Efectos del “huracán Milei”. Massa, el candidato golpeado que ya no podrá postergar más su rol de ministro
El golpe que sufrió el oficialismo en las urnas a nivel nacional lo obligará a redefinir sus prioridades y propuestas
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Hubo un dato nada menor en las últimas horas antes de que empiece la veda: todos los candidatos guardaron silencio y las campañas terminaron en silencio. Habrá sido por respeto o por una profunda impotencia por no saber qué decir, pero lo real es que no hubo cierre después de las trágicas muertes que se sucedieron. El punto es que ahora, todos deberán retomar las palabras.
En ese nuevo camino que se empezará a escribir y a escuchar mañana, el más complicado será el ministro y candidato oficialista, Sergio Massa. El motivo es simple: hizo lo imposible por quedarse con las palancas del poder y ahora, sucedidas las PASO, cada vez serán más los que le pidan que las accione. Demasiado tiempo para no hacer nada, pero muy poco como para que algún movimiento logre refractar en una sociedad cansada, agobiada por la inflación y arrinconada por la pobreza.
El funcionario tiene dos sacos: el de ministro y el de candidato. La cosecha de votos del kirchnerismo y de toda la estructura tradicional del Partido Justicialista que representa es como si se le hubiesen achicado las dos prendas: ya no se siente cómodo en ninguna.
La irrupción de Javier Milei como un poderoso poseedor de casi un tercio de los votos obligará a todos a recalibrar sus dichos, sus conductas y, sobre todo, sus propuestas.
Le guste o no, el candidato Massa deberá retomar con fuerza el rol de ministro. Claro que es el más ingrato para él, pero el ciudadano ya no soporta la economía maltrecha ni la postergación de los temas. Por caso, en estos días, Massa reunió a los suyos y armó una hoja de ruta, ciertamente, presuntuosa. Por ejemplo, piensa en imponer un cepo al gasto público para el año que viene mediante una ley de déficit cero. Sin embargo, ese horizonte necesario ya debería ser un objetivo del próximo gobierno, sea quien fuere, o estar incluido en un presupuesto de consenso que pase por el Congreso en los meses que vienen.
Esa batería de medidas que Massa colocó en agenda de apuro en estos días, entre las que se cuentan la licitación de obras en los gasoductos del Norte, la extensión de “Precios Justos” y el anuncio de pequeños créditos de los organismos multilaterales, se parecen más a una aspirina para el mercado atento que a verdaderas políticas públicas para combatir los males más grandes de la economía.
La irrupción del factor Milei era el único escenario que no contempló el mercado. Descontó que el ballotage se iba a dar entre Juntos por el Cambio y el oficialismo. Desde que el oficialismo bajó el martillo y decretó la candidatura de Massa, los decisores económicos despejaron el extremo de que representa el kirchnerismo radicalizado. Quedó relativamente conforme con esas opciones. Desde entonces, se movió con ese escenario que es el que reflejó el dólar en la frontera de los 600 pesos con el que se comercializó la moneda la semana pasada. Nada indica que la confirmación de La Libertad Avanza como una fuerza competitiva aporte certezas. Más bien lo contrario: todas las irrupciones políticas causan efectos económicos.
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