
Twin Peaks, el regreso según Mark Frost
La otra cabeza de David Lynch en una de las series más destacadas de la historia habla con La Nación revista sobre la tercera temporada que se estrenará en 2017. Realismo mágico, arte de masas y la influencia de su criatura en la televisión de hoy
1 minuto de lectura'


NUEVA YORK
Así como el agente Cooper examina una bandeja de donas, la mirada de Mark Frost se dirige a los asientos ocupados, se acomoda la boina y acaricia con los pulgares los tiradores de su camisa. Hay un riguroso orden y el sistema casi marcial exige esta mecánica. En el último piso de la librería de Union Square, un grupo de fanáticos de Twin Peaks espera el autógrafo de un artista descomunal. La boina –literalmente, porque la boina existe y es verde, como el color institucional de esta tienda de doble apellido– vigila que la fila no supere jamás los diez lectores. El resto espera, con su ejemplar del libro The Secret Story ofTwin Peaks, la indicación para sumarse a la fila. El absurdo y la obsesión se palpan en esta atmósfera, son parte de la naturaleza humana, de la vida y de la muerte, pero algunos pocos pueden absorberlos, amasarlos y crear un universo complejo con el don de la palabra y la emoción. Frost es el urbanista, el arquitecto, el (para)psicólogo, el chamán y el fiscal de una de las series de TV más elogiadas de todos los tiempos. Junto con el director David Lynch le dio vida en 1990 a esta historia que desde su segunda y última temporada, en 1991, dejó apenas hilvanadas las teorías y sed de resolución de sus espectadores (en 1992 se entrenó Fire Walk With Me, pero no como parte de la serie, sino como largometraje que tampoco le daba un cierre). Más de veinticinco años después, Laura Palmer y los habitantes de ese limbo de terciopelo rojo buscan su revancha. Frost y Lynch exhuman este relato polifónico donde aún queda tanto por decir. Showtime emitirá en 2017 este regreso en los Estados Unidos. La cadena aún no puede confirmar qué señal lo hará en la Argentina.
La reina de belleza de esa ciudad ficticia de Washington, esa colmena de 51.201 habitantes, aparece muerta, envuelta en una bolsa de plástico, luego de haber sido violada y torturada. Un sagaz agente del FBI viaja a estas coordenadas para resolver el misterio utilizando métodos no ortodoxos, como la meditación, la sabiduría tibetana, incluso la interpretación de sus sueños. La serie obtuvo 14 nominaciones al Emmy en su primera temporada, y un Globo de Oro para el mejor actor protagónico, estatuilla que se llevó Kyle MacLachlan. La serie se instaló en la cultura popular y tres de sus actrices (Sherilyn Fenn, Lara Flynn Boyle y Mädchen Amick) posaron para la tapa de Rolling Stone. La crítica tardó en reaccionar: ¿es un policial? ¿Un culebrón? ¿Una historia de terror? El adjetivo bizarro era la muletilla más recurrente para una historia que mezclaba lo sobrenatural con el infierno de un pueblo chico [The New York Times se refiere con este calificativo a sus personajes en una crítica de abril de 1990].
Amable, cálido, sereno, de dicción perfecta, Frost tiene mucho en común con el héroe de Twin Peaks, aunque sea mucho más conciso en las respuestas y evite las digresiones del agente Dale Cooper, el personaje que interpreta MacLachlan. Desde su casa en Los Ángeles, días después de la presentación del libro en Nueva York, pide disculpas por teléfono varias veces: no puede dar detalles precisos sobre el regreso de la serie. Hay dos escenas clave, incluso proféticas, del último episodio de la segunda temporada que dan indicios sobre el devenir de la trama, porque los creadores no imaginaron volver un cuarto de siglo después a los bosques y las cataratas de Twin Peaks. Frost no quiere analizarlas y se ríe de todas ella, y al mismo tiempo las considera plausibles. Esta historia de pasiones exacerbadas es también una reflexión sobre el Mal que habita dentro de cada persona, la oscuridad que cada alma intenta, o no, iluminar.
Frost, antes de sentarse junto a Lynch a escribir este nuevo guión, ideó un libro donde, a modo de archivo y de diario, se hunde en las historias mínimas y subterráneas que tejen este universo único y en aquello que les ocurrió en los últimos 25 años a los personajes. “Esto no es una secuela. Es un modo de retomar la historia. Esa puerta siempre estuvo allí, abierta”, anticipa.
¿Pudo ver algún capítulo ya editado?
No hay por el momento ningún episodio completo, sólo escenas filmadas. Creo que la gente estará muy satisfecha con el resultado. En realidad me gusta pensarla más como una película larga que como una serie.
¿Qué puede adelantar de esta continuación?
Sólo eso que te acabo de decir. Acordamos no hablar en absoluto de ello. Será una gran sorpresa, ojalá, como ocurrió por entonces con el primer episodio.
¿En qué cambió la TV en estos años? ¿Cuál es la diferencia de escribir la serie en 1990 y en 2016?
Es bastante igual. Hay un espíritu similar, con la diferencia de que tenemos un poco más de libertad que antes. La primera vez lo hicimos todo nosotros dos. No teníamos otro autor ni a una gran cadena que nos indicara cosas. Tuvimos una gran libertad creativa. De todos modos, es difícil compararlo porque lo nuestro fue algo bastante inusual en su momento y lo sigue siendo ahora también. En general los creativos de TV tienen hoy más posibilidades que las que teníamos y hay más canales de distribución y producción que antes. Este es un gran momento para la comunidad creativa y hay más lugares para ser escuchados.
David Chase, el creador de Los Soprano, dijo que no podría jamás haber creado la serie si no hubiese antes existido Twin Peaks. ¿Percibe la influencia de la serie en otras producciones?
Hay algunos realizadores que obviamente intentaron recrear elementos de Twin Peaks, pero lo que me sorprendió es que hubo algunas series que me impactaron cuando las vi, en su momento, y luego me enteré, porque así lo dijeron sus creadores, que su mayor influencia había sido la de nuestro programa. Hablo de la inspiración que luego les permitió seguir con sus propios instintos y transmitir su visión. Esto es tremendamente gratificante.
¿Cómo es trabajar con Lynch?
Tuve una premonición el día que lo conocí: “Voy a trabajar con este tipo alguna vez”, me dije. Es algo que no se lo conté hasta hace poco. Tenemos una gran relación, muy divertida y productiva. Nada ha cambiado entre nosotros en estos 30 años. Nos conocemos hace tanto tiempo…
¿Volverá él a actuar en la serie [interpretaba al agente Gordon Cole]?
Lo siento, no puedo decir nada. Estaba genial en el papel, ¿no?
¿Cómo explica su simbiosis con Lynch?
Con David tuvimos una banda y la gente seguía pidiéndonos las mismas canciones, temas que nos gustaba volver a tocar una y otra vez, y así lo hicimos. Con Twin Peaks nos pasó lo mismo que con nuestra música: decidimos sacar un nuevo álbum para seguir tocando juntos, porque tenemos cosas para decir y nos divierte.
¿Es cierto que se reunieron durante un año antes de comenzar a escribir el nuevo guión?
Había una especie de clamor entre los fanáticos. No había visto la serie desde su emisión y lo que hice fue ver el último episodio. Me sorprendió ver que ahí estaba nuestra puerta de ingreso y se lo dije a David en un almuerzo. Y así comenzamos a hablar y a discutir cuestiones durante un largo tiempo. Es que estuvimos tan lejos de Twin Peaks durante tantos años que queríamos estar seguros de ir por la senda correcta.

Existen tesis y estudios académicos sobre la serie, incluso algunas que hablan de la reminiscencia con ideas de Jorge Luis Borges, ¿los leyó?
No, no lo he hecho. Mi filosofía consiste en la idea de que no podés ser, al mismo tiempo, el creador y el fan de tu propia serie. No me sentaría a releer un libro que he escrito porque ya conozco el final. No estoy pendiente de las reacciones en torno al show porque te afectan un poco en el subconsciente.
Hablando del subconsciente y de otras influencias, ¿siente que quizá hay algo de realismo mágico en Twin Peaks?
¡Sí! Soy un gran fan de esa escuela de escritores. Pensaba en ellos cuando escribía The Secret Story of Twin Peaks y creo que este libro es una especie de homenaje, una versión estadounidense del realismo mágico de América latina.
Fuenteovejuna en el siglo XX
“Todos matamos a Laura Palmer”, grita Bobby Briggs (Dana Ashbrook) en el funeral de su novia. Esta es una de las escenas más recordadas de la primera temporada, donde la lente se posa en todos los sospechosos del asesinato, pero también en los culpables de otros delitos, desde la indiferencia hasta el abuso. Gran parte del misterio y la magia de Twin Peaks se sustenta en el elenco de personalidades salvajes, violentas, torturadas y sensuales: desde el agente travesti que interpretó David Duchovsky, hasta la nasal secretaria que compuso Kimmy Robertson, el monstruoso Ray Wyse, o la bondad del doctor Hayward, interpretado por Warren Frost, padre del autor. Las redes sociales y la base de datos IMDB aseguran para este regreso la presencia de la mayoría de los actores del elenco original y se tejen varias hipótesis, pero por el momento sólo están confirmados aquellos que participaron del tráiler oficial, donde aparece, como novedad, Jim Belushi. Los creadores no confirman ni niegan ninguna información. A la cortina y el tema instrumental de apertura, hoy un clásico, compuesto por Angelo Badalamenti, se le sumará una nueva partitura de Eddie Vedder.
En este relato especular, donde son dos los picos nevados, donde hay dos damas idénticas, existen dos mundos paralelos –vigilia y sueño–, son dos las dimensiones, y donde, de modo explícito, el espejo sirve para revelar el doble, o la oscuridad de algunas personas, Twin Peaks sabe a tarta de cereza y huele a pino y a café.
¿Tiene algún personaje favorito?
Es difícil decirlo. Quizá, obviamente, mi favorito sea el agente Cooper, pero tengo afecto por todos. Tienen vida dentro de mi cabeza y de la cabeza de David también. Fue muy interesante volver a encontrarme con ellos, volver a conocerlos y a pensar cómo estarían ellos hoy. Eso me lo permitió el libro, donde tuve, en un sentido narrativo, más tiempo y espacio que en el guión.
Como productor, ¿participó del casting?
Mmmm… Algo, pero en realidad quien se ocupa de eso es David, quien tiene un gran ojo para los actores. Confío plenamente en él, y es algo de lo cual no tengo que preocuparme cuando producimos juntos. Me da espacio para atender otras cuestiones. Me alegra que así sea.
¿Cómo trabaja los vínculos entre los personajes?
Empecé a escribir cuando tenía 11 años y a los 15 ya había escrito tres novelas. Lo hice de modo instintivo toda mi vida. Este es un mundo que conozco hace bastante y los revisité hoy como una persona mayor. Me interesa mucho trabajar los vínculos. Lo divertido de escribir esta historia es que como residentes de este mismo pueblo, cada uno se conoce a sí mismo. No es la historia de individuos, sino de cómo nos vinculamos y conectamos como una comunidad. Esa es la esencia de cada historia humana: cómo estamos aislados y cómo nos vinculamos con los demás. Y quizá, a partir de este análisis, quizá podríamos concluir que los Estados Unidos hoy necesitan hacer terapia.
¿Qué le parece el epíteto serie de culto con el que se refieren para hablar de Twin Peaks?
Bueno, sería de culto si se aceptara que 33 millones de personas vieron su primera temporada. Es un culto bastante grande, ¿no? Lo sorprendente es que se emitió dentro del mainstream [los jueves, a las 21, por ABC] y era algo muy diferente a todo lo que estaba en la TV por ese momento y aún así tuvo ese impacto.
¿Es fan de alguna serie?
Me gusta mucho Los Soprano, recientemente vi Fargo y opino lo mismo. También creo que Mr. Robot es excepcional y ahora me hice muy fan de esta serie de HBO Westworld. Me gusta que las historias me cautiven, como a cualquier otro espectador.
En Twitter usted ha mostrado su descontento con el resultado de las elecciones y la victoria de Donald Trump. ¿Existe alguna reflexión política en el universo de Twin Peaks?
Creo que sí, porque todo trabajo es, en algún punto, incluso aunque no lo sepas, político. El show no hace una reflexión contemporánea sobre estas últimas elecciones porque el libro fue escrito antes del resultado de las mismas. Lo que sí quiero es que los espectadores lo decidan por ellos mismos, que saquen sus propias conclusiones. Esa es la belleza de escribir historias.
Pero, por ejemplo, ¿imagina que la señora Martell votó a Trump o que Cooper lo hizo por Hillary Clinton?
Creo que cada espectador sabe bien que él [por Trump] ganó de modo abrumador en los Estados Unidos y Twin Peaks no es otra cosa más que un ejemplo de los Estados Unidos.





