PH al fondo: lo reformaron y hoy es su refugio en el corazón de Colegiales
Paula Pereiro es socióloga y joyera y encontró su refugio de tranquilidad en un PH.
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Se ríe, porque dice que vive en el pequeño pueblo de Colegiales. Porque ahí tiene su casa, su taller y el colegio de los chicos. Paula Pereiro es socióloga y encontró en la joyería su verdadero oficio: “¡Hoy soy 90% joyera y 10% socióloga!”. Hace poco más de siete años creó Astoria Joyería Contemporánea, desde donde crea piezas exclusivas a mano y con mucha dedicación. Se compró un banco de joyería, instaló un pequeño taller en el entrepiso del estudio de arquitectura de su marido y arrancó: el empujón se lo dio una chica inglesa que hacía tours de compras con turistas y sus amigos de Regia Casa, que le ofrecieron un espacio en el local para vender su primera colección. Y de ahí, nunca más paró.

Hoy, tiene su propio showroom y tienda online que nació en pandemia. A este PH se mudó hace ocho años. La reforma la hizo su marido arquitecto, Fernán Goldín, del estudio Dumont: “Él le vio todo el potencial, que yo no veía”. Así, tiró paredes, integró la cocina al espacio social, sumó un baño completo al dormitorio principal y eliminó algunas cosas que no les gustaban, como dos hogares a leña falsos que había en el living. Después, continuó el piso de parquet original, pintó las aberturas de un gris clarito y le dio una nueva vida al patio con mucho verde. En cuanto a la deco, Pau dice que no hubo una intencionalidad: “Se fue decorando a su tiempo con pocos muebles y mucha funcionalidad”.

Espacios compartidos
Cocina, comedor, living y patio: todo en conexión. Por eso, el rincón social tiene muchísima luz y buena ventilación. Originalmente, la cocina estaba separada y con la reforma la integraron al sector social. Ahora, es más grande, súper luminosa, tiene doble mesada de mármol, mucho espacio de guardado y hasta un mueble de punta para los libros de cocina. A continuación, está el patio, al que se accede por grandes ventanales de vidrio y hierro. Lo usan mucho, sobre todo cuando empiezan los días lindos: “En las noches de verano, llevamos una mesita afuera y comemos ahí”, comparte Pau. En un rincón tienen un banco de cemento que Fernán salvó de una demolición. “Cada vez que me entero de que van a demoler algo –cuenta ella–, ¡salgo corriendo a ver qué puedo rescatar!”.

Los cuartos
El de paredes rosas es el de su hija Vera, de 12. “En pandemia le compramos este escritorio de líneas simples (Talleres Sustentables), al que le da muchísimo uso”. El dormitorio principal también tiene mucha luz y una gran conexión con el verde del patio: “¡Si me enfoco en la ventana, me siento en Río de Janeiro!”, se ríe Pau. En el taparrollo, Fernán hizo un mueble de corrido con separaciones para libros y adornos. Además, sumó un zapatero, que se pensó a la medida de ese rincón. Completan la escena una cama con respaldo de madera maciza, sillita que compró en el Mercado de las Pulgas, mesa de luz antigua, velador y bandejita de cerámica con algunas de sus piezas de Astoria: “Siempre que puedo, compro a emprendedores”.
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