Manejo de la ira: cuatro razones por las que no podemos administrarla correctamente y consejos para lograrlo
Explotar frecuentemente o reprimir el enojo son situaciones que no están bien, ya que pueden llegar a afectar la salud física y/o mental
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Te invito a reflexionar sobre el manejo adecuado de la ira. Muchas personas se quejan de tener problemas con el enojo, es decir, de no ser capaces de administrar, manejar o regular la ira que sienten.
¿Por qué ocurre esto? Entre los muchos motivos que existen, podemos mencionar los siguientes:
1. No conocer los propios disparadores
Hay gente que no tiene idea de cuáles son sus disparadores. Hay ciertas personas o situaciones que nos generan a todos sin excepción, un aumento de la ira. Es decir, que nos hacen enojar con mayor facilidad. Es fundamental saber con claridad cuáles son dichos disparadores con el fin de evitarlos, delegarlos o simplemente prepararnos. Cuando uno conoce esos “botones” que le despiertan la ira, puede anticiparse a ella.

2. Creer en el mito del “encendido y apagado”
Algunas personas tienen la creencia de que únicamente “se enojan”, o “no se enojan”, lo cual equivale a “todo o nada”, “blanco o negro”. No hay un punto medio. Por lo general, se trata de gente muy tranquila que cree que, cuando se enoja, tiene que explotar sí o sí, porque no puede encontrar un balance. Para evitar manejar la ira en los extremos, tenemos que hallar el punto medio. ¿Cómo? Reconociendo el enojo y expresándolo, hablándolo o gastándolo en el cuerpo.
3. Actuar el enojo
Hoy en día, es moneda corriente que alguien que siente un gran enojo, lo suba a las redes sociales, lo comparta y se descargue de esa manera. Esto es así porque a la persona le cuesta ponerse límites a sí misma y no ha desarrollado la capacidad de esperar y reflexionar, o meditar sobre lo sucedido. Entonces, casi de manera infantil, descarga su ira con otros y expresa: “Yo soy frontal y digo todo lo que siento y lo que pienso”. La capacidad de espera y la tolerancia a la frustración son señales de madurez emocional.
4. No enojarse nunca
Muchos suelen acumular microfrustraciones. ¿Qué significa esto? Que les molesta algo, pero, en lugar de decirlo, lo reprimen. Cuanto esto ocurre muy a menudo, la persona, tarde o temprano, terminará explotando o implotando. En este caso, no es que no se enoja nunca, sino que se enoja demasiado, pero no es consciente de ello. Esta actitud es peligrosa, pues puede llegar a afectar la salud física y/o mental.
¿Cómo administramos correctamente nuestra ira?
Fundamentalmente, reconociendo que nos enojamos. No está mal sentir ira, como algunos creen; muy por el contrario, conectar con esta emoción nos permite tomarnos tiempo para pensar lo que nos conviene hacer y lo que no. Lo ideal, cuando uno está muy enojado, es esperar a que la emoción disminuya para lograr tener una “visión amplificada” de la situación y tomar mejores decisiones. Aprender a regular nuestras emociones es un signo de salud y de inteligencia emocional.
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