Qué significa comerse las uñas, según la psicología
La onicofagia es una conducta crónica que requiere atención médica profesional; especialistas advierten sobre su relación con trastornos de ansiedad y otras complicaciones de salud
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Para muchas personas, el acto de comerse las uñas resulta incontrolable. Este hábito, conocido científicamente como onicofagia, se define como una conducta crónica y repetitiva de morderse tanto las uñas como las cutículas, según detalla el portal especializado TOC Argentina. Aunque este comportamiento aparece con frecuencia ante situaciones de estrés, nervios, aburrimiento, mal humor o como un reflejo inconsciente durante el sueño o el estudio, su persistencia en la adolescencia y la adultez demanda una consulta clínica y psicológica. Lo que comienza como una acción trivial puede derivar en un trastorno que requiere un abordaje multidisciplinario.

El médico graduado de la Universidad Nacional de Rosario, quien genera contenido en TikTok bajo el usuario @contenidomedico.bruno, explicó que esta problemática guarda relación con diversos cuadros clínicos. “Algunos estudios encuentran una relación entre la onicofagia y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), también se la vincula con el trastorno de ansiedad y en algunos casos más graves, con cuadros de depresión”, sostuvo el profesional. Estas manifestaciones, según el especialista, señalan que el comportamiento compulsivo encubre causas profundas que merecen diagnóstico y tratamiento.
Además del impacto psicológico, la onicofagia provoca complicaciones físicas directas. El médico advirtió: “Esto también genera complicaciones clínicas. Comerse las uñas y lastimarse aumenta la probabilidad de infecciones a nivel de los dedos, ya que con la mano tocamos prácticamente todo y mucho de eso que tocamos está contaminado”.
El daño en dientes, dedos y las propias uñas resulta una consecuencia directa de esta práctica persistente. A su vez, el perjuicio trasciende lo físico, dado que las personas adultas que padecen este trastorno sufren con frecuencia baja autoestima, sienten vergüenza y evitan hablar sobre su condición en entornos públicos, lo cual agrava su malestar psicosocial.

Para afrontar esta situación, el portal Psychology Today propone diversas estrategias que buscan reducir la ansiedad y prevenir el contacto entre los dientes y las manos. Una técnica clásica consiste en el uso de productos de sabor amargo aplicados sobre las uñas, un recurso que madres y abuelas recomiendan desde hace generaciones. Si bien parece simple, esta medida ayuda a muchos pacientes a interrumpir el impulso. Otras alternativas incluyen el uso de barreras físicas como guantes, medias o dispositivos de retención y placas dentales, elementos que impiden de manera mecánica que el sujeto alcance las uñas con sus dientes.
Sin embargo, ante casos severos, los especialistas sugieren un camino más riguroso. “Comerse las uñas no es un comportamiento normal y sano; si te comes mucho las uñas y te lastimas, consulta con un profesional de la salud para encontrar la raíz del problema”, enfatizó el doctor @contenidomedico.bruno. La superación del trastorno suele demandar una intervención conjunta que integra psicólogos, psiquiatras, odontólogos y dermatólogos.
En situaciones complejas, el equipo médico puede determinar el uso de medicación específica para controlar la compulsión. La detección temprana y la búsqueda de ayuda profesional resultan fundamentales para modificar este hábito dañino y mejorar la calidad de vida, lo que permite a los pacientes recuperar la salud de sus manos y su bienestar emocional.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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