El Papa se reunió con la CGT oficialista

Recibió a sus referentes y los llamó a "trabajar para la unidad" del gremialismo
Nicolás Balinotti
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27 de noviembre de 2013  

A último momento, el papa Francisco cambió el sitio del encuentro. Eligió la calidez de la residencia de Santa Marta, donde vive, antes que la rigidez protocolar de los muros del Palacio Apostólico. A sus invitados les pidió que se sentaran en círculo y que se presentaran uno por uno, a pesar de que a muchos ya los conocía por sus años de trabajo de campo en el Arzobispado de Buenos Aires.

Rompió el hielo con bromas y abrió el juego con una coartada que jamás falla: el fútbol. Lo miraban con asombro una numerosa tropa de sindicalistas argentinos que a lo largo de la hora y veinte minutos que duró la charla comprobaron que Francisco es de carne y hueso. Todos salieron de la cita maravillados por el trato genuino y terrenal más que por su mensaje.

Casi al final del encuentro, Francisco apeló a una anécdota sobre la ex Yugoslavia y las diferencias y similitudes de sus habitantes para decir, medio en broma y medio en serio, que cuando se juntan dos argentinos surge inevitablemente una interna. Después de las carcajadas que poblaron la sala, pidió "trabajar para la unidad de la Argentina y tener responsabilidad para alcanzar la paz". Y repitió: "Basta de tantas internas, tratemos de encontrarnos".

La cúpula de la CGT oficialista, encabezada por Antonio Caló, evitó tomar el mensaje como algo personal. "Nos pidió la unidad de todos los argentinos, no sólo de la CGT", dijo Caló a LA NACION. Otro miembro de la comitiva sindical fue más directo: "El Papa estaba íntimamente ligado al movimiento obrero. Hubo un pedido para que tratemos de juntarnos. Necesitamos que todos los egos se bajen y reconstruir", comentó el petrolero Alberto Roberti, en declaraciones a Radio Cultura.

Preocupado por la pobreza y por mantener la paz social, Francisco solicitó la colaboración de los gremios en diferentes iniciativas solidarias que la Iglesia lleva a cabo en nuestro país. "Nos pidió que nos involucremos más en los planes sociales de la Iglesia y en el trabajo en las escuelas", amplió Roberti.

No es la primera intervención del Papa en la interna de la CGT. Desde el comienzo de su pontificado, el 13 de marzo pasado, recibió muchísimas visitas de sindicalistas. A todos instó a unirse. Sin diferencias. Ayer escucharon su renovado mensaje Caló, Roberti, Omar Viviani, Rodolfo Daer y Norberto Di Próspero, entre otros dirigentes gremiales.

Más allá del pedido de Francisco, la unidad de la CGT es todavía un deseo imposible. Fracturada en tres sectores, no se vislumbra un acercamiento. Aunque hay un atajo que podría hacer posible la reunificación: que la Justicia avance en su propósito de modificar el modelo sindical. Caló ya dio su veredicto si esto sucede: "La Corte quiere modificar el sistema de Perón. Si por mí fuera, doy un paso al costado por la unidad. Pero para bailar hacen falta dos y dejar los personalismos de lado", dijo, al tender un puente a sus rivales Hugo Moyano y Luis Barrionuevo.

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