Cómo impactó la marcha piquetera entre los comerciantes y los transeúntes

Hubo quejas de comerciantes y al algunos mensajes de apoyo
Hubo quejas de comerciantes y al algunos mensajes de apoyo Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
María Paula Etcheberry
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28 de agosto de 2019  • 17:46

En una nueva jornada de protestas piqueteras, encabezadas por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), la Corriente Clasista Combativa (CCC) y Barrios de Pie, el microcentro porteño se vio paralizado con cortes totales sobre las avenidas 9 de julio y Belgrano, la autopista 25 de Mayo y el Puente Pueyrredón. Aunque unos pocos simpatizaron con los reclamos de las organizaciones sociales, la mayoría de los peatones, vecinos y comerciantes de la zona reconocen que se vieron afectados perjudicialmente por la masiva manifestación que interrumpió el tránsito desde la mañana hasta el mediodía. Por el otro lado, los manifestantes de las agrupaciones piqueteras no dudaron en apuntar que la situación social se deterioró en el último tiempo.

"Los días de manifestación no vendo nada. Me manejo con el tema de vender termos y agua caliente, pero en cuanto a la mercadería que vendemos habitualmente, caen mucho las ventas", dijo a LA NACIÓN Diego, de 36 años, encargado de un maxiquiosco ubicado frente al Ministerio de Desarrollo Social, a unos pocos metros de la avenida Belgrano.

"No estoy de acuerdo con esto. Uno se rompe el traste laburando todo el día, desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche y da bronca. Yo entiendo la situación de que no tengan la posibilidad que tiene uno de salir a trabajar, pero también están interfiriendo mucho al ciudadano común", completó.

"No vendemos agua, no prestamos baños. Son solo para clientes", anunciaba un cartel colgado en la puerta de un café sobre Bernardo de Irigoyen entre Moreno y Belgrano, a media cuadra del punto donde se desarrolló la protesta. "La marcha nos afecta para mal. No se vende lo que se tendría que vender", agregó Luciano, de 33 años, el encargado del bar en cuestión.

En las calles cercanas, se escuchaban las ensordecedoras bocinas de los automovilistas, molestos por los cortes. Varios pasajeros esperaban con paciencia la llegada de algún colectivo en las paradas del Metrobús 9 de julio. Uno de ellos era Patricio, un joven de 21 años que vive en Avellaneda y esperaba el colectivo que lo llevara devuelta a zona sur. "Tenía que ir hoy a la clínica, que queda en la calle Bartolomé Mitre. Me tomé el 17, que se desvió y me dejó en Córdoba, así que tuve que caminar un montón para atrás", dijo a este diario.

"No me afectan tanto los cortes porque no trabajo acá en el centro y vengo sólo ocasionalmente. A mis hermanas sí las afecta mucho porque ellas son de Avellaneda también y trabajan por acá. Se quejan todo el tiempo de los cortes. Si trabajara acá y llegara tarde al trabajo sí me molestaría", concluyó.

A pocos metros de la marcha, Franco, un joven de 21 años, dejaba la Ecobici naranja que acababa de usar para transportarse hasta Moreno y 9 de julio. "Yo me muevo en subte y uso la bici, así que no me molestan los cortes. El subte siempre está lleno, haya marcha o no. Entiendo que a la gente que tiene que tomarse un colectivo por ahí le jode", explicó.

Pero también hay, entre los pasajeros y vecinos, quienes se solidarizaron con el reclamo de los movimientos sociales. "Lo que nos afecta es la realidad social y política y la economía. El corte es una consecuencia de la realidad que estamos viviendo, que no le escapa a nadie", agregó Diego, un periodista que esperaba el colectivo de la línea 59 en la parada del Metrobus.

En una línea similar, los manifestantes que participaron de la movilización piquetera admiten que la situación social empeoró y es grave.

"Yo tengo un merendero y cada vez se suman más chicos. Es un desastre. No hay para la comida. Los papas mandan a los chicos al merendero porque no tienen comida para darles", dijo a este diario Nilda, que administra el merendero Carita de Ángel, ubicado en el Barrio Sarmiento del partido de San Miguel y se movilizó esta tarde junto a las agrupaciones sociales.

"Cada vez se está peor. Hay mucha más miseria, chicos desnutridos. Hoy los abuelos se nos acercan a pedir un azúcar o una yerba porque no les alcanza la jubilación. A eso le tenemos que sumar lo que hizo este gobierno. La situación social es muy crítica. Cada día se nos suman más chicos a la copa de leche. Y también madres y abuelos. Ojalá que la situación cambie", observó Viviana, de 47 años, manifestante de Rafael Castillo, barrio que pertenece al municipio de La Matanza.

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