Lucas Martí: "Me tuve que plantar ante todos"
Estrena un nuevo disco por año y 2017 no es la excepción; su relación con las redes sociales, su padre y Spinetta
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Si es fin de año, cualquier fin de año, lo más probable es que esté por salir un nuevo disco de Lucas Martí. El ex adolescente prodigio que no dejaba de pulir melodías con A-Tirador láser, su recargado y talentoso grupo de los 90, creció, formó una familia y se hizo solista. Pero nunca abandonó esa compulsión por hacer nueva música, siempre estimulante, al punto de redondear un disco por año (o a veces más) desde hace una década. ¿Cómo hace? "Lo logré con esfuerzo", reconoce previo a presentar este sábado 25 Las sombras que evadimos, su último álbum, en el Club Cultural Matienzo. "De alguna manera me tuve que plantar ante todos, ante los cercanos y los lejanos, y hacerles ver que yo era músico y que hacía esto. Me ayuda que en este tiempo gané «un prestigio» que me permite hacer y producir otras cosas. Y también que vivo austeramente".

-En canciones del disco, como "Recuperemos un minuto", deslizás cierta inquietud por no perder los momentos reales, cara a cara. ¿Qué te preocupa?
-Sí. Todo el mundo fue modificado por este nuevo estilo de vida que irrumpió hace no tanto, cuatro o cinco años máximo, desde que Internet empezó a ser accesible en los celulares. Porque antes, cuando sólo estaba en las computadoras, el cambio no era tan fuerte. Pero esto de los celulares inteligentes nos impactó a todos. Eso y las redes sociales que van incluidas.
-¿Y cómo reaccionaste frente a eso en tu vida?
-Y... agarré el celular y me instalé todas las aplicaciones que había que instalarse (risas). En mi caso, hay una parte que disfruto que es la de boludear, navegar, etcétera. Y otra que me abruma que es la de tener que sostener la difusión de tu música y de tus shows. La autopromoción obligada. Por lo demás, reconozco que es una herramienta con la que podés captar tu grupo de gente, potenciar la comunicación de una manera que antes no podías.
-En ese aspecto, el cambio es total...
-Sí. Antes llegaba el viernes, decías "vamos a tocar a El Dorado", pero si no había salido tu fecha en la agenda de un diario, era empezar: "¡Uh! ¡No salimos! -¿Cómo que no salimos? ¿No llamaste al diario? -¡No! ¡Me olvidé! -¡Uh, no! ¿Y ahora quién va a venir?". (risas). En ese sentido, las redes son maravillosas. Todo lo que sea simplificar los pasos para que la gente se entere, es mejor. No había que sufrir por eso. Aunque al mismo tiempo, son una herramienta de distracción muy fuerte.
-La adicción a las notificaciones y al scroll infinito...
-Sí, al pedo porque muchas veces no hay nada. Aunque seguís buscando. Por suerte no tuve una crisis en la que dijera: bueno, estoy componiendo menos, qué pasa. Todavía no me ocurrió. Los días que me pongo a componer, que no son muchos pero sí intensos, lo puedo hacer como siempre. Me ayuda que trabajo de una manera en la cual básicamente no hay dudas en lo que hago. Y también la manera en que nos repartimos con mi mujer para estar con las chicas. El tiempo con ellas lo disfruto un montón. Lo de ser papá es lo más importante de todo.
-Contás que como familia hacen muchas cosas en el barrio. ¿Qué te gusta de Villa Ortúzar?
-Me gusta y odio. Es el barrio con el que tuve la relación más intensa de todas. Vivo en una cuadra donde hay un depósito y a las cuatro de la mañana viene un camión enorme, para en la ventana de mi casa, y los choferes se ponen a charlar. Entonces, primero me peleé con todos los camioneros y después me hice amigo (risas). Ya conocen mi auto, me cuidan.
-¿Y la parte que te gusta?
-Es el bario que se viene, sin dudas, porque es lindo y está excelentemente comunicado. Creo que no hay otro barrio donde haya tanto para desarrollar. Lo conozco bien porque cuando llegamos en el 99, en mi cuadra, no había casi nadie. Y ahora para estacionar tenés que poner el auto sobre la vereda. Hay muchos emprendimientos. De hecho, mi mujer se puso un restaurante que le va muy bien. Me gusta el aire de Villa Ortúzar, siento que no está palermizado todavía.
-¿Son de ver series juntos?
-Sí. Terminé cayendo. Al principio me resistía. Me pasé muchos años viendo películas que siempre me habían gustado, pero que cuando era chico sólo podía enganchar de casualidad en la tevé. Entonces, cuando pude me di revancha y me puse a ver esas pelis todo el tiempo: The Thing es la que más me gusta de todos. También Terminator 1, Alien 1, Mad Max 2. A todas las vi millones de veces. Hasta que aflojé y ahí sí, me puse a ver algunas series.
-¿Cuáles?
-Obviamente me indignó StrangerThings. La odié. Odié esos niños, la música, la tipografía, el cliché ochenta, todo (risas). La serie que más me gusta ahora es Fortitude: finísima. Un amigo me dijo que es una mezcla de The Thing y TwinPeaks, y nada más acertado. Es inglesa. Antes me vi Pablo Escobar, que me encantó. La mejor sin lugar a dudas es BreakingBad. Terminé llorando obvio. Y bueno, después hay series como TheWalkingDead, que la empecé a ver y me parecía buena pero ahora me parecen lo peor, aunque igual no la puedo dejar de seguir.
-A través de tu papá, el fotógrafo e histórico portadista del rock nacional Eduardo Martí, compartiste muchos momentos con Spinetta, uno de sus mejores amigos. ¿Cómo eran esos momentos?
-Siempre estimulantes... Era una característica de él, una virtud: el hacer sentir bien a las personas respecto de lo que estaban haciendo. Era ir a visitarlo y que en seguida te pasara una guitarra. O estar en una prueba de sonido, yo con 11 años, y que de repente venga y te suba al escenario para tocar con su banda. Mucha emoción. Aunque si lo pienso desde hoy, lo que más me incentivó fue que a mi viejo le gustara lo que hacía.
-¿Tu papá fue crucial para tu iniciación?
-Sí. Era la persona a quien mi música un poco estaba dirigida. Yo tocaba y él se tiraba en mi cama y se quedaba escuchando. No me decía nada, pero sonreía y se mostraba copado. Veía que disfrutaba de lo que estaba haciendo. Al principio cosas pequeñas, riffs sueltos. Soy de los que creen que cuando un padre tiene un trabajo que le gusta, pero también otra actividad que por algún motivo quedó a la mitad en su vida, es probable que uno de sus hijos venga a retomarla. En nuestro caso pasó un poco eso. Aunque él nunca nos incentivaba a mí o a Emma (Horvilleur, su hermano) en forma directa. Le gustaba lo que hacíamos de manera natural.

La hora de un buen café
"El café es la bebida que más me hace pensar, me desconecta de mi parte nerviosa -dice sobre su bebida preferida-. Lo tomo con un poquito de leche, cuando me levanto. Y también a la tarde. A veces llego a tomar tres tazas en el día. Me gusta mucho la idea de sentarse a tomar un café. A veces, incluso, más que el café mismo".
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