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Corea del Sur

Corea del Sur. Cómo pasó de país pobre a potencia mundial y qué podría aprender la Argentina

Carlos Manzoni
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13 de septiembre de 2019  • 09:30

Kim Sang Koo no quería vivir en la pobreza. Por eso, un día de 1976 reunió a su familia en torno de la mesa y les dijo que dejarían su Corea del Sur natal para instalarse en la Argentina. Este es solo uno de los miles de casos de coreanos que emigraron a estas tierras (y otras), para escapar de la miseria de un país que, años después, iniciaría una transformación extraordinaria, hasta convertirse en potencia económica mundial.

La Corea del Sur que dejaron atrás Kim Sang Koo, su familia y otros miles de compatriotas, era muy diferente a la actual: tenía el producto bruto interno equivalente al de Somalia y un consumo de carne de un kilo per cápita al año. "Ahí nadie tenía colesterol. Faltaba comida y muchos de mis compañeros no podían llevar su vianda al colegio", recuerda Yeal Kim, hijo de Sang Koo y actual presidente de la Fundación Protejer.

En ese momento, a fines de los setenta, Corea del Sur ya había comenzado a cambiar, pero los efectos beneficiosos todavía no llegaban a la población. El cambio de estrategia se había iniciado en 1961, luego del golpe de estado que terminó con un gobierno militar corrupto y que encarceló a todos los empresarios que habían hecho negocios con el poder.En 1970, el producto bruto interno (PBI) de Corea del Sur era de solo US$9000 millones y su PBI per cápita, apenas US$2496, mientras que en la actualidad esas dos cifras alcanzan los US$1371 billones y US$ 30.000, respectivamente. ¿Qué pasó en el medio? Políticas macroeconómicas consistentes, inversión muy alta, algo de ayuda externa y, sobre todo, una apuesta fuerte a la exportación industrial.

Gente camina por una calle peatonal del distrito comercial de Myeong-dong, en Seúl
Gente camina por una calle peatonal del distrito comercial de Myeong-dong, en Seúl Crédito: Shutterstock

Andrés López, director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), UBA-Conicet, dice que su plan de fomento de la industria se dio por etapas. "Empezaron con la estrategia de exportar productos textiles y juguetes: industrias baratas, con bajos salarios, y aprovechando que Estados Unidos les abrió el mercado a sus bienes", señala el especialista.

En los 70, pasan a una segunda etapa y empiezan con la industria pesada: petroquímica, acero y, casi al final de la década, la automotriz. Ahí se consolida la política de apostar por ciertas industrias, consistente en protección para el mercado doméstico y créditos baratos para los que invertían en estos sectores. ¿La contracara? Todas las industrias que no estaban en esa lista, desaparecían ante la competencia extranjera.

Así empiezan a consolidarse los grandes grupos de capital doméstico que hoy son la cara de Corea en el mundo: Samsung, Hyundai, LG, Lotte y SK Group, entre los más destacados. Estos imperios empresariales pasaron a ser conocidos como "Chaebol", exponentes de un modelo empresarial basado en grandes conglomerados con presencia en distintos sectores económicos.

Más allá de que también son centro de grandes controversias por el poder político que detentan y por la concentración de riqueza, los "Chaebol" pueden colgarse la cucarda de grandes impulsores del "milagro económico coreano". Como dice López, Corea apostó fuerte en los "Chaebol" y estos le respondieron con creces: con inversión, desarrollo, exportaciones y generación de empleo.Tal como remarca López, Corea del Sur privilegió a las empresas locales, pero lo hizo a través de protección selectiva y temporaria, a diferencia de lo que ocurrió en América Latina, donde la protección fue indiscriminada y casi eterna. "Por supuesto que también están los que dicen que eso fue posible porque tenían tipo de cambio competitivo, alta inversión y baja inflación", acota el experto.

Vista aérea del puerto donde opera la constructora naval Daewoo Shipbuilding en la ciudad surcoreana de Okpo
Vista aérea del puerto donde opera la constructora naval Daewoo Shipbuilding en la ciudad surcoreana de Okpo Crédito: Shutterstock

En la década de los 80, Corea del Sur ya era conocida como el "Tigre asiático" y había profundizado su inversión en algo que sería clave para su último gran salto: la enorme inversión en investigación y desarrollo, que la colocaría en la élite de los gigantes tecnológicos.

Algunos datos muestran cuánto evolucionó Corea desde 1960/70 hasta la actualidad: en 2015, fue el segundo origen de las patentes sacadas por extranjeros en los Estados Unidos, solo detrás de Japón; en 2017, fue la economía que más gastó en investigación y desarrollo sobre el PBI, junto con Israel (4,5%); hace dos años, apareció tercera en el ranking de "complejidad económica, que se basa en la diversificación y sofisticación de la canasta exportadora; su inflación anual es de 0,8%, y está 5° entre los países con mayor facilidad para hacer negocios.

En definitiva, la receta de Corea del Sur para pasar de ser un país subdesarrollado a otro que forma parte de la élite mundial, consistió en créditos a las principales industrias exportadoras, quita de trabas a las importaciones necesarias para la industria, cambio de foco productivo (en 1960, sólo el 35% de sus exportaciones eran bienes manufacturados, mientras que en 1995 la cifra ya era del 96,9%) y apertura total al mundo. Como dice, López: "En términos de milagro económico, es el modelo asiático a seguir", concluye López.

Autos nuevos estacionados en el puerto de la ciudad surcoreana de Gwangyang
Autos nuevos estacionados en el puerto de la ciudad surcoreana de Gwangyang Crédito: Shutterstock

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