No te acostumbres a vivir mal: cuando un árbol impide ver el bosque

Daniel Tangona
Daniel Tangona PARA LA NACION
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18 de agosto de 2019  

Todos queremos hacer cambios en nuestra vida. Algunos son más pequeños y otros, trascendentales. Pero lo cierto es que siempre tenemos una zanahoria adelante. Y está bien, porque la vida es movimiento y acción, y deberíamos querer trabajar en superarnos y corregir aquello que no nos hace felices. Por desgracia, la frustración que sentimos frente a algo no siempre es suficiente para iniciar el cambio.

Con eso en mente, decidí pedirle su opinión a Walter Dresel, médico uruguayo y gran conferencista en temas de autoayuda y crecimiento personal. Quise preguntarle por qué tantas veces nos invade una sensación paralizante que no permite avanzar en el propio equilibrio emocional. "La primera interpretación es que no estamos conformes con nuestra vida, pero tampoco lo suficientemente mal como para iniciar un proceso de reingeniería personal que nos llevaría a introducir modificaciones sustanciales", dispara el especialista. Es en esos momentos cuando hacemos cosas como compararnos con el de al lado, pensando "bueno, no estoy tan mal", y así nos quedamos en la inercia. Pero el gran peligro, me dice Dresel, es que uno también se acostumbre a vivir mal. "En la medida en que no tenemos el coraje para introducir cambios que nos protejan de las agresiones exteriores, el estilo de vida deficitario lo incorporamos como lo normal, perdiendo la perspectiva de cómo podríamos vivir si fuéramos capaces de mover aunque sea algunas piezas", explica. Nos acostumbramos a que nos duela la espalda, a suspirar cada vez que nos agachamos, a estar cansados las 24 horas, no importa cuánto durmamos. Y nos parece común.

Según Dresel, otra causa frecuente para permanecer estáticos es el miedo al fracaso. "De lo que no nos damos cuenta es de que tanto el éxito como el fracaso son dos posibilidades reales que existen cada vez que intentamos algo en la vida". Es decir, el que no arriesga, no gana. Y cuando dejamos de soñar y de plantearnos la posibilidad de un cambio, la rutina se convierte en algo difícil de soportar, sin objetivos de desarrollo a la vista. Es, de algún modo, empezar a envejecer. "Mientras no seamos capaces de pasar a la acción, nos dedicaremos simplemente a sobrevivir, que de ninguna manera puede conducir a una vida mejor".

Nadie va a hacer las cosas por vos, sea comenzar a dedicar tus tardes a entrenar o romper una relación tortuosa. Puede que te frene el miedo al fracaso, a repetir experiencias pasadas o a la simple comodidad de mantenerte en tu rutina. Pero tenés una responsabilidad sobre tu propia felicidad. Tomá eso como tu proceso de reingeniería personal. "Alejá los fantasmas que te impiden ver el bosque, porque el árbol que tenés delante ocupa todo el campo visual", recomienda el especialista. Detectá dónde están las trabas, superalas y ponete en marcha. Estarás iniciando un camino que te llevará a conocer lo mejor de tu persona.

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