La historia del crítico tan temido
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Qué rapidamente nos olvidamos de los críticos! Hay sin embargo algunas excepciones; por ejemplo, la del mayor crítico de literatura alemán de la segunda mitad del siglo XX, que era en realidad polaco: Marcel Reich-Ranicki. Cuando en 1999 publicó Mein Leben (Mi vida), una rara autobiografía colmada de agudezas, el libro, entre agosto y noviembre, alcanzó las nueve ediciones. Los listados de best seller no sirven más que para satisfacer las cuentas bancarias de las industrias editoriales y la vanidad de ciertos escritores, pero en todo caso probaron esta vez que alguien quería leer a un crítico, sus juicios, sus interminables anécdotas. Reich-Ranicki era el más temido, el mejor, el más incorruptible. Escribió: "Como todo crítico, quise educar, pero no al escritor. No valdría la pena educar a un escritor que se dejara educar".
Estaba convencido de que sin amor a la literatura no hay crítica. Es bastante evidente: incluso en la impugnación, y sobre todo en ella, el crítico no persigue más que defender, a veces angustiosamente, aquellas obras que ama, las ideas que la justifican.







