Inundó un pueblo para tener aventuras extramatrimoniales e irse de fiesta sin su esposa: fue condenado a cadena perpetua
En 1993, James Scott rompió un dique que contenía la crecida del río Missouri para impedir que su esposa pudiese regresar a su pueblo, West Quincy
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En el verano de 1993, el medio oeste de Estados Unidos atravesaba una catástrofe inédita: más lluvias y menos temperatura de lo normal desde el año anterior, suelos saturados y tormentas que desbordaron los ríos Missouri y Mississippi. El resultado fue desastroso y se conoce como la Gran Inundación.
Una nota del Chicago Tribune de aquel entonces describía: “Las escenas de destrucción [...] han sido impactantes: casas arrancadas de sus cimientos, cientos de miles de acres de fértiles tierras de cultivo convertidas en lagunas fétidas”. Muchos años después, el mismo medio recordó que esa inundación suele ubicarse entre los desastres naturales más devastadores en la historia de Estados Unidos.

Y todavía hoy podría recordarse como un hecho meteorológico terrible pero natural. En cambio, la historia tomó un giro cuando en la ciudad de West Quincy, en el estado de Missouri, la rotura de un dique empeoró todo. El 16 de julio de aquel año, aunque decenas de voluntarios se encargaban de reforzar posibles grietas de la estructura con bolsas de arena, el muro que contenía el agua terminó cediendo.
El agua lo arrasó todo: cubrió 57 kilómetros cuadrados, lo que equivale a un cuarto de la superficie de la Ciudad de Buenos Aires.
La investigación no encontró fallas técnicas. Descubrió un sabotaje y se propuso encontrar al culpable. Al instante, apareció en el radar de la policía un vecino de West Quincy llamado James Scott, que tenía el prontuario perfecto y una excusa que sorprendería al mundo.

Amigos, fiestas y cerveza
Scott tenía 24 años y un pasado de rebeldía que iba a resultar determinante. Los policías lo recordaban muy bien. A los 13 años, junto a sus hermanos, provocó un incendio en su escuela, la primaria Webster.
Fue el puntapié para una breve carrera como pirómano. De hecho, recibió más de una condena por incendio y otros delitos menores y, para la época de la inundación, gozaba del beneficio de libertad condicional.

El periodista Adam Pitluk reconstruyó la vida de Scott en el libro Damned to eternity : the story of the man who they said caused the flood (Condenado a la eternidad: la historia del hombre que, según decían, causó la inundación).
Narró el regreso de Scott a su casa tras pasar su primera temporada en prisión. El padre lo había ido a buscar, hablaron durante el viaje, intentaron ordenar lo que vendría. Hubo advertencias: “Es el alcohol lo que te metió en este lío en primer lugar”, le dijo. Scott asintió, parecía haberse “reformado”.
Pero apenas recuperó la libertad, volvió a moverse dentro de un circuito conocido: amigos, fiestas, cerveza. “El líquido le supo dulce a Jimmy. Había extrañado tanto la cerveza”, escribe el autor, marcando ese regreso a los hábitos que habían definido su vida antes de la cárcel. El reencuentro con su entorno fue total: brindis, excesos y una recaída que parecía inevitable.

En ese contexto conoció a Susan Nelson, Suzie, que trabajaba en una parada de camiones del lado de Missouri y se movía en el mismo circuito nocturno. Al poco tiempo, se casaron y posaron junto a sus padrinos en las escalinatas del mismo tribunal que lo había condenado por incendios provocado en dos momentos distintos de su vida.
Aunque parecía “calmado”, las noches seguían siendo de alcohol y fiestas.
Cuando se dieron las inundaciones y la rotura del dique inundó al pueblo, Jimmy apareció en una entrevista televisiva, hablando como voluntario, colocando bolsas de arena en la grieta para contener el agua. Un policía de West Quincy lo vio en pantalla, lo reconoció y empezó a sospechar.

Una inundación para alejar a su esposa
“Este tipo está mintiendo”, pensó el agente. Scott decía que llevaba horas cargando bolsas de arena, pero su ropa estaba demasiado limpia. Además, mostraba una gran dificultad para responder preguntas básicas. Parecía muy nervioso.
Unos días más tarde, apareció en sede policial un joven llamado Joe Flachs, de 16 años, que dio un testimonio revelador. Contó que en los días previos a la rotura del dique, James Scott le hizo extrañas revelaciones. Dijo que lo encontró en un bar, que estaba borracho. En ese contexto, Jimmy se preguntó qué pasaría si el dique se rompía. Concluyó que el pueblo quedaría aislado, con su población dividida. Y, acto seguido, pensó "lo genial que sería estar de fiesta sin Suzie cerca, y coquetear con otras mujeres”.

Justamente, la noche del 16 de julio, cuando el dique cedió y el agua avanzó sobre West Quincy, Suzie -que trabajaba del otro lado del río- quedó efectivamente varada en Missouri, sin posibilidad de regresar a su casa. La coincidencia empezaba a ser demasiado exacta.
La hipótesis terminó de consolidarse cuando esos elementos (el comentario previo, la situación concreta de la esposa aislada y la presencia de Scott en el lugar de los hechos) fueron tomados por los investigadores y convertidos en una narrativa. Según esa reconstrucción, Scott no solo había anticipado la idea, sino que la había ejecutado: retiró sacos de arena para provocar una brecha que inundara el camino y dejara a su esposa atrapada del otro lado.
Con el tiempo, esa lectura quedó fijada también en los medios. Los Angeles Times, al cubrir el caso, resumió el supuesto motivo con crudeza: Scott habría querido asegurarse de que su esposa no pudiera volver a casa “para poder tener aventuras extramatrimoniales”. Así, lo que empezó como una frase suelta en una conversación terminó convertido en el eje de toda la acusación.

“¿Quieren hablar conmigo por el maldito dique?”
Cuenta Adam Pitluk en su libro: “Los policías se habían convencido de que James Scott estaba detrás de la rotura del dique sobre el río Mississippi en West Quincy. […] Los granjeros y otros residentes de las zonas bajas del río lo perdieron todo, pocos contaban con seguro contra inundaciones. Estaban buscando a alguien a quien señalar y Scott, con su historial de atentados, parecía el candidato más lógico. Neal, uno de los investigadores, se convenció de que el dique no había cedido por la presión del agua: estaba seguro de que alguien (’un chico local problemático’, describió) había participado en esa catástrofe”.

Otra vez Joe Flachs, el adolescente que había escuchado a Scott hablar sobre el dique, la inundación y su esposa, ofreció un testimonio esclarecedor. Bajo juramento, reveló que Jimmy le contó que, en medio de las inundaciones, salió con una pala y perforó una lona plástica de resistencia que tenía el dique. Luego cavó en las bolsas de arena hasta que generó una brecha por donde se filtró el río Mississippi. Por último, reveló por qué lo hizo: “para dejar a su esposa varada en Missouri y así poder salir de fiesta en Illinois sin ella”.

Para fines de septiembre de 1993, los policías lograron llevar a James Scott hasta la estación. Según el libro, cuando lo fueron a buscar por esos delitos, el propio Jimmy dijo: “¿Quieren hablar conmigo por ese maldito dique, no?”. Fue con ellos. Lo interrogaron sobre los robos. Y, de a poco, llevaron el tema hacia las inundaciones.
“¿Cómo se llamaba el hombre de la Guardia Nacional de Missouri al que le contaste de los problemas en el dique?”, le preguntaron, recordando la entrevista de televisión, en la que Jimmy había dicho que fue a buscar a un guardia porque la estructura tenía fallas.

“No me acuerdo”.
Le consultaron por la pala, que él negó haber llevado. Le preguntaron por cuántas bolsas de arena había movido, y aseguró que no se acordaba. Para la policía, todo se completó cuando el sospechoso dijo que estuvo moviendo bolsas en la zona exacta donde el dique se rompió y, más aún, cuando dijo que no era su intención haber empeorado la situación. Lo tomaron como una afirmación: no fue su intención, pero lo hizo.
Pruebas más sólidas
El proceso judicial avanzó apoyado en esos elementos. Según los fiscales, Scott admitió ante la policía haber quitado bolsas de arena, lo que habría provocado la ruptura. Su historial también pesó en su contra. En 1994 fue condenado a cadena perpetua, y tras una apelación, en 1998 la sentencia quedó firme.

En Los Angeles Times publicaron: “Según los fiscales, Scott, un pirómano y ladrón, le dijo a un amigo que quería asegurarse de que su esposa no pudiera regresar a casa al otro lado del río desde su trabajo en Missouri, para poder tener aventuras extramatrimoniales e irse de fiesta”.
Hace 33 años que Jimmy cumple condena por el supuesto crimen. Sin embargo, desde el inicio hubo cuestionamientos. Ingenieros y especialistas señalaron que los diques estaban sometidos a una presión extraordinaria y que presentaban filtraciones en múltiples puntos. En el libro de Pitluk, un miembro del Cuerpo de Ingenieros describe a la estructura como “húmeda, empapada” y bajo una “presión tremenda”. Para él, la posibilidad de que una sola persona causara la ruptura requería pruebas técnicas más sólidas de las que se presentaron en el juicio.

Scott siempre sostuvo su inocencia. Afirmó que había intentado ayudar y que sus declaraciones fueron mal interpretadas. Los dichos sobre su esposa habrían sido una broma. Algunos periodistas y analistas retomaron el caso y plantearon dudas sobre la investigación, señalando que las sospechas se consolidaron muy rápidamente. Aun así, la condena nunca fue revertida, y hay quienes continúan pidiendo la libertad de James. En julio de este año será elegible para peticionar la libertad condicional.
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