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Bienestar

Se fue a vivir al campo donde construyó su propia casa

Alejandro Gorenstein
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24 de mayo de 2019  • 00:14

"Yo todavía no lo creo, no sé si algún día lo voy a creer, todas las noches me tengo que sentar un poco en el parque a mirar mi casa porque es hermosa y hasta parece que tiene cara. Todo el tiempo es un descubrimiento y me doy cuenta que cada vez se parece más a mí. Creo que mi sueño era que en cada rincón, aún desde lo mínimo, estuviese yo. Es un lugar donde tengo el 99% de las cosas que necesito para ser feliz: todas mis herramientas, mi perrita, mis recuerdos, la naturaleza y la seguridad. No hay nada mejor que me haya pasado en la vida".

Valeria Gutiérrez Uribe (47) no oculta la alegría y la emoción cuando se refiere a la coqueta casa que construyó con sus propias manos, en menos de seis meses, en medio del campo, alejada de los ruidos, la rutina y la inseguridad de la ciudad.

La casa de Valeria se encuentra dentro del llamado barrio de la música (cada calle tiene el nombre de reconocidos músicos) y si bien se ubica a unas 10 cuadras del centro comercial de Escobar, como ella misma lo define, "es abismalmente campo".

"El cambio fue natural y saludable. Cuando llegué y comencé a sentir el lugar lo percibí como un espacio sano y natural. Cada día me sentía más cómoda y más alejada de la ciudad".

De la ciudad al campo

Durante un tiempo vivió en Beccar y luego alquiló durante 9 años una casa en Ingeniero Maschwitz. Por aquel entonces viajaba por algunas provincias representando a una marca brasileña de lencería sin costura. Sin embargo, su gran pasión siempre fueron los animales por lo que en paralelo creó un hostel canino donde llegó a cuidar a unos 30 perros mientras sus dueños estaban de vacaciones.

Valeria cuenta que siempre había tenido el sueño de tener su casa propia ya que había sido inquilina durante 27 años. Pero ese deseo venía acompañado con la ilusión de ser artífice de su nuevo hogar. De hecho, recuerda que ya desde los seis años recogía maderas en lo de su tía "Potota" porque le encantaba jugar a construir casas. Cuando creció se apasionó por la carpintería y por la herrería donde actualmente diseña muebles, sillas, placares y cómodas a pedido.

"Lo primero que hice fue seleccionar las maderas"

La muerte de su perra Maitea, una pitbull que la había acompañado durante ocho años y medio, fue el motor que la impulsó a adelantar su proyecto con el objetivo de canalizar todo ese dolor que sentía a través del arte.

"Lo primero que hice fue seleccionar las maderas, las separé por tamaño, compré pilotines de quebracho y con una amiga empezamos a hacer 32 pozos. Una vez que tuvimos la base, colocamos las maderas arriba de los pilotines y por arriba unos fenólicos. A partir de ese momento comenzamos a armar los bastidores. Con maderas de 2x4 pulgadas fuimos armando cuadrados de determinadas medidas y los empezamos a unir por unos troncos para hacer una especie de encadenado con los mismos bastidores y la columna le dio un gran sostén, todo muy bien agarrado. Una vez que ya tenía determinada la altura, lo que hice fue poner el entrepiso porque no tenía escaleras y de esa forma podía llegar hasta la parte más alta", explica Valeria.

Construcción de barro

Para realizar su casa, cuenta Valeria, tuvo muy en cuenta la orientación. Entonces, decidió hacer el baño en la pared sur para que la casa tuviera una cámara de aire y evitar que le llegue el frío o el calor. "Cerré la pared desde donde venía el sol en el verano y diseñé dos ventanitas para tener ventilación cruzada. Las paredes son de bioconstrucción, hechas de barro, y lo mejor es que sacan lo negativo de la casa y ponen lo positivo de adentro hacia afuera, es decir, regulan las temperaturas".

La parte principal de su casa mide 6x4 metros, sin contar la cocina y el baño que son ambientes pequeños. Y el piso de arriba, una especie de loft donde tiene su habitación, mide 4x4. "Lo que falta es terminar la cocina, agregar un par de ventanas. Ahora estoy en la fase uno de la colocación del barro. Me faltan dos etapas más, pero ya estoy abrigada y puedo pasar el invierno", aclara.

Arte Valiente

Todas las mañanas Valeria sale a caminar en compañía de su perrita Neytiri, una simpática jack russell que la acompaña a todos lados. Luego, se pone a trabajar en el mantenimiento de la casa o se dedica a realizar alguno de los pedidos de sus clientes.

Además, disfruta de su proyecto Arte Valiente donde, entre otras cosas, brinda cursos de carpintería y herrería a otras mujeres. "Surgió la idea de compartir mis conocimientos a otras chicas porque a mí me costó mucho aprender todo lo que aprendí. Es un ambiente más de hombres, no te tiran tanta data y para aprender a ser una buena herrera me tuve que quemar mucho. Entonces, generé un espacio que tiene el objetivo de hacernos guapas y de empoderarnos desde el manejo de todas estas herramientas", cuenta.

Valeria confiesa que le parece que vivió la vida de cinco personas, con intensidad, pasión, mucho compromiso por lo que hace y que, finalmente, se siente muy realizada al haber podido cumplir el sueño de vivir en el campo y construir su propia vivienda. Una gran felicidad.

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