Joaquín Belgrano, hijo de cura y sobrino del general

Daniel Balmaceda
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19 de noviembre de 2019  • 00:52

El 11 de marzo de 1805 el sacerdote Domingo Estanislao Belgrano, quien cumplía funciones en l a Catedral Metropolitana, concurrió a la Iglesia de Nuestra Señora de Monserrat para bautizar a un niño que había nacido ese mismo día. Según el registro de la parroquia, era hijo de padre y madre desconocidos. Su madrina fue Catalina Melián de Belgrano, casada con Joaquín, hermano del cura y del entonces funcionario del Consulado Manuel Belgrano. Los tres hermanos mencionados se llevaban poca edad. En marzo de 1805 Domingo tenía 36 años, Manuel 34 y Joaquín 31.

La criatura bautizada llevó el nombre de Joaquín Eulogio Estanislao. Joaquín, como el esposo de su madrina, Estanislao era el segundo nombre del sacerdote que lo bautizaba y Eulogio, de acuerdo con el santoral, correspondía con el día de su nacimiento.

El niño fue depositado en la casa de la parda Mauricia Cárdenas, quien tenía un hijo de veinte años llamado José Santos. Esta mujer se encargó de la crianza de aquel pequeño bautizado en la iglesia de Monserrat y tan relacionado con la familia Belgrano.

En el barrio todos mencionaban a la parda Mauricia como la legítima madre de Joaquín. Y si bien la identidad del padre era un misterio, algunos pocos estaban al tanto del secreto. Por ejemplo, José Santos, el hijo mayor de Mauricia, solía recordar las visitas diarias del cura Belgrano a la casa para pasar tiempo con el niño, a quien llamaba "su hijito". Este dato permitiría entender el motivo por el cual un cura con funciones en la Catedral concurrió a la iglesia de Monserrat para bautizar a un huérfano cuya madrina terminó siendo la cuñada del clérigo.

Confirmando las sospechas, podemos agregar un hecho que ocurrió cierto día en que Rafael Saavedra, hermano de Cornelio, paseaba con Domingo Belgrano, el hermano de Manuel. Llegaron hasta la casa de la parda Mauricia y Domingo ingresó a saludar al pequeño. Luego de esta corta visita el sacerdote le confió a Saavedra: "Ese niño es fruto de mis fragilidades". El chico fue creciendo y Domingo Belgrano le pidió a Rafael Saavedra que le consiguiera un trabajo. Quería que adquiriera experiencia en algún oficio.

Siempre apelando a la memoria del hermano de Cornelio, el hombre recordaba que una vez se cruzó con el cura y éste le preguntó si le había conseguido trabajo a Joaquín. Saavedra le respondió que todavía no se había ocupado. Belgrano se enojó y le reconvino, con cierta vehemencia, que le encontrara un trabajo. Don Rafael fue a buscarlo a la casa de Cárdenas y lo presentó en la sombrerería de Valentín Altzíbar donde lo emplearon.

Según le había dicho el sacerdote, cuando el chico tuviera alguna habilidad adquirida, se encargaría de montarle un negocio para que se desarrollara. No hay certezas acerca de si cumplió su parte, pero se sabe que Eulogio tuvo un taller de sombreros frente a la iglesia de San Miguel.

En 1820, pocas semanas antes de morir, el general Manuel Belgrano nombró albacea a su hermano Domingo Estanislao, lo que demuestra el grado de confianza entre ellos. El sacerdote quedó a cargo de ejecutar el testamento del prócer y lo hizo con orden y paciencia. Pero también le llegó la hora de partir. Murió en julio de 1826.

Al mes siguiente, Joaquín Eulogio Belgrano -así firmó el escrito- concurrió a los Tribunales acompañado de Francisco Planes, pariente de Vicente López y Planes, el autor del Himno. El joven -tenía veintiún años, era menor de edad hasta los veinticinco-, y el letrado presentaron un escrito para reclamar parte de la herencia del cura ya que entendían que podían demostrar con claridad el parentesco que los unía.

Sin embargo, el juez que recibió la causa, Roque Sáenz Peña, padre de Luis y abuelo de Roque, ambos futuros presidentes de la Nación, rechazó el pedido. Esto no intimidó a Planes, fanático lector del Quijote, quien acudió al Tribunal de Alzada. Y en esta instancia se dio curso al reclamo. Se le pidió al juez que recibiera los testimonios y pruebas que permitieran considerar el parentesco.

Joaquín presentó cuatro testigos principales. Por los Tribunales, que estaban en el edificio del Cabildo, y ante la presencia de Sáenz Peña, pasaron Santos José Cárdenas, hijo de la finada Mauricia; Catalina Melián, madrina del supuesto hijo sacrílego; Joaquín Belgrano, marido de la madrina, y el mencionado amigo del sacerdote, Rafael Saavedra.

Los cuatro dieron testimonios que ofrecían indicios de que Domingo era el padre. En el caso de Catalina y su marido, dijeron que no lo podían afirmar, pero que entendían que por el cuidado que le dispensaba el cura al jovencito, a quien "había dado lactancia y educación", era muy posible que fuera cierto. Planes solicitó que Joaquín recibiera alimentos (recordemos que seguía siendo menor de edad) obtenidos del patrimonio del cura.

La contraparte fueron los albaceas de Domingo Belgrano, Juan de Alagón y María Antonia Rivero de Fabre, quienes expresaron que el sacerdote jamás les había manifestado algún tipo de parentesco con el hijo de la parda Mauricia y que, por otra parte, el joven tenía medio de subsistencia, ya que trabajaba haciendo sombreros.

Llamado por la defensa, el médico Pedro Martínez Niño se presentó en el Juzgado para certificar que Joaquín padecía una enfermad que lo hacía sufrir de agotamiento y lo dejaba sin fuerzas para realizar tareas. Por su parte, el cirujano dentista y experto en hernias Juan Ristorini, que atendía en la calle Florida, vecino de Mariquita Sánchez, testificó que le había colocado a Joaquín un braguero hernial, por dolores de ingle, en 1825 y confirmó que seguía usándolo luego de dos años y medio.

Después de sopesar los elementos de prueba, a dos años de la presentación del abogado Planes, el juez Sáenz Peña dictaminó que Eulogio recibiera una parte de la herencia y que fuera asistido en los alimentos. El problema era que los albaceas demoraban la presentación del inventario de pertenencias. Una vez que lo hicieron, luego de varios reclamos, se conocieron los bienes que había dejado Domingo Belgrano, entre los que figuraban tres relojes, uno "pendiente de una Águila afianzada en la pared", otro que formaba parte de un mueble y el tercero de bolsillo con sus iniciales.

Una cómoda de Jacaranda, una mesa de jacarandá redonda que sirve para comer, otra chica de lo mismo con pie, un escritorio "con cajoncitos en uno y otro frente a la derecha e izquierda". Un ropero grande de cedro, "una alacena de lo mismo pintada de blanco con puertas y llave", una mesa redonda de jacaranda "de abrir y cerrar los costados" (es decir, plegable). Tres rinconeras pintadas de azul "que contienen las lozas y cristales del servicio". El coche que usaba "con arreos y dos pares de mulas". Un carrito "que sirve para sacar la basura". Y dos tinajas para agua, una grande y la otra mediana.

Aunque el expediente del juicio, que se encuentra en el Archivo General de la Nación, no menciona qué objetos quedaron en poder de Joaquín, sí se menciona un convenio firmado con los albaceas. Tal vez, allí figurarían los que terminó heredando.

Una vez concluidos los trámites, Joaquín Belgrano Cárdenas viajó a San Fernando, donde contrajo matrimonio con Francisxa Villarino. Al año siguiente nació Joaquín Bernardino Belgrano, el primero de los nietos del sacerdote. Joaquín tuvo dos hermanos varones: Eulogio y Estanislao.

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