Anatomía de dos fracasos de signo político opuesto

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29 de septiembre de 2019  • 04:03

Según todas las proyecciones, la Argentina terminará el año 2020 con un PBI per cápita menor al de 2011. Dicho de otro modo, en esta década los argentinos nos hicimos más pobres.

Lo inexplicable es que apenas 15 años atrás el país tenía superávits gemelos, una inflación del 4% anual y tasas de crecimiento cercanas a los dos dígitos. ¿Cómo dilapidamos ese futuro promisorio y llegamos a este presente de crisis e incertidumbre?

Más allá de las respuestas simplistas que ponen la responsabilidad de un solo lado de la grieta, hay algunos puntos a tener en cuenta.

La salida de la crisis de 2002 dejó algunas variables que permitieron un rápido rebote. Un tipo de cambio alto que protegía la producción local; ingresos fiscales superiores a los gastos y una recaudación en alza gracias a las retenciones redundaron en una economía con superávits comercial y fiscal.

Sin embargo, ese fuerte crecimiento mostró signos de fatiga con la reaparición de la inflación. El gobierno intervino el Indec, atrasó el tipo de cambio y subsidió las tarifas pero, con el paso del tiempo, estas medidas trocaron los superávits gemelos en déficits crecientes.

Como el país no generaba dólares genuinos se prohibió su salida con el cepo cambiario. Ante la suba del déficit y la imposibilidad de acceder a los mercados, se emitió dinero para financiar el gasto, lo que agravó la inflación.

El final del kirchnerismo era una bomba. Cuando asumió, Macri confió en que el cambio de gobierno atraería capitales que financiarían el crecimiento.

Entretanto, el endeudamiento externo, al que se accedería tras la salida del cepo y el default, solventaría el déficit fiscal sin apelar a grandes ajustes.

Al final, la "lluvia de inversiones" no fue tal, lo que llevó a cubrir la necesidad de dólares con capitales especulativos. El Gobierno se enamoró de esta solución de corto plazo y, en vez de consolidar la situación fiscal, bajó los impuestos y aumentó gastos.

Así, nos endeudamos para financiar la baja de retenciones y la reparación histórica. A su vez, el ingreso de dólares especulativos atrasó otra vez el tipo de cambio y generó un fuerte déficit de cuenta corriente.

Por subestimación de la herencia o por impericia del Gobierno, el cierre de 2019 nos vuelve a encontrar con cepo, inflación y un cuasi default.

Curiosamente, dos gobiernos tan opuestos en su visión general compartieron la táctica de apelar a decisiones cortoplacistas antes que a una estrategia de desarrollo sostenible.

Expresidente de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP)

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