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Turquía

Istanbul, una ciudad entre dos mundos

Soledad Gil
(0)
6 de noviembre de 2019  • 11:46

Romana. Otomana. Musulmana. Oriental y occidental al mismo tiempo, la capital turca propone una síntesis histórica y cultural únicas. Una semana para el asombro.

Una foto durante el tour por el Bósforo.
Una foto durante el tour por el Bósforo. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Como dijo Sócrates (y escribió Platón), sólo sé que no sé nada. Llegamos al flamante aeropuerto -inmenso, e inaugurado en abril de 2019- y desde entonces, Istanbul fue un circo de cinco pistas, una función en continuado. En apenas siete días aprendimos de sultanes y mezquitas, nos empalagamos con los pistachos, las almendras y las nueces bien pringosas de las turkish delights, compramos azafrán iraní -el mejor de todos, según dicen- en el Mercado de las Especias, acariciamos decenas de gatos, visitamos el barrio kurdo e intentamos comprender la diferencia entre sunitas y chiitas.

El té, un clásico de Turquía.
El té, un clásico de Turquía. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Apaciguamos el picante con la leche espumosa que llaman ayran, tomamos té, vimos girar a los derviches, nos desvelamos asustados la primera vez que escuchamos el llamado a la oración en plena madrugada, y hasta llegamos a acostumbrarnos a él. Vimos cómo los mozos colocan brasas calientes para hacer hervir el agua en los bares de narguile, cruzamos el Bósforo y comprobamos que el regateo en el Gran Bazar es más un mito que una realidad.

Los dulces con frutas secos y almíbar son típicos: se los conoce como "turkish delights".
Los dulces con frutas secos y almíbar son típicos: se los conoce como "turkish delights". Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Y, sin embargo, no sé nada. La ortodoxia musulmana, ejercida por algunas mujeres turcas, pero mucho más por las turistas de países vecinos como Arabia Saudita, los Emiratos, Irán, me dejan perpleja apenas bajo del avión y las veo hacer migraciones. Ahí, frente al mostrador, se levantan el velo en un instante fugaz, sólo para la inspección de rigor. Es una cuestión de lo doméstico versus lo público, me repito. Sin embargo, las diferencias son muchas y procesarlas implica un esfuerzo, un choque de paradigmas permanente. Una que vive aquí, rodeade de chiques progres, llega allá y ve una figura negra cuyos ojos asoman apenas bajo un nicab, tomándose una selfie, y cunde el desconcierto. Luego, con el tiempo, advierte (o aprende, mejor dicho) que hay variantes, como el chador o la burka. Y que no es lo mismo que el hijab, el pañuelo que cubre cabeza y hombros, un símbolo de identidad y pertenencia que las musulmanas defienden cada vez más ante la globalización. Muchas lo hacen maquilladas y en pantalones. Conclusión: el feminismo, tal como lo conocemos, no cuadra en estos lares.

Burka, Nicab o Chador son variantes al hijab, pañuelo que cubre cabeza y hombros, un símbolo de identidad y pertenencia.
Burka, Nicab o Chador son variantes al hijab, pañuelo que cubre cabeza y hombros, un símbolo de identidad y pertenencia.

Istanbul es una ciudad moderna, segura, cosmopolita. En el camino para unirse a la Unión Europea -al que le falta un largo trecho-, su líder Recep Tayip Erdogan ha incurrido en más de una contradicción. La política, aquí también, tiene sus bemoles. Quienes prefieran no enterarse, pueden hacerlo fácilmente: encontrarán en la capital turca un torbellino de emociones. Entenderse en inglés no es lo más fácil -pocos lo hablan- pero la predisposición es óptima, los precios sensatos, la comida deliciosa, los shoppings de primera, y la historia. un capítulo riquísimo de un libro siempre abierto.

Barcos y la Mezquita Nueva en Eminönü, la zona del puerto.
Barcos y la Mezquita Nueva en Eminönü, la zona del puerto. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Donde todo comenzó

La Nueva Roma que fundó Constantino en el año 330 tenía, al igual que Roma, siete colinas. La primera es la fundamental, donde los romanos fundaron su Hipódromo y la gran Santa Sofía. Allí se concentra hoy el barrio antiguo de Sultanahmet, con el palacio de Topkapi, la Mezquita Azul, la Cisterna Basílica, la Mezquita de Solimán, el Gran Bazar y el Mercado de las Especias. Con excepción del Palacio Dolmabahce, el cruce del Bósforo y la activa vida comercial de Beyoglu, casi todos los imprescindibles de Istanbul están en este distrito.

Fumando espero en Corlulu Ali Pasa Medreses.
Fumando espero en Corlulu Ali Pasa Medreses. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Terminada en el año 537, en apenas seis años, y con la intervención de más de 10.000 hombres, Santa Sofía es la obra cumbre de Justiniano, que quiso dotar a la nueva capital del imperio de un templo que superase en magnificencia al bíblico de Salomón. Durante 900 años fue la sede del Patriarca ortodoxo, y el edificio más importante de la Iglesia Cristiana de Oriente. Hasta el siglo XV, ningún otro tuvo una superficie tan vasta bajo un solo techo.

Las luminarias son una de las características del bello templo de Santa Sofía.
Las luminarias son una de las características del bello templo de Santa Sofía. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Estaba revestido por completo de pequeños mosaicos de oro. Con la caída del Imperio Romano de Oriente, en 1453, las imágenes fueron cubiertas con yeso. El sultán Mehmet II agregó los cuatro minaretes que terminaron por consagrar al gran templo cristiano como mezquita. Ya en el siglo XIX, Abdulmecid II encargó a los hermanos Fossati los grandes medallones que coronan las columnas centrales: son los nombres de Alá, Mahoma y los cuatro primeros califas. Al poco tiempo, en 1935, el primer presidente, Kemal Ataturk, dio por concluida la vida religiosa de Agia Sofía. "Este debe ser un monumento para toda la civilización", dijo al inaugurarlo como museo. Preocupado por modernizar el estado turco, también occidentalizó la escritura, dio el voto a las mujeres, prohibió el velo y aseguró "debemos darnos cuenta de que la República de Turquía no puede ser un país de sheiks y derviches". Hasta 2016, cuando el turismo mermó drásticamente después de los atentados en el aeropuerto, unos 3.500.000 personas visitaban Santa Sofía por año. La web no tiene estadísticas posteriores, pero todo parece indicar que la actividad se recupera y goza de buena salud.

Mural de Cristo en Santa Sofía.
Mural de Cristo en Santa Sofía. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Desde hace varias temporadas que la gran cúpula está apuntalada por un gigantesco andamio y los murales bizantinos semitapados por paneles. Sin embargo, el efecto de los rayos del sol y las luminarias redondas, los frisos y los mosaicos, los Pantocrátor y la Virgen María junto a las inscripciones en árabe provocan un efecto inquietante: buena parte de la historia del mundo se sintetiza ahí dentro.

Sensualidad palaciega

Veinte años después de la toma de Constantinopla, Mehmet II decidió construir un gran palacio en un área de 70 hectáreas sobre el Cuerno de Oro -como se denomina al estuario de entrada al Bósforo-, rodeado de una muralla: Topkapi. Todos los sultanes residieron en él hasta 1853, cuando la corte se trasladó al palacio Dolmabahce, más moderno y europeo.

Habitación privada de Murat III en Topkapi.
Habitación privada de Murat III en Topkapi. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Organizado alrededor de cuatro patios, pasear por sus jardines es como remontarse a Las mil y una noches. Los pasillos y habitaciones azulejados dan ganas de recostarse en sus divanes a escuchar a Sherezade. En el harén, solo 30 de las 300 habitaciones están abiertas al público. De todas, la recámara privada de Murat III con sus tonos rojos, azules y dorados es una de las más asombrosas. Evocar los vapores de los hamam resulta estimulante y sugestivo. Entre eunucos, visires, esclavas y favoritas, se comprende fácilmente por qué los ratones suelen caminarnos cuando pensamos en la historia otomana.

Lamentablemente, el tesoro de Topkapi, el otro gran atractivo del palacio, en el que destacan los cuatro tronos con piedras preciosas y el célebre diamante Pigot o "cucharero" (por su forma de cuchara) de 86 kilates están cerrados al público por mantenimiento.

El ABC del Islam

Miko es italiano, pero vive en Istanbul hace veinte años. Su mujer es turca y ofrece en Airbnb un divertido tour de café y lectura de borra. Me tienta, pero antes que los designios de la borra del café, prefiero que él, con su visión occidental y cristiana, nos ilustre sobre este mundo desconocido.

La mezquita de Yavuz Selim y los grifos utilizados para lavarse antes de la oración.
La mezquita de Yavuz Selim y los grifos utilizados para lavarse antes de la oración. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Nos encontramos en la mezquita de Yavuz Selim, en la cima de la quinta colina. La propuesta es recorrer Fener, el barrio griego, y concluir en Balat y su mercado. Salir del circuito de turistas masivo tiene sus ventajas. La mezquita está en pleno ejercicio. Hay niños que corren descalzos sobre la alfombra, un señor que pasa la aspiradora, y un guardia que les llama la atención a las mujeres que entran con la cabeza descubierta (en todas las mezquitas hay faldas y pañuelos para cubrirse, sin costo alguno). Si bien algunos templos no permiten permanecer a los turistas durante el momento de la oración, este sí. Hombres y mujeres por separado, claro.

Hasta que se haga la hora, Miko avanza con el curso acelerado de islamismo y nos cuenta que la oración es en árabe, no en turco. De chicos los turcos aprenden, más o menos, lo que están diciendo, pero la cuestión se asemeja a los tiempos en que la misa era en latín. Una tradición litúrgica que se mantiene por los siglos de los siglos. Amén.

La Mezquita de Solimán. Hasta que se construyó la inmensa mezquita de Camlica en 2016, esta era la más grande de la ciudad.
La Mezquita de Solimán. Hasta que se construyó la inmensa mezquita de Camlica en 2016, esta era la más grande de la ciudad. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Hay cinco llamados a la oración -o adhan- por día, pero el único que es "obligatorio" y en la mezquita, es el del viernes al mediodía. Los demás son optativos. Eso explica por qué nadie parece detener sus actividades cuando el adhan suena en la calle. ¿Alguien ora a las cinco de la mañana?, pregunto, recordando las voces que me despertaron esa madrugada. "Sí, mi suegra", me responde Miko. Y me cuenta que, gracias a ella, una joven huésped muy ortodoxa que estuvo parando en su casa unas pocas semanas, pudo saber que la app con la que había buscado la Meca para orar en esa dirección, estaba equivocada. Su suegra llegó, la vio arrodillada para el lado incorrecto y le dijo "no, querida, es para el otro lado".

En efecto, la oración es uno de los cinco pilares que todo buen musulmán debe atender. Los otros son profesión de fe, la limosna, el ayuno y la visita a la Meca al menos una vez en la vida (para quien tenga los medios para hacerlo; no es obligatorio para los pobres de bolsillo).

El momento de la oración en la mezquita de Solimán.
El momento de la oración en la mezquita de Solimán. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

En eso suena el adhan, e inmediatamente se pone en marcha una coreografía silenciosa y perfecta. Las mujeres se reúnen en su rincón, dejan su cartera en el piso, se ponen en fila, se postran, se inclinan, se agachan, se levantan. No entiendo ni jota, pero me cohíbo y emociono.

Dolmabahce, el último palacio

Del paseo por el Bósforo, un tour de hora y media que va hasta el segundo puente (hay un tercero más cerca del Mar Negro), uno puede sacar algunas conclusiones: lo cerca que están Europa y Asia, y lo entreverada que se encuentra la ciudad. Si hasta hay un subte que conecta ambos continentes. Circula unos 62 metros por debajo del lecho marino. Se puede vivir en Kadiköy, el barrio de moda del lado asiático, y trabajar en Beyoglu, el distrito comercial más activo, en los alrededores de la torre Galata, del lado europeo. Algo así como residir en Palermo y trasladarse a la oficina en San Telmo, o viceversa.

La torre Galata, ícono de la ciudad.
La torre Galata, ícono de la ciudad. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Otra navegación posible es la que va hasta las islas Príncipe. Del pequeño archipiélago en pleno Mar de Mármara, la isla más grande es Büyük Ada. Tomar un mateo en la plaza del puerto y recorrer los senderos entre los pinares del Luna Park, es una actividad para compartir con los locales en fin de semana.

Turistas en las Islas Príncipe.
Turistas en las Islas Príncipe. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Al Bósforo también asoman la mezquita de Ortaköy, el lujoso Ciragan Palace, operado como hotel de lujo por Kempinski, y el palacio Dolmabahce. Rococó y versallesco por fuera, resulta también suntuoso y desconcertante en su interior. La visita demanda media jornada completa y da cabal cuenta de un claro acercamiento a Europa: están las fotos de los primeros viajes de Abdülaziz (hasta 1867 ningún soberano turco había visitado Occidente), el intercambio de regalos entre jefes de estado, la porcelana francesa. Tiene 285 salas, divididas en las secciones de gobierno, recepción y harén. Las esculturas en mármol de alabastro egipcio de los baños son obras de arte perfectas por las que la luz natural se cuela y refleja las vetas grisáceas de la piedra. La opulenta decoración, con escaleras de balaustradas de cristal, alfombras de Hereke y gigantescas arañas de Baccarat, Murano y Bohemia son obra del francés Sechan, autor de la Ópera Garnier de París. La araña del Salón del Trono, con 725 bombitas, es la más grande del mundo. Pesa cuatro toneladas y media, y fue un regalo de la reina Victoria de Inglaterra.

Gran portón sobre el Bósforo del Palacio Dolmabahce.
Gran portón sobre el Bósforo del Palacio Dolmabahce. Fuente: Lugares - Crédito: Soledad Gil

Dolmabahce fue construido por el arquitecto Balyan según órdenes del sultán Abdülmecit. En él residieron sus sucesores hasta que, en 1922, cayó Mehmed Vahdettin, el último de los 36 sultanes del Imperio Otomano, que duró 622 años.

Con Ataturk comenzó la Turquía moderna, la que se hamaca entre Oriente y Occidente. Es el vaivén entre dos mundos. No es fácil. Ya lo dijo Sócrates.

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