Ni yoga ni pilates: llega la escuela de rock para adultos
Cada vez más personas participan de talleres y cursos para aprender a escribir canciones o "romper la guitarra"
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Sarmiento, padre del aula, no lo hubiera visto con buenos ojos; pero Chuck Berry, Gene Vincent, Elvis, Little Richard, Fats Domino y el resto de las momias del rocanrol deben estar sonriendo desde sus tumbas de 4 x 4. Y es porque cada vez más adultos eligen volver a la escuela, pero no para refrescar lo que pasó en el combate de Cucha Cucha, sino para aprender a escribir canciones, pararse en un escenario con cierta hidalguía y encender una chispa de actitud rockera en sus vidas, suficiente para inquietar a amigos, familia y compañeros de oficina. "No te vamos a enseñar a tocar la guitarra, te vamos a enseñar a romperla", es el eslogan de la Formación en Rock, Arte y Canción (FRAC), una de las escuelas de rock más convocantes por estos días, que va por su segundo año de actividades y tiene como profesores a glorias inoxidables del indie, escritores y periodistas especializados. "Escribí una letra sobre cómo estás vestido. ¿Cómo querés que suene? ¿Como Radiohead, por ejemplo?", es la consigna que tira Francisco Garamona, poeta y cantante de hiperculto.
Así de fácil puede nacer una canción si alguien nos orienta, nos dice cómo navegarla y cómo defenderla sobre las tablas. No es magia ni inspiración divina, no hay que tener un talento insondable ni sentirse el 0,1% de Mick Jagger. A veces alcanza con un poco de coraje.
Lo confirma Pablo Dacal (Orquesta de Salón, solista de larga trayectoria), uno de los músicos pioneros del indie argento antes de que existiera la idea misma de ser independiente. "El arte está oculto en los desvanes, entre la ropa: todos tienen un par de canciones, un poema; hasta el ser más gris oculta algo poderoso. Nosotros tratamos de sacar eso a flote y mostrarle a esa persona cómo una semilla puede terminar siendo algo más grande", afirma.
Se sabe que la música es uno de los hobbies más trillados de la franja post-40 y que en casi todas las casas de familia siempre hay una guitarra perdida en algún cuarto (un amplificador, una armónica, un palo de lluvia o, como mínimo, el birimbao del último viaje a Brasil), esperando ser rescatada del polvo y de las malas elecciones.
A ese público, a todos aquellos que, antes o después de echar panza y criar una bandada de pibes, se imaginaron moviendo el codito como hace Keith Richards cuando toca o rugiendo en cueros como Iggy Pop, también apunta una escuela de rock. "Creo que es una actividad liberadora..., y a mí me gusta el rock porque es mi música generacional. No tengo ninguna habilidad con los instrumentos, pero sí tengo muchas ganas de saber qué se siente hacer una canción", dice Natalia Suárez, madre de 39 años que participará del FRAC.
"Hacé canción"
Tanto Dacal como Garamona integran el staff del FRAC, que nació como un desprendimiento del Centro de Investigaciones Artísticas (CIA), un espacio de formación de artistas y pensadores de América latina y el resto del mundo, que cada año realiza un programa de becas para proyectos audiovisuales, danza, teatro, poesía, etcétera.
El FRAC empezó como un experimento que tuvo su puntapié cuando Garamona dictó el taller "Hacé canción", con muy buena convocatoria. Ahí mismo, entre los alaridos de los postulantes, se gestó la idea de montar una verdadera escuela de rock para adultos. En cierta forma, la currícula se fue desplegando solita, porque después de este primer curso siguió el de Dacal ("Puesta en escena") y luego el de Ulises Conti ("Políticas del sonido"). Se enseña desde escribir y producir una canción hasta armar un recital, moverse en el escenario, improvisar y grabar en forma profesional.

En diciembre pasado, los FRAC hicieron un show con las canciones de los participantes –amateurs, músicos, artistas visuales, escultores, bailarines– y grabaron un disco, del que vendieron 50 copias.
Algunos de los temas, como "Pobre corazón enamorado", de la hasta ahora anónima Daiana Rose, y "Una tormenta", de Silvia Sánchez, tienen destino de hit. "Queremos enseñarle a la gente a desarrollar una veta cancionística, a descubrir la nota en la que vibran. Es una búsqueda de uno mismo, un modo de acortar los pasos para llegar a la canción, pero profundizando la huella", filosofa Garamona.
En el caso de Daiana Rose se abrió la puerta a una dimensión nueva. "Yo vengo del palo de las artes plásticas y hacer estos talleres me mostró un montón de posibilidades, tanto desde el punto de vista de la escritura de canciones como de la interpretación en el escenario", describe.
Silvia Sánchez, otra de las egresadas, postula para cantante de culto en las próximas estaciones. Artista visual y arquitecta de 49 años, nunca se había planteado hacer una canción hasta que arrancó con Garamona y Dacal.
"Yo venía bordando frases mías durante tres años para una instalación; cuando me enteré del curso pensé que era como seguir escribiendo, pero en otro formato, el de la música", comenta.
Con el tema "Una tormenta" como carta de presentación, participó en estos días de un festival de bandas de artistas visuales en el teatro Verdi, en donde cantó un rap que también forma parte de una de sus performances. "Ahora quiero grabar un disco", avisa.
En 2016, la escuela se perfeccionó bastante más, porque ahora tiene un contenido anual, dividido en bimestres, de mayo a diciembre, que también se pueden cursar por separado.
"Apuntamos a músicos o gente que quiera llevar adelante un proyecto musical", explica Dacal, y cuenta que el año pasado la convocatoria fue de lo más variopinta, como "una mujer que nunca había hecho música –vendría a ser Silvia– o flacos muy jóvenes queriendo trabajar sus canciones".
Para los próximos meses también se planean master classes quincenales con figuras reconocidas del rock nacional, entre ellas Fito Páez.
En el bimestre que arrancará en mayo se dictarán las siguientes materias, tres veces por semana: "Hacé canción" (Garamona); "Grabación: empezar y terminar un tema" (Ismael Pinkler); "Rock argentino hasta el fin" (Gustavo Álvarez Núñez); "El canto y la palabra" (Julieta Brotksy); "Probabilidades de futuro; tags y señaladores para leer y atajar tendencias estéticas" (Mariano del Águila), y "El canto y la palabra" (Nina Polverino).
Finalmente, los profesores del FRAC insisten y en la función terapéutica de la música y el arte, y por esa mismo recomiendan nutrirse de ambas: "Alguien que puede componer dos o tres canciones y tiene el coraje de cantarlas, sin dudas se sentirá mucho más feliz".
Algunos tips para tener en cuenta
Ganas y actitud
Es casi el único requisito indispensable porque en este tipo de talleres y cursos no se exige conocimiento musical ni saber tocar un instrumento
Una forma de contar
El método de escritura de una canción de alguna manera es una alternativa a los talleres literarios, pero aggiornados a esta época
Nuevas caras
Una de las razones de los que concurren es conocer gente nueva con quien compartir una experiencia. No tanto el hecho de transformarse en grandes autores
Romper moldes
Cantar, bailar, crear, gritar, destruir estructuras y comunicar son los ítems liberadores de estas actividades
Talento oculto
Muchas personas que no se creen capaces de escribir una canción finalizan estos cursos descubriendo un talento que no imaginaban
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