Amado Boudou no es Carlos Menem, es María Julia Alsogaray

La Corte Suprema confirmó la condena contra Amado Boudou por el caso Ciccone
La Corte Suprema confirmó la condena contra Amado Boudou por el caso Ciccone Fuente: Archivo - Crédito: Télam
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4 de diciembre de 2020  • 03:39

Amado Boudou no es, ni nunca será, Carlos Menem. Pero se parece mucho a María Julia Alsogaray. Puede ser el chivo expiatorio de este gobierno, como ella lo fue del menemismo y los gobiernos que siguieron. Porque hay un sistema de corrupción y de impunidad que asola a la Argentina desde hace décadas y que, cada tanto, requiere de los servicios de un chivo expiatorio.

¿Significa esto que Boudou es inocente? No. Sobran las pruebas judiciales que se acumularon durante años, más el procesamiento de primera instancia, la confirmación por la Cámara Federal, la condena por el Tribunal Oral y su confirmación por la Cámara de Casación Penal, que ahora la Corte Suprema rechazó revisar.

Pero la confirmación de la condena de Boudou refleja algo más que su culpabilidad. Muestra cómo funciona la maquinaria político-judicial con aquellos que no encarnan -o pierden- poder.

Boudou, como Alsogaray, no proviene del peronismo. Proviene del liberalismo duro que en los '80 tomó forma en la "Unión para la Apertura Universitaria" (UPAU), el brazo universitario de la Unión de Centro Democrático (UCeDé).

Tiempos, aquellos, en los que Boudou podía cruzarse con Ricardo Echegaray en la militancia liberal marplatense, aunque cuentan los amigos de ambos que "Aimé" pensaba menos en política que en la música que pasaría el fin de semana como "disc jockey", mientras que el "Negro" adscribía a la línea más dura y más afín a los militares.

María Julia y Boudou se parecen porque el peronismo les soltó la mano cuando llegó el momento. Cuando ya no resultaron útiles.

Boudou sigue las huellas de María Julia Alsogaray por algo más. El peronismo se "aprovechó" de ambos. Tampoco es que ambos fueran ingenuos. Ambos usufructuaron el poder transitorio del que gozaron para enriquecerse. Pero los usaron a ambos, también. Ella le permitió a Menem tender puentes y sellar acuerdos con aquellos que le desconfiaban, que lo veían como un gobernador populista, pintoresco y patilludo del norte argentino. "Aimé" le permitió al kirchnerismo complementar las fortalezas y debilidades de Cristina Fernández de Kirchner en la fórmula presidencial de 2011. Con un beneficio adicional: Boudou sin su jefa era un cero político a la izquierda. No contaba con "aparato" propio, no podía desafiarla, ni resultarle un riesgo pensando en 2015, como sí podían serlo otros -y así lo intentaron-, como Sergio Massa.

María Julia y Boudou se parecen, por último, porque el peronismo les soltó la mano cuando llegó el momento. Cuando ya no resultaron útiles. Eso explica que mientras todas las grandes figuras del menemismo -con el expresidente a la cabeza- siguen impunes, ella pasó por prisión y le decomisaron sus bienes. Y eso explica, también, que mientras las puertas de las celdas se abrieron para al menos catorce exaltos funcionarios y referentes del kirchnerismo, "Aimé" quedó a un paso de volver a prisión.

La situación de Boudou contrasta, en particular, con la de Menem. El riojano terminó absuelto en la causa "Armas", tras recibir una primera condena que luego se revocó por "exceso del plazo razonable". Es decir, que la Justicia lo absolvió porque la propia Justicia durmió la investigación. Y a eso se suma otra condena en su contra, a 4 años y medio de prisión, por el cobro delictivo de sobresueldos, cuya revisión se encuentra pendiente en la Corte Suprema desde diciembre de 2018. Es decir, hace dos años. Menem sigue libre.

Boudou sabe ahora que puede completar la senda que antes recorrió María Julia. ¿Cuál? La que lo lleve a convertirse en la respuesta perfecta del poder más cínico. ¿Impunidad, acá? ¡De ningún modo!

Por contraste, la misma Corte mostró otra velocidad para abordar la situación de Boudou, condenado a 5 años y 10 meses de prisión por un tribunal oral, condena que la Casación confirmó en septiembre de 2019. Para entonces, Boudou ya estaba preso y siguió tras las rejas hasta que le concedieron el arresto domiciliario en abril de este año. Menos de ocho meses después, la Corte apuró la definición y confirmó su condena dejándolo a un paso de la cárcel otra vez.

Si los idas y vueltas de Boudou -o sus contrastes con Menem- llaman la atención, eso resulta irrelevante para la maquinaria de corrupción e impunidad que se mueve por debajo de la superficie. Sus jugadores incluyen a políticos de uno y otro lado de la grieta y a empresarios, sindicalistas, operadores, jueces, fiscales, servicios, periodistas y policías, entre tantos más. Ese verdadero poder duerme tranquilo. Porque el "enchufe" sensible del "caso Ciccone" ya no está. Desapareció con la inesperada muerte del banquero Jorge Brito.

Boudou sabe ahora que puede completar la senda que antes recorrió María Julia. ¿Cuál? La que lo lleve a convertirse en la respuesta perfecta del poder más cínico. ¿Impunidad, acá? ¡De ningún modo! ¡Si por primera vez en la historia tenemos a un vicepresidente preso por corrupción! ¡Somos respetuosos de las decisiones del Poder Judicial! ¡Es independiente!

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