Jesús: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”
La frase resuena como un pilar fundamental de la enseñanza cristiana sobre la fe y el poder divino, el cual trasciende las limitaciones humanas en situaciones críticas
3 minutos de lectura'

La frase “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” es una sentencia pronunciada por Jesús y registrada en los evangelios de Lucas 18:27 y Mateo 19:26, lo que constituye una de las premisas teológicas más relevantes sobre la soberanía divina. Esta máxima se articula como una promesa de fe destinada a ofrecer esperanza ante escenarios de aparente desesperación.
El contexto bíblico documentado en la obra de Bible Gateway ubica estas palabras inmediatamente después de la interacción de Jesús con un joven rico que consultaba sobre la vida eterna. Ante la dificultad expuesta por Jesús para que los ricos ingresen al reino de Dios —metaforizada en la imposibilidad de que un camello pase por el ojo de una aguja—, los discípulos cuestionaron quién podría ser salvo, lo que generó esta respuesta que subraya la intervención divina como motor de lo inalcanzable para la capacidad terrenal.

La figura de Jesús, cuya vida y enseñanzas son el eje del cristianismo, se sitúa históricamente entre el año 6 y 4 a.C. en Belén, con su muerte registrada alrededor del año 30 d.C. en Jerusalén. Jesús fue un líder religioso galileo de Nazaret, cuya trayectoria pública resultó breve, posiblemente inferior a un año, aunque profundamente transformadora para la historia mundial. La narrativa de su biografía, reconstruida principalmente a partir de los Evangelios sinópticos —Marcos, Mateo y Lucas—, lo presenta como un predicador itinerante, sanador y exorcista que atrajo multitudes, lo que generó tensiones políticas con las autoridades locales y romanas.
En cuanto a su origen, las escrituras informan que María concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo, por lo que José se transformó en su padre legal y artesano de profesión. La vida adulta de Jesús comenzó con su bautismo a manos de Juan el Bautista en el río Jordán, un evento que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días describe como un acto de obediencia que validó su misión pública. A partir de allí, su ministerio se caracterizó por la proclamación de la llegada del reino de Dios, la enseñanza a través de parábolas y una ética que priorizaba la misericordia hacia los desfavorecidos, lo que incluyó a pecadores y marginados sociales.

La relevancia de Jesús como sanador fue un elemento disruptivo en la Palestina del siglo I, y fuentes como la Iglesia Universal citan esta capacidad para realizar milagros, como la curación de personas con dolencias físicas crónicas, como testimonio práctico de la fe y el poder de Dios en la vida cotidiana. Sin embargo, su estatus de profeta escatológico y su crítica indirecta al orden establecido en el Templo de Jerusalén lo llevaron a un desenlace fatal bajo el prefecto romano Poncio Pilato. Su ejecución, motivada por la percepción de que representaba una amenaza de inestabilidad, fue seguida, según el testimonio de sus discípulos, por su resurrección, evento que dio origen a la expansión del cristianismo.
El pensamiento teológico posterior, analizado por expertos, interpretó esta vida desde múltiples ángulos, por lo que incluyó su preexistencia divina y su rol como el Logos encarnado. Así, la frase sobre lo imposible para los hombres no es solo un aforismo, sino una síntesis de la cristología que sostiene la identidad divina de Jesús como el medio a través del cual la voluntad del Padre se manifiesta y se hace presente en la historia humana.
1Rituales de Luna llena rosa para este jueves 2 de abril
2“La flota no se fue, se replegó”: las memorias de dos marinos que combatieron en Malvinas embarcados en destructores
3Ensaladas sabrosas: un recorrido original y propuestas con identidad que se convierten en plato principal
4Convertí tu jardín en un santuario natural: el método en tres pasos para atraer aves








