El análisis de la noticia: por Carlos Pagni, para lanacion.com
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El gobierno consiguió hoy que la alianza con Hugo Moyano siga dominando su relación con el sindicalismo. La reelección del camionero al frente de la CGT fue, sobre todo, el resultado de gestiones oficiales, llevadas adelante por Julio De Vido, entre los gremios que más reacios se han mostrado a la egocéntrica conducción del secretario general. La influencia del Ministro de Planificación fue crucial, sobre todo entre los sindicatos arraigados en actividades que dependen del Estado: desde los energéticos al de la Construcción, desde el de los empleados públicos al de Obras Sanitarias.
Este afán oficial por la reelección de Moyano se debe a una predilección que en Néstor Kirchner nunca flaqueó: el sector del transporte es, en su visión, el único capaz de realizar, en una época de escasa movilización social, una huelga general a bajo costo. En el conflicto del campo encontró argumentos para fortalecer esa tesis.
Esa capacidad de Moyano para poner en jaque a la economía y, por lo tanto, al gobierno, inspira desde temprano un gran temor en los Kirchner. Por eso ayer en Olivos se festejaba la dependencia que la reelección del camionero tuvo con las gestiones oficiales. Un sindicalismo condicionado es de especial interés para un gobierno que ha decidido no encarar el problema de la inflación como una prioridad de su agenda.
Sin embargo, los efectos de la asamblea sindical de ayer sobre la economía no se agotan en la pasable subordinación que Moyano debería seguir teniendo respecto de Kirchner. La fractura que produjo Luis Barrionuevo tendrá en adelante su principal expresión en la competencia por salarios. Quedó demostrado ayer: mientras la CGT oficial pide un aumento que lleve el mínimo a 1.200 pesos, los secesionistas del gastronómico reclaman un piso de 1.500.
De cualquier modo, la jugada de Barrionuevo no se debe a razones gremiales sino políticas. Es parte de esa corrida hacia la oposición que se viene verificando en el seno de un peronismo que ha declarado que la vitalidad del gobierno quedó agotada en la crisis política que acompañó el conflicto con el campo.
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