Reseña: ADN. El secreto de la vida, de James D. Watson

Un descubrimiento que revoluciona el presente
Ana María Vara
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11 de noviembre de 2018  

James D. Watson es el arquetipo de una clase de científico. No el abnegado ni el lúdico, tampoco el sabio de la tribu. Sí el dedicado, ambicioso, urgente, el nerd que puede despacharse con declaraciones incorrectas y hasta ofensivas, como si su inteligencia finísima fuera acompañada de anteojeras emocionales.

Antes de cumplir veinticinco años, el 28 de febrero de 1953, Watson descifró junto con Francis Crick la estructura de la molécula de ADN, base de la información genética. No fue un acto de serendipia, sino una carrera febril en competencia con investigadores ya establecidos como Linus Pauling. Nunca cambió de tema, por lo que se convirtió en referente, agitador y gestor de una revolución científica que tendría implicancias en casi todos los ámbitos sociales.

ADN. El secreto de la vida fue inicialmente publicado en 2003, por el cincuentenario del trabajo pionero. Esta segunda edición ampliada, en colaboración con el biólogo e historiador de la ciencia Andrew Berry y el editor de Nature Genetics Kevin Davies, representa una actualización del campo en sus áreas más promisorias y controvertidas: biotecnología, genómica personal, genómica forense, las bases de la personalidad y la lucha contra el cáncer. Una suerte de manual, con el debido rigor pero también la pasión narrativa y las opiniones no siempre tersas de un Nobel.

Es que, a esta altura de su historia, la molécula de la herencia no es un tema de laboratorio, sino que se cruza con encendidas discusiones del presente. Como comenta el propio Watson: "El ADN ha pasado de ser una molécula esotérica que interesaba a un puñado de especialistas a constituir el fundamento de una tecnología que está cambiando muchos aspectos de nuestro modo de vida".

El capítulo sobre transgénicos, por ejemplo, refleja la polémica internacional en torno a los alimentos genéticamente modificados o GM, que sigue tan vigente como en sus inicios. Watson tiene una visión entusiasta hasta la exasperación, presentando de manera benigna la posición de gigantes como Monsanto (hoy todavía más grande, al ser comprado por Bayer) y calificando a los críticos de "alarmistas profesionales", causantes de una "paranoia ludita".

Sin tomar nota de antecedentes como cambio climático o agujero de ozono -dos consecuencias imprevisibles del avance científico-tecnológico- formula predicciones incontrastables: "La bibliografía científica sostiene de forma abrumadora, y de todo punto objetiva, la seguridad a largo plazo de los alimentos GM".

El relato de la carrera por la secuenciación del genoma humano es más matizado. Rinde cuenta de la compleja trama económica detrás de los proyectos público y privado, de su propia preocupación por la posibilidad de un patentamiento indiscriminado y de la apuesta política de Bill Clinton y Tony Blair en 2000 al anunciar el fin de la tarea cuando solo había un borrador avanzado. Es simpático cuando cuenta con qué condiciones aceptó la sugerencia de secuenciar su propio genoma: que no le dijeran si tenía una mutación asociada al Alzheimer (una de sus tías falleció de esta enfermedad).

Watson se muestra preocupado por las consecuencias de la "genómica personal". ¿Cómo manejar datos de nuestra predisposición a enfermedades incurables? Más allá de nuestra decisión, ¿qué hacemos con nuestros hermanos, hijos, sobrinos, cuyo riesgo se relaciona al nuestro: les contamos o callamos? ¿Qué pasa con nuestro seguro de vida o nuestros potenciales empleadores? Aun reconociendo todas las promesas médicas de un diagnóstico genético, sostiene: "Esta utopía de la transparencia no es un lugar en el que a todo el mundo le gustaría vivir".

El epílogo está dedicado a la terapia génica germinal, es decir, la posibilidad de cambiar los genes de las futuras generaciones. Empieza con una referencia a Frankenstein y cierra con una cita de San Pablo: "Si no tengo amor, no soy nada". No es que el ateo se haya convertido, sino el reconocimiento de que, en el límite, la ciencia se toca con la metafísica.

ADN. El secreto de la vida

Por James D. Watson

TaurusTrad.: Irene Cifuentes 612 págs./ $ 1199

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