¿Los hombres cambian la pizza y el fútbol por la barbería?

Clubes de caballeros, peluquerías sociales y tiendas de ropa con amenities empiezan a transformarse en los lugares preferidos del varón moderno
Sebastián A. Ríos
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29 de julio de 2017  

Daniel Dicasolo se prueba un saco en la sastrería Pineal que funciona también como un club de hombres,santiago cichero/afv
Daniel Dicasolo se prueba un saco en la sastrería Pineal que funciona también como un club de hombres,santiago cichero/afv Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Cichero / AFV

Afuera todo es microcentro: filas de taxis circulando a dos por hora, autos que aceleran, bocinazos, gente apurada, caras de "es viernes pero todavía falta un buen rato para que empiece el fin de semana". Adentro, en el local de sastrería premium Pineal que se encuentra en Maipú, casi esquina Paraguay, un grupo de habitués comparten unas pintas de cerveza, mientras se preparan para el almuerzo. Para algunos de los que están sentados en los cómodos sillones ubicados en la parte trasera del local -en una suerte de living que cuenta con chopera, cafetera, televisión de pantalla grande y bebidas varias- el fin de semana ya empezó; para otros todavía no, pero en la charla adelantan el disfrute y el relax que llegará en cuestión de horas.

"Es como un club", resume Daniel Dicasolo, abogado de 38 años, y habitué de Pineal. "Es mi parada obligada cuando tengo que venir de Palermo, donde trabajo, al microcentro. Más allá de pasar a comprarme una camisa o un traje, a veces vengo sencillamente a tomarme un café, una cerveza o a almorzar, ya que es un lugar de encuentro que me permite parar un rato la jornada laboral. Entrás, charlás un poco, te ponés al corriente de distintos temas; si hay un evento deportivo lo ves en pantalla grande. Trato de prever, cuando vengo al microcentro, de contar con algo de tiempo para poder pasar por acá y quedarme un rato tranquilo".

Diego Pérez,de 41 años, sentado en el sillón mientras Chopper (con sombrero) le hace unos retoques
Diego Pérez,de 41 años, sentado en el sillón mientras Chopper (con sombrero) le hace unos retoques Crédito: Santiago Cichero / AFV

Espacios de encuentro como el que ofrece Pineal, donde concurre Daniel Dicasolo, conforman los nuevos lugares de reunión masculina, en los que la dinámica propia de los establecimientos convoca en un mismo ámbito a varones que no necesariamente son amigos, pero que hallan allí el ambiente propicio para el relax y la charla. El tradicional encuentro de pizza, cerveza y fútbol empezó a cambiar hacia opciones más sofisticadas. Por ejemplo, las cada vez más numerosas barberías, que no sólo han recuperado un cuidado de la estética del varón perdida generaciones atrás, sino que dan el marco espontáneo para que la conversación masculina -lo que no es sinónimo de machismo- se dé naturalmente en un espacio más ameno y confortable que el del vestuario de la cancha de fútbol o de tenis. La necesidad de hallar espacios de encuentro entre hombres se hace visible incluso detrás de la reaparición de clubes de caballeros en donde -parafraseando a Charly García en "Piano Bar"- los chicos tengan un lugar para ir a conversar.

"No es un grupo de autoayuda", dice Sebastián Federico Machain, de 44 años, al referirse a El Club de los Caballeros que fundó con algunos amigos. Allí se reúnen para "hablar desde cosas triviales y cotidianas", según detalla, y de "problemáticas y temas más profundos".

"La idea era recuperar el cara a cara, la charla de café entre amigos de antaño, esa que uno suele dejar de lado porque no tiene tiempo, por la inercia del día a día o porque cada vez más se maneja todo de manera virtual, a través de redes sociales como Facebook o WhatsApp", explica. Con esa idea en mente, Sebastián convoca a través de redes sociales a la charla cara a cara entre varones que rondan los 40 años. Su club de caballeros funcionó primero de forma itinerante, en restaurantes que contaban con algún salón apartado donde encender la charla; ahora, que Sebastián abrió una vinoteca (Vinomio Tienda de Vinos, en Sánchez de Bustamante 1195) ofrece su mesa rodeada de botellas como periódico lugar de encuentro. Pero el suyo no es el único club que recupera y mantiene viva esa tradición. A dos cuadras de la Catedral de San Isidro, el renovado Club 300 ofrece el espacio de una tradicional casona de 1912 para la charla, el vermut o un partido de truco, mientras que en Lomas de Zamora, el Lomas English Social Club sigue abriendo sus puertas para varones aficionados al slosh, al snooker y los dados, por citar otros casos.

Retomar una costumbre

Aunque el café y el bar mantienen intacta su vigencia como lugar de encuentro, quizá para hombres de más edad, lo cierto es que aquellos establecimientos que por su propia dinámica son de acceso casi exclusivo del varón ofrecen una cuota de intimidad que lo libera del corsé de cierta corrección política imperante y a veces autoinflingida que, en estos tiempos de comprensible alta sensibilidad hace que deban medir las palabras al milímetro al abordar un tema o realizar una broma.

El Club de los Caballeros, un espacio creado por Sebastián Machain (de pie, con camisa azul)
El Club de los Caballeros, un espacio creado por Sebastián Machain (de pie, con camisa azul) Crédito: Santiago Cichero / AFV

Pero, fuera de la mirada femenina, ¿de qué hablamos los varones entre nosotros? "Hablamos con libertad de cosas que quizás no charlaríamos en un grupo donde está tu novia o tu hermana, y no porque faltemos el respeto con lo que decimos", responde Fernando "Chopper" Amarilla, que comanda la barbería Chopper Cuts que funciona en Uriarte y Niceto Vega, en Palermo.

"De mujeres, sí, pero también de muchos otros temas: de lo que vas a hacer el fin de semana, de lo que te pasó en la semana y, sobre todo, de lo que hablamos los argentinos es del asado", agrega Chopper. Según Dicasolo, en Pineal, las charlas entre hombres refieren habitualmente a "alguna pena por alguna mujer, deportes (no tanto en mi caso en particular que no soy muy deportista), negocios, recreación en general y la actualidad en general, más que de política en particular", añade.

"Con mis amigos me junto y hablo mucho de música. No es todo fútbol", dice Diego Pérez, 41 años. "Me gusta venir a la barbería porque me hace acordar de cuando iba con mi papá y a él lo afeitaban con navaja. El espíritu de estas nuevas «viejas» barberías me hace sentir cómodo, son un espacio social y la atención es mucho más personalizada", agrega.

"Contra todo lo que piensa el sexo femenino, imaginando que los hombres en soledad nos juntamos a hablar de mujeres, proyectos, planes a futuro, siento decepcionarlas y contarles que los hombres hablamos de tres cosas: anécdotas, fútbol y ricos vinos y cervezas", opina por su parte Joe Fernández, cocondutor del programa Gente Sexy (FM Blue), y agrega: "Somos realmente básicos. Nos reímos de videos viejos que nos mandamos por WhatsApp, de alguna cosa escatológica, chistes sexuales y evitamos hablar de política para no agrandar la grieta y cerrarla a puro brindis y risas".

Si difieren mucho los tópicos de charla masculinos de los femeninos (o incluso de aquellos que comparten ambos sexos en sus momentos de intercambio verbal) eso es algo que da para la discusión bizantina.

Sin embargo, Nicolás Bronzina, estudiante de sociología de 25 años y asiduo asistente a Pineal, sostiene que la escucha entre hombres es diferente. "Uno puede hablar de algo que tiene que ver con las cosas que a uno le pasan y encontrar en el otro, además de interés, una mayor cercanía acerca de lo que uno está contando, aunque el otro no comparta necesariamente la misma postura", dice Nicolás.

Estética y estilo

Que las cada vez más numerosas barberías y algunos locales de sastrería se conviertan en el lugar de encuentro de los hombres no sólo responde al hecho de que sus clientela sea exclusivamente masculina. Hay en estos dos ámbitos una atracción especial que no se da en otros espacios cotidianos. En una de las nuevas barberías resulta común observar cómo el barbero se toma un tiempo considerable para atender a sus clientes-amigos. La conversación puede ir de música hasta cuestiones relativas al cabello y a las distintas máquinas de afeitar, mientras el espejo va de mano en mano para chequear el corte. De alguna forma, la estética masculina se ha convertido un lugar común en la charla entre hombres, por lo que es de esperar que una barbería, por ejemplo, se transforme en un lugar de encuentro privilegiado.

"Hoy al hombre le gusta verse bien, viene igual o más que la mujer", coincide Cristian Bonapace, uno de los propietarios de Pineal. "De ahí, que parte de la charla que se da entre quienes vienen al local a charlar y a pasar un rato, no necesariamente a comprar prendas, tenga que ver con el buen vestir. También se habla de un montón de otras cosas que no tienen que ver con la moda, del mismo modo que ocurre cuando dos amigos se sientan en el bar a charlar. Pero uno en un bar no suele hablar de esto", dice y señala los sacos que confeccionan y traen de Italia, y el muestrario de telas -también italianas- que ofrecen a sus clientes para la elaboración de camisas a medida.

Tomando un café en Pineal, Nicolás Bronzina, combina la moda y el encuentro con amigos
Tomando un café en Pineal, Nicolás Bronzina, combina la moda y el encuentro con amigos Crédito: Santiago Cichero / AFV

Los exclusivos productos que se ofrecen en Pineal son sin duda una atracción para los varones amantes del buen vestir. Pero justo es decir también que el propio local ha ido cambiando su fisonomía para convertirse en un lugar de encuentro: "Siempre tuvimos un living dentro del local, pero a medida que venía cada vez más gente a charlar y a pasar el rato fuimos ampliando ese espacio", agrega Cristian Bonapace. Franklin Kent, su socio, agrega: "Al principio hacíamos una convocatoria a nuestros clientes, les avisábamos, por ejemplo, que un viernes al mediodía íbamos a prender la parrilla que tenemos en el patio. Pero con el tiempo, nuestros clientes empezaron a venir con algún amigo, y así empezó a crecer sola la reunión. Para nosotros es fantástico que este sea el lugar de encuentro que eligen".

En la barbería Chopper Cuts, el interés por el cuidado personal que atrae a muchos hombres se complementa con un decorado con objetos de colección, sillas y muebles de barbería antiguos. "He tenido la suerte de viajar y ver que en barberías de otros países es normal que mientras uno espera su corte se tome una cerveza sin cargo -cuenta Fernando "Chopper"-. A eso le sume también ciertos gustos personales, y de ahí surge que todos los viernes organice en el local un ciclo de películas de Tarantino, por ejemplo, o que periódicamente venga algún músico a tocar. Esto es algo más que una barbería: un lugar de entretenimiento, un punto de encuentro. Un club". Allí, Santiago Canepa, de 36 años, productor audiovisual, dice: "No hablamos sólo de mujeres y fútbol. Son temas que aparecen, pero también depende del grupo de amigos. Tengo amigos con los que me junto hablar de música, otros de fútbol y con otros de filosofía". Y añade: "Las barberías son un espacio que tiene mucha onda, podés hablar con los chicos, reírte , escuchar buena música y la interacción siempre es muy copada".

Darío Arévalo, uno de los creadores del Club de Caballeros, sostiene que en el marco del respeto y la tolerancia, "no hay tabúes en el club, es el lugar para hablar absolutamente de todo". Consultado acerca de si cree que hay un prejuicio acerca de lo que hablan los hombres, expresa: "Creo que sería simplista decir que sólo hablamos de fútbol y minas... ¡Nuestras vidas son mucho más amplias!

Producción Lila Bendersky

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