Casación: dilaciones y manejos políticos en una cámara clave

El desplazamiento de Cabral del máximo tribunal penal del país oculta una trama de intereses políticos y personales en torno de uno de los expedientes que más preocupan al poder: el memorándum con Irán
El desplazamiento de Cabral del máximo tribunal penal del país oculta una trama de intereses políticos y personales en torno de uno de los expedientes que más preocupan al poder: el memorándum con Irán
Hugo Alconada Mon
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12 de julio de 2015  

Después de largos meses cajoneado en el máximo tribunal penal del país, el expediente al fin se acercaba a la sentencia. Uno de los camaristas, Juan Carlos Gemignani, iba a afirmar que el cuestionado pacto entre la Casa Rosada y el régimen de Teherán violaba la Constitución Nacional. Su colega Ana María Figueroa sostendría lo contrario. Y el tercero y decisivo camarista, Luis María Cabral, el único de los tres que era subrogante, sólo buscaba ganar tiempo, mientras negociaba con el Gobierno. En especial, con el secretario de Justicia, Julián Álvarez. Hasta que cometió un error. Para él, que salió eyectado de la Cámara de Casación, y para el expediente, que ahora quedó bajo el control de una Sala reformulada según el gusto del oficialismo.

Ésta es la historia secreta de cómo durante más de doce meses la Cámara de Casación manejó con parámetros políticos en vez de jurídicos uno de los expedientes más sensibles para el Gobierno de los últimos años. ¿Su objetivo? Postergar el fallo hasta después de las elecciones de octubre, según reconstruyó LA NACION sobre la base de los testimonios de seis actores principales o secundarios de esa causa -incluidos el propio Cabral y otros dos camaristas-, en la que funcionarios del Ejecutivo se involucraron de lleno.

Parte de la trama es pública; lo relevante, no. En diciembre de 2013, e l juez Rodolfo Canicoba Corral rechazó el amparo que habían presentado la AMIA y la DAIA contra el memorándum con Irán. Pero por razones formales, sin definir si era constitucional. Seis meses después, en mayo de 2014, la Cámara Federal porteña sí se metió de lleno y concluyó que no lo era, por lo que el Gobierno apeló y el expediente quedó en la Sala II de la Casación.

Tramitado con los plazos urgentes del amparo, la presidenta de esa Sala, Ángela Ledesma, evitó sin embargo convocar durante todo el resto de 2014 a la audiencia que impone el Código Procesal. Hasta que ya a principios de 2015 la denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la Presidenta y otros altos funcionarios, y la muerte posterior del titular de la Unidad Fiscal AMIA, la descolocó.

La tensión dentro de la Casación por ese expediente llegó entonces a tal punto que Ledesma solicitó una licencia para "estudios" académicos por cuatro meses. Se la concedió con celeridad el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, el 23 de febrero, pero se hizo efectiva a partir del 10 de marzo.

Para llegar hasta ese día sin tomar cualquier decisión incómoda en el expediente, el 27 de febrero Ledesma firmó una resolución "para mejor proveer" con la que buscó, a través de la Cancillería, preguntarle a la ONU si se había registrado el pacto con Irán, algo que las partes no habían acordado en el propio memo.

Ledesma, sin embargo, no tomó sola esa decisión. Junto con ella firmó Cabral -de buena llegada a Lorenzetti desde hace años-, que de ese modo le permitió a la titular de la Sala II llegar a su licencia sin turbulencias.

Cabral manejaba sus propios tiempos dentro de la Casación, a la que había llegado como subrogante gracias a un nombramiento sospechado de irregularidades. ¿Por qué? Según el denunciante Carlos Kunkel, por su "abierto desapego hacia el mecanismo legalmente establecido". Es decir, que lo designaron a dedo, en vez de por sorteo, como sostenían el camarista y referente de Justicia Legítima, Alejandro Slokar, el fiscal Jorge Auat y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), entre otros.

Sin embargo, el fiscal Eduardo Taiano justificó la subrogancia de Cabral en "una emergencia institucional" y, en noviembre de 2013, la jueza federal María Romilda Servini de Cubría lo sobreseyó. Desde entonces, Cabral prometió a los integrantes del máximo tribunal penal que se marcharía, según relataron dos camaristas a LA NACION. Pero pasaron los meses sin que cumpliera su palabra y retornara a su cargo en un tribunal oral.

Ingresa Figueroa

Ya con Ledesma de licencia, y dadas las excusaciones de otros colegas, sólo una colega quedó en condiciones de asumir en la Sala II: Ana María Figueroa, cercana al Gobierno, que liderado por la Presidenta acusaba a los jueces de integrar el "Partido Judicial" y hasta de orquestar un "golpismo judicial".

Figueroa también clarificó de entrada sus prioridades. Incluso antes de tocar el expediente le comunicó al nuevo presidente de la Sala, Gemignani, y a Cabral que pretendía tomarse 10 días de licencia por un viaje.

Sin embargo, Gemignani -que ya protagonizó chispazos con varios colegas en la Casación- revocó en el acto la consulta a la ONU de Ledesma por "impertinente" y "manifiestamente dilatoria", fijó la demorada audiencia para el 31 de marzo y anunció que la sentencia se conocería el 8 de abril.

Fue cuestión de horas, pues, para que Gemignani chocara con Figueroa. Ocurrió cuando la camarista intentó derivar el expediente a los integrantes originales de la Sala. Es decir, a Ledesma, a Alejandro Slokar y a Pedro David, y, al borde del prevaricato, tomó una decisión sobre conexidad en contra de una resolución previa de la Corte.

La movida de Figueroa no prosperó, sin embargo, y la propia camarista debió resolver quién asumiría el expediente. A fines de marzo, y al revés de lo que había sostenido antes sobre la conexidad, se reafirmó en la Sala junto a Gemignani y a Cabral, que a su vez sostenía que la fecha del 8 de abril era demasiado cercana para la sentencia.

En ese contexto, el 31 de marzo sí se concretó la audiencia en que los abogados del Gobierno, de la AMIA, la DAIA y el fiscal ante la Casación Raúl Plée expusieron sus argumentos. Pero la sentencia no se conoció el 8 de abril.

Como cuando Ledesma buscó ganar tiempo con la ONU, Cabral se unió a Figueroa y juntos ordenaron traducir otra vez al español el Memorando tras sostener que su versión oficial en español mostraba diferencias con su versión en inglés. Sortearon una traductora y dieron luego unos días a todas las partes para que revisaran la nueva transcripción.

Para entonces, el contexto político había cambiado otra vez. La Casa Rosada ya no se peleaba con los tribunales federales de Comodoro Py, con los que había sellado una tregua, sino con la Corte Suprema, a tal punto de iniciar una ofensiva contra Lorenzetti y, más aún, contra Carlos Fayt.

Por todo eso, recién el 12 de mayo, el fiscal Pleé pudo pedir que la Sala II fijara una nueva fecha para definir si el pacto era constitucional. Pero otra vez Cabral y Figueroa pidieron unos días para analizarlo, hasta que anunciaron la segunda fecha tentativa para la sentencia: 22 de junio.

Cabral mantenía por entonces múltiples contactos con el Gobierno. Entre otros, con Julián Álvarez. Según sus defensores, porque como representante de los jueces en el Consejo de la Magistratura defendía la posición institucional de sus pares con respecto a todos los subrogantes. Según sus críticos, porque negociaba su permanencia en la Casación

Ante la consulta de LA NACION, Cabral confirmó sus conversaciones con Álvarez. Pero las encuadró en sus funciones al frente de la Asociación de Magistrados y el Consejo. "No por el fallo sobre Irán", aclaró.

Voto, borrador y nada

Los tiempos de Cabral acaso también expliquen el borrador de voto que redactó Cabral sobre el pacto con Irán. Según él, lo rubricó con sus iniciales, se lo entregó a la secretaria de la Sala y se los comunicó a Gemignani y Figueroa, "sujeto a modificaciones en base a los votos de los colegas", ya que consideraba "necesario" consensuar una decisión.

Muy distinta era la posición de Gemignani, al que sus defensores consideran un técnico no contaminado por los vicios tribunalicios porteños y sus críticos definen como "un elefante en un bazar". Oriundo de Santa Fe, había dejado trascender su visión muy crítica del memorándum, con un voto que tenía listo desde hacía semanas, a la espera del 22 de junio.

Pero ese día tampoco hubo sentencia, lo que tomó por sorpresa a los representantes de las partes, que esperaban desde el mediodía en la sala a la que habían sido convocados para escuchar el fallo en audiencia.

Al día siguiente, Figueroa esbozó una explicación por radio. Dijo que "no estaban listos los votos de ninguno de los jueces para poder hacer el voto definitivo", lo que sostuvo que era algo habitual en Tribunales. "Pasó muchísimas veces", planteó.

En rigor, sólo faltaba ajustar el de Cabral -que insistía con que quería consensuarlo- y el de Figueroa, que cosechó una denuncia por superintendencia de Gemignani por, según el camarista, mentir. Por eso pidió que se notificara al Consejo de la Magistratura para que la sancionaran a Figueroa o incluso la removieran.

Con ese panorama, los representantes de AMIA y DAIA decidieron apurar el paso y presentaron un escrito de "pronto despacho" para que fijaran una tercera fecha para sentencia. Y así se llegó al 30 de junio.

Esa nueva fecha, sin embargo, ni llegó a tomar vuelo. Porque el 25, el kirchnerismo en el Consejo removió a Cabral de la Casación y designó en su lugar al conjuez Claudio Marcelo Vázquez, cercano a Álvarez.

¿Qué pasó entre el 22 y el 25? El 22, el Gobierno obtuvo datos concretos sobre el voto de Gemignani y el borrador de Cabral, que se filtraron desde la Casación, según reconstruyó LA NACION, en tanto que el 23 Figueroa le envió un oficio al Consejo para que llenara las subrogancias en base a los dictados de la nueva ley que había sancionado el Congreso.

Al tanto de que Cabral ya no podría demorar el fallo de Casación hasta después de octubre -como algunos desde el oficialismo le endilgan que había prometido a cambio de su permanencia-, el kirchnerismo actuó con rapidez. El 25, y con una cuestionada mayoría simple, designó a Vázquez como nuevo integrante de la Sala II "a partir del día de la fecha" -y asumió esa misma noche-, mientras que también nombró a Norberto Frontini y Roberto Boico, pero recién desde el 1° de julio.

¿Por qué fechas distintas? Porque el oficialismo no podía correr el riesgo de que Gemignani y Cabral, puesto ya contra la pared, lograran que la tercera fecha para la sentencia -la del 30 de junio- fuera la vencida.

La movida fue tal que Álvarez tomó por sorpresa a Cabral en el Consejo. Habían acordado una prórroga por 60 días para todas las subrogancias, pero 15 minutos antes del plenario, el secretario de Justicia lo desayunó: "Voy a pedir tu remoción", le comunicó.

Con Cabral ya fuera de la Sala II, el fiscal Pleé intentó revertir la situación y apeló ante la Corte: "En atención a que los dos votos emitidos por los jueces Gemignani y Cabral ya se encuentran en poder de la Secretaría, solicito que de modo inmediato, y sin dilación, se adelante la audiencia fijada para el próximo día 30 de junio, y manteniendo la integración de la Sala, como juez natural del proceso, se dé lectura del fallo completo, integrándose para ello el voto faltante". Es decir, que Figueroa entregara el suyo.

Señalada como la responsable de las más recientes dilaciones que favorecían a la Rosada, el 26 Figueroa volvió a salir por radio. "A mí nadie me aprieta, y el que me conoce lo sabe, es una opereta de prensa que digan semejante barbaridad", afirmó, para luego desmentir que mantuviera un canal de diálogo abierto con el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini. "Me lo presentó Cabral en la Casa Rosada un día de acto oficial, cuando se sancionó el decreto del Código Civil y Comercial, ésa fue la única palabra que crucé en mi vida", se defendió.

Sin embargo, lo que Figueroa no contó es que el Gobierno la tentó con llegar a la Corte Suprema. Ella lo niega ante extraños, pero sus colegas de la Casación hablan de una carpeta caratulada con su nombre, que reposa sobre su escritorio y que acumula sus méritos y antecedentes para aspirar a la cúspide del Poder Judicial argentino.

Lejos de las ensoñaciones, en tanto, la Corte rechazó el pedido de Pleé por razones formales. Y el lunes 6 de julio, Gemignani debió informar a las partes la nueva integración de la Sala II. Ahora lo integran Figueroa, Vázquez y él. Y de estar a un paso de confirmar la inconstitucionalidad del memorándum con Irán por 2 votos contra 1, ahora la sentencia saldría al revés. Aunque algunos prefieren cajonear el expediente. Otra vez.

Luis María Cabral

Juez subrogante, Cámara de Casación penal
  • Fue desplazado de la Cámara de Casación Penal cuando se proponía votar por la inconstitucionalidad del acuerdo firmado con Irán
  • Subrogante en esa cámara clave, su nombramiento fue objetado desde el oficialismo; su continuidad en el cuerpo era objeto de conversaciones

Ana María figueroa

Jueza de la Cámara de Casación penal

  • Se descontaba que en el caso del memorando con Irán votaría según los intereses de la Casa Rosada, por la constitucionalidad del pacto
  • Intentó una maniobra para que otra sala de la Cámara decidiera en el tema y buscó dilatar los tiempos para postergar un posible fallo adverso

Juan Carlos Gemignani

Juez de la Cámara de Casación penal

  • Se proponía fallar a favor de la inconstitucionalidad del acuerdo y con su voto esa opción se hubiera impuesto por mayoría de 2 votos a 1
  • Buscó desactivar los recursos dilatorios que interpusieron sus colegas y apurar los plazos para una definición de la Cámara de Casación

Claudio marcelo vázquez

Juez subrogante, Cámara de Casación penal

  • Llegó días atrás a la Casación en reemplazo de Cabral, como resultado de una veloz maniobra del oficialismo que es objetada en la Justicia
  • Con su incorporación a la sala que debe decidir sobre el pacto con Irán el Gobierno lograría el tan deseado voto a favor de la constitucionalidad

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