Reseña: Tres días y una vida, Pierre Lemaitre

Felipe Fernández
(0)
5 de febrero de 2017  

En un acceso de furia Antoine Courtin, un niño de doce años, le pega un palazo a Rémi, un chico de seis. El golpe lo alcanza en la sien y Rémi muere. En torno a este trágico incidente Pierre Lemaitre va construyendo Tres días y una vida, una novela que se desarrolla en Beauval (existe un pueblo de ese nombre en la región de Picardía), a lo largo de tres momentos decisivos que determinan la vida del protagonista.

El primero, ya mencionado, ocurre en vísperas de la Navidad de 1999. El ataque de ira de Antoine se desencadena por la muerte de un perro con el que se había encariñado. Este perro pertenecía a la familia de Rémi, vecinos de Antoine. Un coche atropella al animal y el padre de Rémi decide sacrificarlo. “¿Por qué hizo eso tu padre?”, le pregunta Antoine a su víctima antes de descargar el golpe.

Lemaitre (París, 1951) ha sido distinguido con numerosos galardones literarios, entre ellos el Premio Goncourt 2013, y es autor de la tetralogía policial liderada por el personaje del comandante Camille Verhoeven y de Nos vemos allá arriba, entre otras obras. En Tres días y una vida enriquece el argumento con un sobrio costumbrismo que no se demora en un simple color local, sino que aporta datos relevantes a la trama. Una fábrica de juguetes de madera constituye la principal empresa de Beauval. La señora Courtin, la madre de Antoine, trabaja en el mercado. Seis años atrás su marido la dejó por otra mujer, se trasladó a Alemania y mantiene escaso contacto con su hijo. A pesar de su carácter reservado, el chico frecuenta a un grupo de compañeros de colegio entre los cuales se cuentan Théo, el hijo del alcalde, y Émilie, por la que siente una atracción especial. Uno de los escenarios de sus juegos es el bosque de Saint-Eustache, donde Antoine construye una casa en lo alto de un árbol. Allí, sin testigos, se produce la muerte de Rémi, y su victimario esconde el cuerpo en un pozo que se halla oculto bajo un haya caída. La desaparición del niño ocasiona una búsqueda que debe interrumpirse porque dos huracanes devastan el pueblo.

La narración maneja el suspenso y la incógnita desde una perspectiva inversa a la de un policial tradicional. Asume el punto de vista de Antoine, transformado en un asesino involuntario, y ahonda en sus emociones, sin entrometerse demasiado en el aspecto moral. En sus reacciones prevalecen el miedo y la culpa, que lo impulsan a un intento de suicidio. ¿Descubrirán el cuerpo? ¿Sospecharán de él? Hay, además, un instante catártico en el que el llanto le brinda un alivio inesperado: esas lágrimas no son “las de otros tiempos, de la época en que era libre, sino un torrente profundo y apaciguador”. Con ese llanto parece decirle adiós a su infancia.

La segunda parte de la novela transcurre en 2011. Para entonces Antoine es un estudiante de medicina a punto de recibirse y lleva tres años viviendo con su novia Laura, que también pronto se convertirá en doctora. Sin embargo, en el fondo de su memoria persiste el chico asustado por la muerte de Rémi: “De repente, un chaval en la calle, una escena de una película o ver a un gendarme le provocaban un miedo avasallador”. De visita en Beauval para asistir a la fiesta de cumpleaños de un amigo de su madre, se encuentra con Émilie y tienen relaciones sexuales. El muchacho, arrastrado por un erotismo contradictorio, sabe que “la encantadora y boba joven” que gime entre sus brazos no tiene nada que ver con “la niña a la que tanto había deseado”. De ese acto –un segundo momento decisivo– vendrán consecuencias imprevistas que determinarán un cambio de rumbo para Antoine.

Lemaitre explora una zona turbia de la existencia humana en la cual resulta difícil distinguir el azar de la fatalidad y lo irrelevante de lo esencial. El encadenamiento de hechos que conduce el relato refleja una amarga ironía sobre el libre albedrío. Las elecciones más pensadas pueden derrumbarse en un segundo de albur. La sección final de la novela, fechada en 2015, funciona como un epílogo agridulce para el protagonista que, en su pugna por escapar del terrible secreto que lo acosa desde su niñez, da la impresión de caminar involuntariamente hacia su propia condena.

T res días y una vida , Pierre Lemaitre. Salamandra. Trad.: José Antonio Soriano Marco.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.