Recuerdos de un poeta en formación

Madrid celebra el centenario de la llegada de Federico García Lorca a la Residencia de Estudiantes, espacio que renovó la cultura española de la época
Laura Ventura
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3 de marzo de 2019  

MADRID

Madrid también era una fiesta. En los años veinte, tiempos dorados de bohemia, ebullición intelectual y exploración estética al compás de las vanguardias, la capital española hospedaba ideas y genios. Cada paso y cada taco, de norte a sur de la avenida Castellana y viceversa, dejaba una huella. Muchos jóvenes españoles admiraban París, musa y meca indiscutida de una generación, sin saber que un siglo después serían ellos –andaluces, catalanes y aragoneses– los admirados. Madrid por entonces tenía 600.000 habitantes y el tranvía tardaba 20 minutos desde la Residencia de Estudiantes hasta la Puerta de Alcalá, las coordenadas que eran el epicentro de la movida, donde se abrían los bares de jazz y se abanicaban las tertulias literarias.

Dalí y Lorca, fotografiados por Buñuel junto a José "Pepin" Bello Lasierra, a mediados de la década de 1920
Dalí y Lorca, fotografiados por Buñuel junto a José "Pepin" Bello Lasierra, a mediados de la década de 1920

Pero la verdadera magia estaba en la institución que albergaba a algunos espíritus indómitos, en aquellas habitaciones donde estaba prohibido beber, en dormitorios con vista a la sierra, allí donde terminaba la ciudad y donde comenzaba un nuevo modo de concebir la educación. Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel brillaron en este centro cultural. Por todo eso, este año Madrid celebra el centenario de la llegada del poeta andaluz a la ciudad, a la Residencia de Estudiantes en particular, con eventos que recorren su obra e influencia.

Mucho más que un sitio de alojamiento para los señoritos que llegaban desde sus provincias a Madrid, la Residencia de Estudiantes era el laboratorio donde, con esmero y atención, se cultivaban 150 selectas semillas que Francisco Giner de los Ríos se proponía hacer germinar. Este intelectual impulsaba un proyecto pedagógico amplio llamado la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876, que perseguía una educación laica inspirada en las ideas del filósofo Karl Christian Friedrich Krause, que también llegaron hasta la Argentina de su época. La Residencia, cuyas puertas se abrieron en 1910, era la cuna de aquellos líderes que conducirían el progreso de España, quienes ayudarían a levantar la confianza minada de una nación pobre que ya había perdido todas sus colonias en América.

Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Manuel de Falla, José Ortega y Gasset, Rafael Alberti y Santiago Ramón y Cajal, entre otros destacados españoles, acudían a los eventos que se celebraban en los pabellones de la Residencia, rodeada por jardines que el mismo Juan Ramón Jiménez –premio Nobel de Literatura y autor de Platero y yo– había diseñado. Las conferencias y los ponentes invitados eran un imán para los residentes, así como también para eruditos extramuros. Albert Einstein, Marie Curie, H. G. Wells, Paul Valéry, Igor Stravinsky, Maurice Ravel, John Maynard Keynes, Alexander Calder, Walter Gropius, Henri Bergson y Le Corbusier, entre otros, presentaron allí sus teorías e ideas originales. Además, "La Resi", como le decían sus habitantes, oficiaba como editorial (su publicación más destacada fue la Poesía completa de Antonio Machado, en 1917). Allí se compartía la emoción y el fervor por los libros y por autores que derrumbaban clisés y proponían senderos alternativos de pensamiento. Quizá el más popular haya sido Sigmund Freud, señala Ian Gibson en Dalí joven, Dalí genial (Aguilar).

Obtener un cupo en la Residencia no era sencillo, y aunque allí se hospedaba a una elite académica, lograr el pasaporte de ingreso en aquellos pabellones cosmopolitas no era una cuestión de dinero. Para ser aceptado en aquel reducto, los estudiantes debían contar con una convincente carta de recomendación donde la prestigiosa firma que los postulase destacara sus virtudes. Por entonces, otros jóvenes estudiaban en Madrid, como Jorge Luis Borges, quien se alojaba en plena Puerta del Sol, en una "pensión americana", tal como reza hoy la placa casi imperceptible sobre una tienda de cosméticos que señala que allí escribió sus primeros poemas ultraístas. En 2017, Roger Tinnell halló una carta que Lorca le escribe a su amigo Adolfo Salazar, donde se lamenta no haber podido conseguir plaza aquella temporada: "¿Iré a Madrid? Gestiona tú algo… pero muy delicadamente y sin decir que yo te lo he dicho. ¡Qué fastidio!… y qué niño soy. Me figuraba que ir a la Residencia era cosa de decir voy y ya está".

"Fue el inicio de uno de los experimentos educativos más fascinantes de la historia española […] Pretendía ofrecer una combinación de alojamiento cómodo, tutoría extraoficial y ambiente interdisciplinario. Se hacía hincapié en la importancia del esfuerzo colectivo y de la responsabilidad personal, y una sobria austeridad caracterizaba la organización y la decoración de la casa. La frivolidad no se toleraba, y se entendía que la diversión tenía que ser ‘sana’", escribe Gibson. Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia desde su creación en 1910, había pasado una temporada en las universidades de Oxford y Cambridge, de donde importó aquellas iniciativas de excelencia.

En 1917 se instala en la Residencia el hijo de un rico empresario aragonés que había hecho su fortuna en Cuba, Luis Buñuel. Dos años después ingresa García Lorca, recomendado por el político Fernando de los Ríos. El joven andaluz, hábil orador, seduce de inmediato con su verba al director de la institución en la entrevista de admisión. Durante una década y de modo intermitente, el poeta, que también regresaba a Granada por temporadas, encuentra íntimos amigos y un ambiente de tertulia constante. Dalí llega en 1922 a la Residencia y, víctima de una timidez que luego vencería, estuvo recluido en sus estudios los primeros años. Sería José "Pepin" Bello Lasierra quien presentara a Dalí y a Lorca. Entre ellos nació una gran amistad, pasaron un verano junto al mar de Cadaqués y el pintor le regaló Naturaleza muerta.

Lorca, Dalí y Buñuel eran compañeros de juegos y andanzas –se encerraban durante días en sus habitaciones con comida y agua y fingían ser náufragos–, ensayaban o asistían a las funciones que se presentaban en la Residencia, como una versión libre de Don Juan dirigida por el poeta. El filólogo Américo Castro les prestaba su casa en la fascinante Toledo, y allí se trasladaban los amigos para compartir un fin de semana. En 1923 Buñuel creó "la Orden de Toledo", donde se nombra a sí mismo condestable, integrada por Lorca y su hermano Paco, Alberti, Bello, Dalí, José Uzelay y Ernestina González.

"Para acceder al rango de caballero había que amar Toledo sin reserva, emborracharse por lo menos durante toda una noche y vagar por las calles. Los que preferían acostarse temprano no podían optar más que al título de escudero", recordaría luego el director de Un perro andaluz (1929). Fue precisamente esta película motivo de desilusión por parte de Lorca, quien creyó encontrar no solo en el título, sino también en un personaje, una burla hacia su persona. La relación entre estos artistas ya no fue la misma y osciló con la llegada de la fama y el prestigio, dos beneficios que impulsaron el abandono de la Residencia para pasar a viviendas quizá más coquetas, pero jamás tan divertidas.

Hoy, la Residencia oficia como un hotel donde se albergan investigadores y profesores. En este lugar, la sobrina de Lorca, Isabel García Lorca, y el Consejero de Cultura de Madrid anunciaron el "Año Lorca 2019", una serie de eventos que le rendirán homenaje al desembarco del poeta y dramaturgo a la capital hace un siglo. Durante tres días (del 3 al 5 de mayo) los Teatros del Canal desplegarán un programa integrado por once obras escritas o inspiradas en Lorca, como Rango, una versión en clave flamenca de La casa de Bernarda Alba, Amor de Don Perlimplín y Belisa en su jardín, de Darío Facal, o la feminista Esta no es la casa de Bernarda Alba, de Carlota Ferrer. La Noche de los Libros (19 de abril) y La Noche de los Teatros (30 de marzo) dedicarán su programación a Lorca, mientras que otros eventos como el Festival de Otoño (del 15 de noviembre al 1° de diciembre), Suma Flamenca (del 5 al 13 de junio) y Teatralia (del 8 al 31 de marzo) rendirán tributo al Duende español. Habrá también una maratón de cine en el Cine Estudio Bellas Artes con película basadas en la vida y obra de Lorca (1° y 2 de mayo).

Primero como una brisa y luego como un vendaval, esta generación de españoles sacudió los principios "putrefactos", adjetivo que utilizaban para desdeñar las ideas fosilizadas, y le regaló arte, esplendor e irreverencia a la cultura ibérica. En el caso de la Residencia de Estudiantes, el proyecto pedagógico demostró la importancia de contener en un oasis creativo y armonioso a jóvenes que buscan el camino de la expresión.

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