Santi Motorizado: "Soy nostálgico de lo que aún no terminó"
Es el cantante de la banda de rock que más influyó a una parte de la generación sub 35; habla sobre su sueño de ser futbolista
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Hace un tiempo, Santiago Motorizado, de Él Mató a un Policía Motorizado, se compró una camioneta para manejar él mismo durante las giras de su banda por el país. "El otro día volví de Catamarca, manejé doce horas seguidas y me encantó. Algunos me dijeron: «¿Cómo hacés? ¡Es una tortura!». Pero yo lo disfruto muchísimo. Es lindo recorrer la Argentina, ver los paisajes, saber que estamos compartiendo toda esa aventura con los pibes", dice pura sonrisa quien con Él Mató y canciones como "Mi próximo movimiento", "Chica de oro" y "Mujeres bellas y fuertes", entre otras, se fue convirtiendo en uno de los referentes más queridos de la generación que aprendió a expresarse y reclamar lo suyo a través de las redes sociales e Internet, a tal punto que casi no hay momento de Facebook, Twitter, Instagram o similares en los que sus canciones, letras y dibujos no aparezcan citados o parafraseados con cariño o ingenio. "Cuando veo que pasa eso me emociono un montón, es lo más lindo que te puede pasar como autor", celebra.
-Se mueven y gestionan de manera independiente desde que empezaron, a principios del 2000, ¿cómo organizás el día a día?
-Depende mucho de si estamos con gira o no. Cuando es época de recitales, todo va en función de eso: programar las fechas, hacer los preparativos del viaje, generar la gráfica de los afiches y la difusión. En esas semanas uso bastante las mañanas para dibujar. Pongo algún programa de noticias o de política en YouTube, de esos que tienen debate y no requiere que los esté mirando, y me dejo llevar. Otro momento importante es cuando me pongo a contestar mails. Por ahí engancho un par de horas seguidas y ya me siento Usain Bolt porque logré reducir la lista a 20 o 30 mensajes sin responder [risas]. Pequeños triunfos.
-¿Cómo recordás tu infancia?
-La recuerdo bien. Somos cinco hermanos y vivíamos en Barrio Jardín, en las afueras de La Plata. Yo soy el cuarto después de una brecha de cinco o seis años entre mis tres hermanos más grandes y Facundo y yo, los menores. El ambiente en general era bueno, aunque también con algunas pequeñas riñas. Como éramos una familia de clase media muy laburante, la comida no siempre era abundante. Recuerdo tener que apurarnos cuando ponían la bandeja de milanesas sobre la mesa porque si no te quedabas sin repetir.
-¿Tenías grandes sueños de chico? ¿Cuáles eran?
-Sí. Siempre soñé con cantar. Cantaba en la ducha y me imaginaba que había gente. Y también soñaba y sigo soñando al día de hoy con ser futbolista [risas]. De chico soñaba que era como Maradona y ahora sueño que puedo ser como Messi. La historia casi siempre es la misma: yo mismo que debuto en Gimnasia, después me venden al Barcelona, con esa guita ayudo a mejorar la cancha, hago mi carrera en Europa y al final vuelvo y me retiro campeón en el club. Fantasías lindas.
-Siendo toda tu familia de River, ¿cómo fue que te hiciste de Gimnasia?
-Sí, en mi casa eran todos de River y yo era medio de Boca, pero para llevar la contra nomás. Porque en realidad mucho no me importaba Boca. Supongo que mis compañeros de escuela influyeron para que me hiciera del Lobo. Y también un momento que viví con mi viejo, creo que en el 85, cuando Gimnasia ascendió a primera y él agarró una camiseta blanca, la puso sobre la mesa, fue a buscar un tarro de pintura y le pintó una franja azul para al final atarla a un palo y salir en el auto a festejar. Él simpatizaba con Gimnasia se ve y un poco me lo transmitió.
-¿Te llevás bien con él?
--Sí. Físicamente somos muy parecidos. Y como a él le decían Chango por venir de Salta a mí me empezaron a decir Changuito. Después crecí y me convertí en esta cosa grandota, así que pasé a llamarme Chango, no me quedó otra [risas]. A él le gusta mucho el folklore y tocar la guitarra. Lo recuerdo apagando las luces de la pieza mientras mi vieja por ahí hacía la cena y se sentaba en la cama a tocar unas zambas. Entonces con mi hermano Facundo, el más chico, nos poníamos junto a él y lo escuchábamos cantar a oscuras. Una situación muy especial, con una carga melancólica fuerte.
-En la infancia suele haber miedos. ¿Qué cosas te dan miedo hoy?
-[Piensa.] Tengo miedo a la muerte. También a lo ultrasolemne. Por eso suelo hacer chistes, incluso en momentos no tan indicados, porque trato de romper esa seriedad. Siempre con humildad, claro. Porque no soy un vivo. También tengo miedo a los finales, a cuando las cosas terminan. Soy medio nostálgico de lo que aún no terminó.
-¿Y el amor? ¿Cómo lo vivís?
-Siempre fui un melancólico del amor, porque siempre fui un loser con las chicas. Un loser total. Me enamoraba perdidamente y fracasaba. O ni eso: porque para fracasar hay que intentar, y yo no hacía nada. Amaba a la distancia, nunca me animaba a decirle nada a nadie. El peor [sonríe]. Pero bueno, un día conocí a Morita [Mora Sánchez Viamonte, tecladista de 107 Faunos] y mi vida cambió literalmente.
-¿Cómo se conocieron?
-La conocía del colegio y no había mucha relación, casi nula. Ella era dos años más chica. En ese momento Willy, baterista de Él Mató, empezó a salir con Florencia, que es muy amiga de ella. Y ahí hubo un poco más de relación, aunque nunca pasaba nada, siempre distante. Después nos empezamos a juntar más con Manu, guitarrista de Él Mató, que es su hermano, y con el Gato (Javier Sisti Ripoll), cantante de 107 Faunos, que venían del Nacional, y armamos una gran pandilla. Y ella era parte de la pandilla. Entonces nos empezamos a ver más seguido y medio que empezó una relación, aunque sin que llegara a pasar nada. Yo veía que me daba más bola y pensaba: ¿qué está pasando acá? Quedé nocaut, me agarró un miedo total.
-¿Y cómo lo resolviste?
-Fui muy lenteja. Aún hoy Morita me hace bullying con eso [risas]. Tortuga total. Lo máximo que se podía tardar tardé. Por suerte en un momento ya era tan obvio que me animé y por suerte sucedió.
-¿Cómo describirías hoy la relación que tienen después de todos estos años juntos?
-Yo me apoyo un montón en ella. Es un lugar de gran seguridad y solidez para mí. A veces soy de ponerme triste, me agarran unas depresiones severas. Pero cuando estoy con ella está todo bien. Esa cadena de estar mal y ver todo peor se frena. Si no fuera por ella creo que me tiraría de un edificio, hablando metafóricamente. Desde que la conozco soy mejor persona y aprendí un montón. De mí y de la vida.
Un exprimido de naranja
"Mi bebida favorita es el jugo de naranja. Lo tomo mucho a la mañana. En lo posible exprimido. Y sino el Citric, que es lo más parecido. Siento que me energiza, que me da muchas pilas para activar. Después, entre las bebidas alcohólicas me gustaba la cerveza, pero desde febrero que no tomo nada de alcohol. Lo dejé junto al azúcar y las harinas. Y desde entonces me siento muy bien", dice Santiago.
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