
Tienen menos de 30 años y dejaron todo en la ciudad por la vida de campo: “Hemos sembrado una gran cantidad de árboles frutales”
Génesis y María José Rodríguez abandonaron sus empleos en San Pedro Sula y hoy combinan ganadería, reforestación y manejo sostenible en Atlántida
4 minutos de lectura'

Hace cuatro años, Génesis y María José Rodríguez dejaron sus empleos en San Pedro Sula para hacerse cargo del Rancho Rodríguez, una propiedad familiar ubicada en Flores de Leán, en el municipio de Esparta, Atlántida, Honduras. Génesis, de 30 años, se ocupa de la administración, mientras María José, de 26, trabaja con el ganado y participa de las tareas productivas de la finca.
Dos hermanas dejaron la ciudad y eligieron la vida de campo en Honduras
En una entrevista publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), las hermanas explicaron cómo transformaron la propiedad familiar y comenzaron a combinar la producción ganadera con prácticas de conservación.
“Hemos sembrado una gran cantidad de árboles frutales y maderables y, al haber más sombra, el ganado se mantiene más calmado”, contó Génesis.

Las dos nacieron en San Pedro Sula, donde también estudiaron. Génesis se graduó en Diseño Gráfico y María José es licenciada en Enfermería.
El regreso al rancho implicó dejar atrás sus actividades profesionales y aprender una rutina vinculada con el cuidado de los animales, el manejo de los potreros y las necesidades de la finca.
Actualmente, ambas trabajan junto a su madre. Génesis está al frente de las tareas administrativas y María José desarrolla las actividades de campo con el apoyo de ordeñadores y cuidadores.
La historia del rancho está relacionada también con la trayectoria de su padre, quien emigró a Estados Unidos hace 26 años en busca de mejores oportunidades.
“Papá es un hombre luchador y siempre soñó con esto, sus animales, sus vacas. Aún no lo ha podido ver, solo a través de la pantalla”, contó María José.
Además, destacó las cualidades de su madre: “Es una mujer muy luchadora y soñadora. Le encanta el rubro y se siente orgullosa de nosotras, sus hijas”.
Los árboles cambiaron el rancho y ayudaron al ganado
Uno de los principales cambios fue la incorporación de prácticas silvopastoriles. Las hermanas comenzaron a plantar árboles frutales y maderables para generar sombra, favorecer al ganado y recuperar sectores de la propiedad.
La reforestación fue importante frente a la falta de lluvias, que anteriormente afectaban a la finca. “Al inicio nosotros sufrimos bastante por la sequía porque en nuestra propiedad no había árboles. Ahora, al reforestar, hemos visto que las fuentes de agua que tiene la propiedad duran más tiempo y ya no se nos secan, y crece más el pasto”, explicó Génesis.

El cambio también llevó a revisar algunas prácticas que habían aprendido de generaciones anteriores. Entre ellas estaba la idea de que no debía haber cercas vivas, una concepción que las hermanas comenzaron a modificar a partir de los nuevos conocimientos adquiridos.
También incorporaron cercas eléctricas para organizar los potreros y controlar mejor el pastoreo. “Esto nos ha ayudado en el manejo del ganado, porque el sardo negro es una raza temperamental. Pero el beneficio más grande ha sido mejorar el pastoreo, permitiendo un descanso de las áreas para su recuperación”, señaló Génesis.
En el marco del proyecto se facilitaron 25 sistemas de cercas eléctricas, que contribuyeron a mejorar el manejo del pastoreo en 11.224 hectáreas.
Las capacitaciones de la FAO ayudaron a llevar adelante el rancho
Los cambios en la finca estuvieron acompañados por capacitación. Génesis se formó como promotora comunitaria de la ganadería sostenible, con conocimientos sobre alimentación y manejo del ganado, inseminación, salud animal, tecnología y conservación de la biodiversidad.
“Estas capacitaciones nos han ayudado para aplicarlas en nuestro rancho y también para ofrecer apoyo a nuestra comunidad”, destacó.
Según las hermanas Rodríguez, durante el último año la producción diaria de leche pasó de 22 a 100 litros.
También reportaron mejoras en la reproducción del ganado, con un parto por vaca al año y un incremento de 22 crías anuales.
La experiencia forma parte del Proyecto Protegiendo la Biodiversidad y Recuperando Ecosistemas Degradados (RECOVER), implementado por la FAO y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF).



