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Aunque no reparemos demasiado en ellos, nos simplifican la vida, nos permiten ahorrar tiempo y son creadores de momentos únicos.
Aunque no reparemos demasiado en ellos, nos simplifican la vida, nos permiten ahorrar tiempo y son creadores de momentos únicos.
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13 de diciembre de 2018  • 00:00

Los electrodomésticos visten el hogar. O, mejor dicho, visten la casa para convertirla en un hogar. Quizás nunca nos detengamos a pensar demasiado en ellos, porque ya nos acostumbramos a utilizarlos y aprovecharlos sin reparar en su presencia. No hay dudas de que nos simplifican la vida, automatizando algunas tareas o simplemente ayudándonos a resolver las cuestiones cotidianas. Pero hay algo más: son una fuente inagotable de momentos placenteros.

Pensemos, si no, en lo que nos genera la imagen de la casa vacía cuando estamos a punto de mudarnos. Enseguida imaginamos dónde pondremos la heladera o calculamos si el lavarropas entrará bien en ese rincón. Y es que las casas no son cajas, se vuelven hogares en el momento en que comenzamos a habitarlas. Y cuando el electrodoméstico comienza a hacer lo suyo, nosotros también.

Las experiencias hogareñas nos llenan de seguridad y calidez. Y en cada gran momento, hay un electrodoméstico, o varios, ayudándonos. Por ejemplo, cuando el horno está terminando de dorar unas papas o de cocinar una carne y entonces aprovechamos para terminar de ver un capítulo de nuestra serie favorita. Luego sacamos la comida y, orgullosos, la posteamos para recolectar likes.

Aunque electrodomésticos hay por todo el hogar, la cocina suele tener una alta concentración de ellos. Y cuando el tamaño es más bien generoso, allí suceden muchas cosas lindas. Como esa juguera que nos permite arrancar un lunes como si fuera un domingo, o la cafetera que nos brinda millones de charlas bien despiertas.

Los electrodomésticos también nos ayudan a crear y a experimentar la satisfacción de hacer algo nosotros mismos. Y que el resultado esté bueno. Sucede, por ejemplo, cuando llegamos a casa agotados y en lugar de caer en la tentación de buscar una gaseosa, agarramos unas frutas y las transformamos, como por arte de magia, en un licuado reactivador que carga las pilas de nuevo.

Y hay más. Salimos de la cocina y vamos al lavadero. Allí programamos el Lavaurora para que se encargue de la limpieza de nuestras prendas mientras nosotros aprovechamos el tiempo para relajarnos. O agarramos la aspiradora y nos ensañamos con migas y pelusas, porque un hogar limpio y ordenado es fundamental para que el resto de las cosas de nuestra vida funcionen.

Por eso, quizás ahora sea el momento de detenernos un rato a pensar en ellos, los electrodomésticos. ¿Es hora de cambiar alguno? ¿Hay modelos más modernos y funcionales? Para seguir creando momentos únicos, aquí tenemos algunas opciones de Aurora, una marca que dejó de hablar de sí misma para poder hablar con vos.

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