Carlos Villa: "Intentar el reflotamiento del ARA San Juan es un altísimo riesgo"
El experto en rescate de embarcaciones dice que existen grúas flotantes con capacidades, pero advierte de las dificultades y los costos
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Con formación en el área de submarinos y exjefe del Área de Salvamento y Buceo de la Armada, el capitán de navío retirado Carlos Villa está hoy, desde la actividad privada, al tanto del movimiento que gira en el mundo sobre el rescate de embarcaciones y exploraciones marinas. "Intentar el reflotamiento del ARA San Juan es un altísimo riesgo. Hay que invertir una gran cantidad de recursos, con el peligro de fracasar y perder las pruebas para un eventual peritaje", advirtió.
"Herramientas en el mundo hay pocas. Habría que pensar en toda la tecnología offshore, grúas flotantes con gran capacidad para levantar hasta 5000 toneladas de peso, que manejan plataformas petrolíferas, con costos de US$300.000 a US$500.000 por día", advirtió ayer el especialista, de 59 años, en una entrevista con LA NACION.
"Así y todo, es difícil tomar una decisión. El caso del ARA San Juan se complica especialmente por la profundidad de 900 metros y por las características del Atlántico Sur", explicó Villa, quien se retiró de la Armada en 2010, luego de 35 años de servicio.
Hoy conduce en Mar del Plata su empresa Hydroservices, que realiza trabajos de salvamento y buceo a escalas menores.

-¿Es posible reflotar el submarino ARA San Juan?
-Las posibilidades existen. Pero hay que analizarlo muy bien. No es una maniobra simple. Hay grúas flotantes, con capacidad de levantar hasta 5000 toneladas, que en el mundo cuestan entre US$300.000 y US$500.000 por día. A eso se suman las dificultades del Atlántico Sur, que tiene temporales permanentes. No son las aguas cristalinas, ni la calma, ni la visibilidad del Mediterráneo o del mar Adriático. Es muy complicado.
-¿Se corren riesgos?
-El riesgo es altísimo. Hay que invertir muchos recursos y se puede fracasar. Incluso, perder la prueba para los peritajes. Las operaciones se deberían realizar en forma robótica por las profundidades. No habría descensos de personas a 900 metros, pero siempre hay riesgos en la manipulación de los equipos. Además habría muy poca capacidad neta de operaciones, por las malas condiciones meteorológicas, lo que alarga y encarece la expedición. En el Atlántico Sur se encarece todo.
-¿Hay antecedentes de rescates de submarinos?
-El caso más famoso es la operación Azorian, en la que Estados Unidos trató de rescatar el submarino soviético K-129, que se había hundido en el Pacífico en 1968. En plena Guerra Fría, el gobierno norteamericano se propuso reflotarlo para apoderarse de los sistemas tecnológicos de sus rivales. Pero cuando lo intentaban subir, el submarino se quebró y la operación encubierta fracasó.
-¿Rusia no rescató el Kursk?
-Sí, naufragó en agosto del año 2000 y murieron sus 118 tripulantes, pero estaba a solo 100 metros de profundidad. Lo sacaron dos empresas holandesas, Mammoet y Smit. El mar de Barents no es el Atlántico Sur. En Italia se logró la recuperación de barcos de inmigrantes que naufragaron, a 500 metros. Pero eran embarcaciones más ligeras.
-La empresa Ocean Infinity dijo que tiene capacidad para hacerlo.
-Sí, pero no tiene el equipamiento. Cualquiera podría. Contrata una grúa de US$500.000 y listo.

-¿Qué equipamiento se necesita?
-Toda la tecnología offshore. Grúas flotantes con gran capacidad para levantar hasta 5000 toneladas de peso, que puedan trabajar en las estructuras flotantes, típicas de las plataformas petrolíferas, que sirvan para bajar cables pesados. Claro que los costos son altos: de US$300.000 a US$500.000 por día. Hay muy pocas en el mundo. Se necesitan varios ROV (vehículos submarinos de operación remota) y tecnología moderna.
-¿Los cuerpos podrían ser rescatados?
-El submarino implosionó, por la fuerte presión del agua a esas profundidades. Algunos expertos piensan que es probable que no haya nada. En muy pocos instantes pasaron de una presión de una atmósfera a 90 atmósferas. Es una diferencia enorme. La temperatura fría demora la descomposición, pero si entró agua, no se puede evitar la acción de los microorganismos y las bacterias.
-¿Por qué no se lo encontró antes al ARA San Juan?
-Cuando se hizo rescate y salvamento del caso SAR, en la primera etapa, se aplicó un protocolo y los barcos fueron equipados para ir a salvar vidas. No había posibilidad de buscarlos más allá de los 600 metros de profundidad, porque esperaban rescatar a la tripulación. Hasta la milla 220, la plataforma submarina no presentaba mayores complicaciones. Pero después de ese límite hay cañadones y el talud cae abruptamente hasta más de 3000 metros de profundidad. Tengo entendido que se hizo la búsqueda donde había posibilidades de encontrarlos con vida.
-¿En la Armada hubo rescates similares?
-No de tanta magnitud. A mí me tocó participar de la recuperación de un ferry que se hundió en la Escuela Naval de Río Santiago. También, en el intento de reflotamiento del aviso Zapiola, que encalló en una expedición en la Antártida, en 1976, y del transporte Bahía Paraíso, que naufragó en una visita a la base norteamericana Palmer, en 1989, con 202 pasajeros que debieron ser evacuados. El buque se hundió, pero fuimos para evitar la contaminación del mar con el combustible.
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