.
En la actualidad se sabe que el llanto emocional libera hormonas como la oxitocina y endorfinas, además de hormonas del estrés (adrenocorticotropa). Por ende, el llanto literalmente “limpia” y relaja el cuerpo a nivel biológico.

“...y nos recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”. Esta sección resuena con el existencialismo y la psicología humanista del siglo XX. Sostiene la premisa de que una vida plena no se mide solo en años cronológicos, sino en la profundidad de nuestras experiencias.
Reprimir el dolor adormece también nuestra capacidad de sentir alegría. Aceptar el sufrimiento a través de las lágrimas es un recordatorio de nuestra vulnerabilidad y, por extensión, de que estamos verdaderamente conectados con el presente.
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