El Gobierno, aliviado por los datos del AMBA y preocupado por los "rebrotes" en el interior

Crédito: Presidencia
Jaime Rosemberg
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23 de agosto de 2020  • 04:19

"Vamos mejor, pero no hay que relajarse en nada". La reflexión de un funcionario con despacho en Casa Rosada graficaba la sensación del gobierno de Alberto Fernández, que por primera vez en meses recibe con cauto optimismo los datos sobre una "estabilidad" y "ralentización" de la expansión del coronavirus en el área metropolitana, su territorio más explosivo. Al revés de lo que ocurría desde el 20 de marzo, en Balcarce 50 ven con creciente preocupación la "nacionalización de la pandemia" en el interior del país, y crece el temor por el eventual flujo de fondos hacia las provincias, que podría retardar las medidas de reactivación económica pensadas para la pospandemia.

"Es una buena noticia, pero no significa que el problema ya pasó", dijo el viernes por la mañana la viceministra de Salud, Carla Vizzotti, en su informe diario. Se basaba en informes de sus pares porteño y bonaerense, que con matices sostienen miradas optimistas sobre la posibilidad de una luz al final del túnel en la batalla contra la pandemia.Las reuniones sociales clandestinas -ejes del discurso de la viceministra- parecen haber desplazado a los geriátricos y los barrios populares como sedes de contagios masivos.

Es el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta quien hoy está más dispuesto a acelerar con sus planes de reapertura, a caballo de los datos que recopila y analiza su ministro de Salud, Fernán Quirós. "La curva empezó a bajar, las cosas están bien. Esta es una enfermedad demasiado brava para ser optimista, pero los datos marcan una bajada lenta, que nos va a permitir ir desandando con las medidas de acuerdo a lo planeado", afirmó el ministro a La Nación, aunque aclaró que "el escenario puede cambiar, es ir semana a semana", advirtió el ministro, que también el viernes habló de un R0 (tasa de contagio de cada infectado) inferior a 1 "desde hace diez días".

Del otro lado de la avenida general Paz también ven un escenario diferente al de hace dos semanas. "Hace quince días pensábamos que había que volver a fase 1 en el conurbano, veíamos saturación del sistema a fin de agosto. Hoy ese escenario no lo vemos", afirmaron a LA NACION desde el ministerio que encabeza Daniel Gollán, aunque nadie cree que el problema esté superado. "Seguimos yendo a 180 kilómetros por hora, no más. Ahora hay que empezar a bajar la velocidad", afirman desde la administración de Axel Kicillof.

Para el viceministro de Salud, Nicolás Kreplak, "el trabajo integrado de los sistemas público y privado (de salud) fue efectivo y muy grande, hoy estamos estables en la cantidad de casos, con muchos testeos pero disminuyendo la positividad. Es un escenario de estabilidad que no nos permite festejar, pero que está dando resultados", dijo Kreplak a LA NACION. En la provincia ven "factible" una nueva prórroga de la cuarentena en fase 3-al menos hasta mediados de septiembre-para luego pensar en nuevas aperturas, "siempre que la situación sanitaria lo permita y si empieza a bajar la cantidad de casos".

Con esos datos en mano, la preocupación mayor del Gobierno son provincias como Córdoba, Mendoza, Jujuy o Río Negro, dónde el virus parece multiplicarse. "Los rebrotes tensionan y estresan el sistema sanitario", explicaban desde la Casa Rosada, con el foco en el personal de salud, los adultos mayores y los pacientes con enfermedades de base, los mismos que durante meses desvelaron a las autoridades porteñas y bonaerenses.

Fondos y preocupación

Desde el Gobierno ratificaron que el envío de fondos a provincias en crisis sanitaria-como lo anunciara ayer el ministro de Salud, Ginés González García, en su reunión con los ministros provinciales, a través de planes nacionales como el Sumar-continuará en el futuro. "El tema es que buscábamos que esos fondos sirvieran para reactivar, no para aliviar", reconocía una fuente oficial, preocupada por la extensión de ayudas como el IFE o los ATP para empresas, cuya extensión en el tiempo nadie se anima a limitar.

¿Es pensable una vuelta atrás en el AMBA si hay rebrotes pronunciados? Aquí sí surgen matices diferenciados. En la ciudad creen que hay "poco margen", basados en el "hartazgo de la gente", pero en la provincia opinan lo contrario. "La gente en los barrios sigue preocupada, y quiere que sigamos como estamos. No hay que estirarlo sin sentido tampoco, la tenemos que ir llevando", afirmaron desde el gabinete de Kicillof, dónde creen que los sectores anticuarentena están "sobrerepresentados" y que la imagen positiva del Presidente, Rodríguez Larreta y del propio mandatario bonaerense son prueba suficiente de lo "acertada" de las medidas de cuidado.

Entre ciudad y provincia, al margen de las declaraciones diplomáticas, no todo es armonía. En provincia ven lasaperturas de los locales de Once y Flores promovidas por Rodríguez Larreta como "eventuales focos de contagio" que llegarán al conurbano, y aceptan a regañadientes que la apertura de los deportes individuales-que comenzó ciudad y continuó provincia- son "parte de un acuerdo, aunque a nosotros nos interesan más las industrias que el deporte". Ambos aguardan, del mismo modo, una baja de casos que les permita respirar, mientras la situación en las provincias preocupa de manera creciente al Gobierno, que por el momento prefiere no adelantar qué camino tomará después del domingo 30, cuando venza la actual prórroga del aislamiento en todo el país.

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