"Me empecé a ver con mi amor pendiente de la adolescencia, pero él está casado"
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Hola Consuelo,
Hace 20 años en un trabajo estudiantil que tenía conocí a Andrés. Éramos varios jóvenes de distintos países del mundo, y nos encontrábamos cinco o seis veces al año para organizar distintas actividades. Yo tenía dieciocho años. A mí desde el principio me gustó un chico un poco más grande, José, que tenía novia pero cortaba todo el tiempo con ella. Yo no la conocía a la novia, y él era súper seductor, seis años mayor que yo, y me cautivó. A Andrés lo tenía de amigo. Una noche que salimos todos a un bar, Andrés me abrazó, y a mí me sonó raro, me reí y me solté y diez minutos más tarde me besé con José (que era el que me gustaba). Con José eso no llego a nada más que eso, era muy mujeriego y jugaba cada vez que nos veíamos (y yo seguía medio obnubilada) pero no llegó a nada relevante. Me recibí en la universidad y esa experiencia se terminó, seguí en contacto con algunos compañeros de esa experiencia pero ni con Andrés ni con José.
Diez años más tarde me llega un mail: era Andrés, que en estos diez años se había involucrado mucho en política y tenía un puesto en su país en Europa, y venía de visita a Buenos Aires tres días. Nos encontramos y lo llevé a Palermo a tomar algo. Ahí me confesó lo mucho que le gustaba cuando éramos chicos. Me llegaron mil recuerdos que había bloqueado: la vez que fuimos a un recital y como a mi no me gustaba hacer pogo se quedó atrás conmigo, cómo me miraba, cómo venía siempre a buscarme al aeropuerto... esa noche nos besamos como nunca antes y estuvo todo muy lindo. Con una sola cuestión: apenas nos vimos, mientras nos poníamos a tono con lo que habíamos vivido esos diez años, me contó que se había casado, tenía una hija y otra en camino.
Nunca había estado con un hombre casado ni nunca estuve con otro después, pero bloqueé eso porque era como volver a los 20, esos 20 en los cuales siempre me fijaba en el más malo. Tomé la decisión consciente de que eso era una cuenta pendiente, algo que nos debíamos desde esa época y no volví a contactarme con el despues. Solo nos mandabamos esporádicos feliz cumpleaños, pero nada. La vida siguió, mi vida siguió. Hasta me fui a vivir a Europa y no lo contacté.
Hace poco los compañeros de esa época se abrieron un grupo de chat, y en las charlas de grupo dije que vivía en París. A la semana recibí un mensaje de Andrés que venía por trabajo a París, para encontrarnos. Viajé a verlo y nuevamente tuvimos una noche increíble. Sigue casado y yo ni puedo hablar de ello con él. Hablamos de todo, menos de eso. Hablamos del divorcio de una amiga en común que tiene hijos y su cara se volvió muy triste. Eso me dio una señal, pero lo que sentimos al vernos no se pudo evitar.
Hace tres días se fue y me escribe por WhatsApp. Chequeando que este bien, nada más. Me enoja y sé que tengo que ponerlo en esa cajita nuevamente, cerrarla, y ya veremos si se repite en 10 años más. Me preocupa también que en ambos casos (en Andrés y en José) los haya elegido teniendo a otra y me culpo por no haber tenido los ojos más abiertos a los 20. ¿Qué tengo que hacer? Ya tengo 41 años.
¡Gracias!
La Nostálgica (41)
Querida Nostálgica:
El tema de meterse con una persona comprometida es siempre complicado. Yo no lo pienso, en general, desde el lugar del puritanismo y la culpa: mucho menos si no sos vos la que está violando un compromiso. En el fondo sabés poco de su matrimonio, es más bien un asunto de él. Pero por lo que contás él no tiene ninguna intención de divorciarse, al menos mientras sus hijas sean chicas (o sea, unos cuantos años). De manera que, culpas aparte, vos no tenés muchas decisiones que tomar: creo que esa es la parte que me parece más complicada de las relaciones extramatrimoniales, para la tercera en discordia. Te deja en un lugar muy pasivo, esperando o adaptándote a las determinaciones ajenas. Y eso no es bueno para nadie, a ninguna edad.
Después, no me haría demasiado problema por eso de que dos veces en tu vida elegiste tipos comprometidos (seguramente son dos entre unos cuantos más, Dios sabe que muchas personas de bien tienen porcentajes peores) y mucho menos por haber tomado alguna decisión que retrospectivamente parece tonta a los veinte años, ¿para qué están los veinte años si no es para equivocarse y aprender? Creo que hay que cuidarse de sobreinterpretar la propia vida, mirar todas las decisiones que una tomó como parte de un destino fatídico: "siempre elijo hombres casados", "siempre me gustan los chicos malos", "siempre termino mal", lo que sea. La vida es complicada, una no elige las circunstancias que le tocan, y aunque está bien hacerse cargo del propio deseo no es necesario exagerar.
Mi consejo, entonces: sacá a Andrés de tu cabeza, o más bien, dejalo como vos decís en el recuerdo. Si en diez años te vuelve a llamar para una noche de pasión, fantástico. Pero no te quedes esperando eso, ni esperando sus mensajes ni ninguna otra reacción de él. Hoy por hoy evidentemente él no está listo para probar nada con vos: nos guste más o nos guste menos esa es la verdad y vos tenés que hacer tu vida y no estar atada a los deseos ajenos, en la medida de lo posible.
Ojalá te salga bien. Un cariño,
Consuelo
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