Alberto Fernández apuesta a la disciplina fiscal para lograr apoyo europeo en el FMI

Alberto Fernández junto a Giuseppe Conte
Alberto Fernández junto a Giuseppe Conte Fuente: AFP - Crédito: Filippo MONTEFORTE
Apunta a transmitir un mensaje de previsibilidad y paulatina apertura de la economía en sus encuentros con Merkel, Sánchez y Macron; el rol de Guzmán
Gabriel Sued
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2 de febrero de 2020  

ROMA.- Semanas antes de asumir la presidencia, Alberto Fernández le hizo un encargo especial a Roberto Lavagna: le pidió que conversara con Martín Guzmán y le diera su parecer de ese joven al que el entonces presidente electo quería designar ministro de Economía. El semblanteo que hizo el exministro terminó de convencer a Fernández de que Guzmán era el indicado: "Tiene la dosis de heterodoxia justa y, lo más importante, la dosis de ortodoxia necesaria", dijo Lavagna.

Con ese comentario muy fresco en la memoria, el Presidente enfrentará el próximo tramo de su gira europea acompañado de su ministro de Economía y con la determinación de transmitir a las potencias europeas un compromiso de disciplina fiscal y de apertura paulatina de la economía argentina.

Ese mensaje llevará mañana a su encuentro con la canciller alemana, Angela Merkel, y a las reuniones que tiene programadas con los presidentes de España, Pedro Sánchez, y de Francia, Emmanuel Macron. También, a la cita con el canciller de la Unión Europea (UE), Joseph Borrell, con quien se verá el miércoles, en París.

El compromiso de avanzar hacia una economía sin déficit fiscal, de "ir ordenando" la cuestión tarifaria una vez finalizado el congelamiento dispuesto por seis meses y de buscar una solución de la prohibición de giro de utilidades al exterior por parte de las empresas forma parte de la hoja de ruta que el Presidente tiene a mano para responder a eventuales planteos de los líderes europeos.

También, a empresarios de primer nivel con los que se reunirá en Berlín. Volkswagen y Siemens son algunas de las firmas que solicitaron un encuentro con Fernández, detallaron fuentes de la comitiva.

"Lo digo siempre. En los últimos 200 años, solo hubo un período en el que la Argentina tuvo superávit durante cinco años seguidos. Fue cuando yo era jefe de Gabinete. Nunca fui de los que dicen que un poco de déficit no es malo", comentó el Presidente ayer a un grupo de colaboradores, en la sala de la embajada argentina ante la Santa Sede, donde se hospedó durante su visita a Roma. Ahí recibió ayer a directivos de Sace, una agencia estatal de fomento de las exportaciones.

"Tenemos un plan concreto para que la economía crezca y el Fondo lo conoce, pero necesitamos darle sustentabilidad a la deuda", insistió, antes de salir a cenar con el canciller, Felipe Solá; la ministra de Justicia, Marcela Losardo; el secretario de Comunicación Pública, Juan Pablo Biondi, y el jefe de gabinete de la Cancillería, Guillermo Justo Chaves. Anteanoche el Presidente se dio un gusto: saboreó unos spaghetti ai funghi en Nino, un restaurante tradicional de esta ciudad.

Aunque los encuentros programados con Merkel, Sánchez y Macron son a agenda abierta, Fernández llegó con el objetivo de convencerlos de que respalden a la Argentina en el proceso de renegociación de su deuda externa.

La misión más urgente, considera el Presidente, es lograr una reestructuración de los compromisos con el FMI. Para eso, pretende el apoyo en bloque de la UE. Solo los cuatro países que incluyó en esta gira tienen un poder de voto de alrededor del 15 por ciento en el directorio ejecutivo del organismo. Si se logra ese acuerdo, evalúan en la Casa Rosada, habrá menos obstáculos para una reestructuración con los acreedores privados. El desafío es más complejo que en 2003, cuando Fernández era jefe de Gabinete, advertían anoche en la delegación argentina: el monto a renegociar es seis veces mayor, detallaban.

Con ese Tetris en la cabeza, Fernández le pidió a Guzmán que se sumara a la reunión con Merkel, prevista para mañana, a las 20, hora de Berlín. Antes, el ministro se verá con su par alemán, Peter Altmaier. Pasado mañana, mientras el Presidente viaja a Madrid, donde se reunirá con Sánchez y con el rey Felipe, Guzmán irá a Roma, donde el miércoles mantendrá un encuentro crucial con la directora ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva, en el marco de un seminario del Vaticano.

Ese día, el Presidente tendrá una reunión con Macron, que decidió involucrar a su gabinete y reservar cuatro horas para Fernández y su comitiva, un gesto muy celebrado en la delegación. "Macri les hizo creer a todos que si él perdía, la Argentina caía en el aislamiento, y con este viaje queda claro que eso no es así", se entusiasmó el Presidente anteayer, después de su encuentro con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte.

En las reuniones con Merkel y Macron, Fernández deberá probar sus dotes de equilibrista. La canciller alemana es una de las principales promotoras del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, un pacto que Francia prefiere dejar enfriar. El Presidente dirá que está dispuesto a avanzar siempre que se revise a fondo la letra chica del acuerdo, para evitar asimetrías que perjudiquen a la industria argentina.

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