Cómo ganar siempre un debate

Héctor D'Amico
Héctor D'Amico LA NACION
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25 de septiembre de 2015  • 10:33

Tomás Eloy Martínez era un convencido de que los hombres se pasan la vida buscando cosas que ya han encontrado, solo que no se dan cuenta de que están ahí, al alcance de la mano. Algo de eso le ocurre a Daniel Scioli. Se resiste a participar en el primer debate presidencial de la historia argentina a pesar de que lidera todas las encuestas, es el gobernador bonaerense y cuenta con el apoyo de un gobierno nacional y popular que se ha prolongado doce años. El rechazo a debatir puede estar tanto en la incertidumbre de las preguntas que se le hagan como en el impacto en la opinión pública de sus propias respuestas, sin descontar, por supuesto, algún llamado presidencial.

Antes de dejar la silla vacía y repetir que no necesita verbalizar porque los argentinos saben interpretar muy bien sus silencios, Scioli puede hacer algo más práctico. Buscar en una biblioteca el pequeño tratado del alemán Arthur Schopenhauer que, aunque inconcluso, está considerado en el campo de la filosofía como el mayor aporte jamás escrito y que reúne los más acertados "ardides dialécticos" de los que puede valerse -o sufrir- un candidato cuando se presenta a un debate trascendente como el del próximo 4 de Octubre.

Scioli puede consultar a sus asesores más próximos, James Carville, Miguel Bein, Mario Blejer o su hermano Pepe, miembros de una mesa chica con experiencia. Ellos seguro tienen a mano un ejemplar. El libro escrito por Schopenhauer se llama "Dialéctica erística o el arte de tener razón" y describe treinta y ocho estratagemas, trucos dialécticos y argumentaciones desleales o engañosas a las que se recurre en una discusión cuando uno de los contrincantes desea que prevalezcan su tesis o sus opiniones sobre las del adversario. El propósito de Schopenhauer -que denominó Kunstgriffe a esas estratagemas-, no es alentar o convalidar la mentira. Nada de eso. Lo que verifica y describe es que, dentro o fuera de la política, el arte de discutir contempla en todo momento la posibilidad de que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente.

Su Dialéctica, publicada en 1864, de manera póstuma, nos recuerda la determinación con la que, no importa la época, el hombre recurrirá a todo lo que esté a su alcance tanto para empoderar como para destruir una idea. En ese sentido, las estratagemas anotadas por Schopenhauer pueden leerse como parte del presente. Veamos algunas de las que pueden presentarse en el debate.

1) "Desconcertar y aturdir al adversario con absurda y excesiva locuacidad. Esto tiene que ver con que los hombres, con frecuencia, al escuchar palabras huecas creen que se trata de pensamientos profundos".

2) "Si inesperadamente el adversario se muestra irritado ante un argumento, no dude en utilizarlo con la mayor insistencia posible".

3) "Sorpresa: comience repentinamente a hablar de otra cosa totalmente distinta como si tuviera que ver con el asunto en cuestión y constituyese un nuevo argumento en contra del adversario".

4) "Aunque esté en lo cierto, si el oponente tiene la mala suerte de elegir para su defensa una prueba inadecuada que podemos invalidar, debemos dar rápidamente por refutado todo su argumento".

5) "Elegir las palabras adecuadas cuando se trata de apoyar nuestros argumentos. Alguien que quiere hablar a favor de la religión elegirá decir piedad, o devoción. Un adversario a la religión, dirá beatería o superstición".

6) "En lugar de actuar sobre las razones del intelecto, actúe sobre la voluntad. Tanto la audiencia como el adversario estarán más dispuestos a compartir sus opiniones".

7) "Debemos presentar el opuesto a nuestro pensamiento y darle a elegir al oponente. Si el adversario admite que hay que hacer lo que dicen sus padres, nuestra pregunta tiene que ser: ¿Se debe ser obediente o desobediente a los padres en todas las cosas?"

8) "Hay que refutar siempre una exageración, para que así parezca que en realidad estamos refutamos la tesis original de nuestro oponente".

9) "Cuando usted no sabe qué objetar a las razones expuestas por el adversario, declárese incompetente, pero recurriendo a la ironía: Lo que usted dice desborda mi débil comprensión; puede ser muy acertado, pero yo no alcanzo a entenderlo y renuncio a cualquier juicio".

10) "Admitir las razones, pero negar las consecuencias. Ejemplo: "Esto puede ser cierto en la teoría, pero en la práctica es falso".

Faltan ocho días para el debate presidencial en la Facultad de Derecho, plazo suficiente como para volver sobre Schopenhauer.

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