Extremos que lastiman

Sandra Choroszczucha
Sandra Choroszczucha PARA LA NACION
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13 de octubre de 2020  • 22:50

En pocos días llegaremos en Argentina a cumplir 7 meses de vida en modo cuarentena, cuarentena que se planteó obligatoria y muy estricta, prohibiendo infinidad de actividades laborales y sociales desde que comenzó el 20 de marzo de 2020. Por momentos se plantearon ciertas flexibilizaciones puntuales, que sufrieron retrocesos frente al empeoramiento de nuestra performance sanitaria para hacerle frente al coronavirus. Así transcurrieron meses, siempre bajo el imperativo de una cuarentena obligatoria, es decir con fuerza de ley. Hasta que, el mal humor social (justificado frente a economías domésticas destruidas, otras enfermedades postergadas y mentes perturbadas por el encierro y el aislamiento físico y social), comenzó a presionar hacia mayores aperturas. De tal modo, el descontento ciudadano comenzó a dictar la agenda sanitaria del gobierno. Vale decir, cuando el virus empezó a circular cada vez con mayor fuerza y velocidad y los contagios y muertes empezaron a escalar sin piedad, comenzó a plantearse y a instrumentarse el incremento de gran cantidad de flexibilizaciones en numerosas actividades laborales y sociales.

En estos casi siete meses, tuvimos un número elevadísimo de mensajes oficiales y conferencias de prensa, donde la "cumbre quincenal", conformada por el presidente Alberto Fernández, el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires (PBA), Axel Kicillof, nos comunicaba sobre la exitosa estrategia sanitaria argentina y agradecía a una ciudadanía que respetaba los confinamientos con mucha disciplina. Nuestro presidente presumía que éramos el ejemplo a seguir por el mundo entero para combatir al coronavirus.

Mientras tanto, ignorando el "diario del lunes" pandémico europeo, la dirigencia política argentina advirtió por primera vez que los geriátricos eran un epicentro de enorme contagio al mes de comenzada la cuarentena. Un elegante geriátrico del barrio de Belgrano develó (a través de imágenes trasmitidas desde los medios de comunicación) que no se controlaban estos espacios y que el virus circulaba y mataba gente (la Organización Mundial de la Salud había alertado que la mayoría de los fallecimientos por covid-19 en Europa se correspondían con personas que habitaban en geriátricos). El 19 de mayo, a un día de cumplirse dos meses de declarado el aislamiento social, preventivo y obligatorio, por primera vez funcionarios políticos y personal sanitario ingresaron a barrios vulnerables en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), y por supuesto el panorama fue más que desalentador, debido a que un epicentro de enorme aglomeración y tránsito de personas no podía más que presentarnos miles y miles de contagiados por coronavirus. La PBA se tomó un tiempito más para ingresar a la enorme cantidad de barrios vulnerables bonaerenses, para empezar a medir y constatar que los contagiados también se contabilizaban de a miles.

Las cárceles, sitios donde también la aglomeración de personas es la regla, fueron "intervenidas" al mes de comenzada la cuarentena, a través de una medida que dispuso liberar presos de alta peligrosidad (dicha medida resultó en una gigantesca protesta de la sociedad desde sus balcones y ventanas, y los presos debieron volver a las cárceles, mientras un buen proyecto del presidente Fernández destinado a construir unidades médicas intramuros quedó en la categoría de "un buen proyecto"). Respecto al transporte público, nos contaban cada quince días que estaba siendo estrictamente controlado para que solo pueda ser utilizado por trabajadores esenciales. Sin embargo, en el mes de julio, a cuatro meses de declarada la cuarentena obligatoria, volvimos a fase "cuarentena súper estricta", el virus comenzaba a proliferar con mucha más velocidad en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), entre otras cosas, porque nos comunicaban nuestros dirigentes políticos, que había que controlar la circulación de personas en el transporte público, esta vez sí (parece que la otra vez no).

¿Por qué colocar de relieve estas faltas o fallas en una estrategia sanitaria que debía acompañar al mayor equipamiento (logrado) del sistema de salud público y privado? Porque la estrategia sanitaria que presumía superar a las perseguidas por Suecia o el País Vasco, demostró ser una deficiente estrategia, y una deficiente estrategia lleva con frecuencia a una deficiente gestión. En aquellos países que sin presumir ser los mejores, fueron los mejores en esta cruzada contra el coronavirus, los tempranos testeos para la detección del virus fueron el más eficaz instrumento para atender a las personas infectadas y aislar a los contactos estrechos inmediatamente. En Argentina se discutía que no eran necesarios los testeos, o nos contaban nuestros funcionarios públicos que iban a ingresar rápidamente infinidad de reactivos desde diversos países, pero no ingresaban. Así, tarde, cuando el virus ya circulaba entre millones de argentinos comenzó la "operación testeo", y ayudó a controlar que prolifere con menos agresión el virus en determinados espacios, pero no pudo frenar la proliferación del mismo en otra gran cantidad de sitios, principalmente en la región del AMBA y posteriormente trasladándose al resto del país.

Finales de septiembre de 2020: la cuarentena cumple medio año en una Argentina que comienza a colocarse en el lugar sexto en mayor número de infectados y lugar decimosegundo en mayor número de fallecidos del mundo, por coronavirus. Vale aclarar que, si bien los testeos comenzaron a incrementarse fuertemente, Argentina se encuentra entre los países menos testeados de la región sudamericana. Por su parte, los datos que deben cargarse informando sobre los números de fallecidos también admiten fallas y enormes atrasos. Por tal motivo, es probable que en el ranking de países con mayor número de infectados y muertes por coronavirus, ocupemos un lugar bastante más preocupante que el que se nos presenta.

Si bien los testeos comenzaron a incrementarse fuertemente, Argentina se encuentra entre los países menos testeados de la región sudamericana

¿Qué pasó cuando comenzó a notarse que las cosas se ponían muy mal entre nosotros y el coronavirus? Nuestros dirigentes políticos decidieron no comunicarnos durante semanas sobre un flagelo sanitario que nos mantiene en vilo hace meses y que había comenzado una súper escalada al mismo tiempo que empezaba a saturar el sistema sanitario.

Pero, finalmente, el viernes 9 de octubre, volvió el presidente a escena (con filminas incluidas) para contarnos sobre el estrés que sufre nuestro sistema de salud, pedirnos que nos aislemos lo más posible para poder colaborar en esta batalla contra el virus, y nos informó que en el AMBA la situación sanitaria está mejorando mientras en varias provincias del interior está desmejorando de modo preocupante. Finalmente, luego de pedirnos que sigamos confinándonos todo lo posible, nos comunicó que había llegado el momento de que las provincias del interior hagan lo que había hecho el AMBA.

Por su parte, el jefe de gobierno porteño nos comunicó que, en la CABA, exceptuando la apertura de shoppings, el resto de las actividades se abrirán todas, incluida la vuelta a las escuelas (apertura que se realizará de manera progresiva priorizando que comiencen en primer lugar los últimos grados y años de primaria y secundaria). Nos relató que hace escasos días la saturación del sistema médico había escalado a un preocupante 70%, y luego con entusiasmo nos contó como venía mejorando la situación sanitaria en la ciudad porteña, mientras los ciudadanos de a pie relatan a través de redes sociales y medios de comunicación que no están recibiendo la atención médica adecuada en los centros de salud porteños públicos y privados, porque la causa coronavirus sigue ocupando el centro de atención sanitaria.

El presidente Alberto Fernández considera que el virus sigue siendo de alta peligrosidad, y que para hacerle frente actualmente en las provincias más castigadas, hay que tomar el modelo perseguido por el AMBA (¡modelo que nos llevó a ubicarnos entre los países con mayor número de infectados y muertos del mundo!), el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en su última conferencia de prensa parecía ser Carolina Cosse, la nueva intendenta de la capital uruguaya (Uruguay al 10 de octubre muestra un total de 50 muertos, y actualmente cuenta con 18 personas infectadas por coronavirus), mientras de modo entusiasta, nos relataba como el virus está siendo controlado y nos informaba sobre la infinidad de aperturas que habrá en los próximos días en la capital de una nación, que, ¡se ubica entre los países con mayor número de infectados y muertos del mundo! El gobernador de la PBA, Axel Kicillof no pudo participar de esta serie de comunicaciones el viernes último, porque se encontraba aislado por ser un caso sospechoso de coronavirus.

Tal vez ahora sí, es momento de compararnos con naciones que no se encuentran en primeros lugares de infectados y muertes por coronavirus, que no apelaron exclusivamente a la cuarentena para poder enfrentar la pandemia, y que no decidieron flexibilizar desmedidamente los confinamientos en el momento donde el virus más fuerte las golpeó.

Politóloga y Profesora (UBA)

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