El portazo, una marca registrada de Elisa Carrió

Elisa Carrió fue con su hijo a la Casa Rosada para despedirse de Mauricio Macri
Elisa Carrió fue con su hijo a la Casa Rosada para despedirse de Mauricio Macri
A lo largo de su carrera política, Carrió abandonó sucesivamente el radicalismo y sus creaciones ARI y Coalición Cívica, entre otras rupturas
Jaime Rosemberg
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30 de octubre de 2019  

"Si defender principios me lleva a ser expulsada del partido, me quedo tranquila. No soy yo quien deja de ser radical, sino los mismos que me expulsaron y combatieron". La carta, escrita de puño y letra por Elisa Carrió, llegó a manos del expresidente Raúl Alfonsín. Comenzaba 2001 y días después de aquella advertencia la entonces diputada radical renunciaba al partido en el que comenzó su vida política y a la Alianza, ya por entonces tambaleante en el poder.

Esa drástica decisión fue la primera de una serie de sonoros portazos, renuncias y desplantes, parte indisoluble y herramienta política de una dirigente tan carismática como impredecible, que ahora tuvo un nuevo (¿y último?) capítulo con la renuncia a su mandato como diputada.

Más allá del escepticismo con el que Mauricio Macri y los miembros de Cambiemos tomaron el anuncio de su renuncia y "retiro" de la política, no se trata de una novedad: cada vez que se sintió incómoda en espacios -y cargos-, Carrió no dudó en buscar nuevos caminos. ¿Convicción ideológica o conveniencias personales? La respuesta depende del interlocutor.

El divorcio de Alfonsín y la UCR había tenido un antecedente en la Convención Constituyente de Santa Fe, en 1994, en la que Carrió se opuso al "núcleo de coincidencias básicas" acordado por el caudillo radical con el presidente Carlos Menem, que le aseguró a este su reelección. Alfonsín soportó las ironías de sus correligionarios, que le cuestionaban haber "llevado" a la convención a una dirigente que lo cuestionaba por "pactar" con el menemismo.

Carrió renunció a la UCR y a la Alianza para conformar ARI, junto al Partido Socialista, peronistas e independientes, con los que atravesó las elecciones de 2001 y 2003, en las que fue candidata a presidenta por primera vez. Una campaña sin fondos, recorriendo el país por caminos polvorientos en un auto desvencijado, fiel a su carácter combativo.

En el medio, en agosto de 2001, había renunciado a la presidencia de la Comisión de Lavado, por sentirse "cuestionada" por otros de sus miembros, como Cristina Kirchner, Daniel Scioli y Franco Caviglia.

En 2007, poco antes de las elecciones, volvió a sorprender, pero esta vez a los propios. Se desafilió del partido que había fundado y renunció a su banca de diputada para formar una nueva agrupación, la Coalición Cívica. "Me alejo de la afiliación para ser garantía del ingreso de mucha gente de la sociedad civil que quiere formar parte de un proyecto absolutamente amplio", dijo entonces a LA NACION, ante la mirada atónita de sus compañeros de partido. Fue candidata a presidenta por segunda vez, tras incorporar a la coalición a Patricia Bullrich, Enrique Olivera y Teresa de Anchorena.

El conflicto del gobierno kirchnerista con el campo, en 2008, aceleró la conformación del Acuerdo Cívico y Social, en el que la Coalición Cívica confluyó nuevamente con radicales y socialistas. La derrota en las legislativas de 2009 aceleró la crisis, y Carrió volvió a renunciar por carta, esta vez en duros términos hacia sus excorreligionarios. "Los gerentes que manejaron la UCR durante años tienen razón, yo no les sirvo, tampoco la Coalición Cívica, formada por una generación de jóvenes con principios que no toleran ni el cinismo ni el pacto ni la corrupción", disparó Carrió, en agosto de 2010. En 2011 fue otra vez candidata a presidenta y obtuvo un magro 1,8% de los votos. Volvió a alejarse de ARI, se peleó con la conducción (a cargo de Adrián Pérez y Pablo Javkin) y amagó con el final. Pero una vez más no lo fue.

Elisa Carrió y Pino Solanas, en 2012
Elisa Carrió y Pino Solanas, en 2012 Fuente: Archivo

Dos años después volvió a organizar un espacio opositor, UNEN, junto con la UCR, el socialismo y Fernando "Pino" Solanas. Todo terminó mal: durante un acto, y mientras Solanas afirmaba que en el espacio no había "lugar para la derecha", Carrió tomó su cartera rosa y se fue "a comer pizza". Las caras sorprendidas de Martín Lousteau y Ernesto Sanz, cerca suyo, lo decían todo.

Meses después de aquel desplante Carrió se acercaba a Macri. Junto a Sanz, a quien había cuestionado años antes, los tres formarían Cambiemos, con el que llegarían al poder en 2015. En estos años como dirigente oficialista, algo cambió: Carrió, quien recelaba de Macri y su convicción de luchar contra la corrupción kirchnerista, se quejó, marcó diferencias, cuestionó ministros y políticas. Pero no rompió, y privilegió siempre su vínculo con Macri. Volvió a ser taquillera, a ganar elecciones -la porteña, en 2017- y a influir en las políticas de gobierno.

Con la necesidad de cuidar su salud y una campaña en la que alternó ausencias con una férrea defensa del Presidente, dijo nuevamente adiós. "La doctora va a seguir siendo parte de este armado, sea o no después candidata, es una pieza fundamental y va a formar parte de esta mesa", dijo ayer Jorge Macri, tras reunirse con el Presidente en la Casa Rosada. Muchos como él creen -y otros esperan- un nuevo y próximo retorno.

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