Elecciones: los puntos fuertes y débiles de Mauricio Macri y Alberto Fernández

Los precandidatos presidenciales del Frente de Todos y Juntos por el Cambio
Los precandidatos presidenciales del Frente de Todos y Juntos por el Cambio Fuente: Archivo
Paz Rodríguez Niell
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10 de agosto de 2019  • 19:29

Ganar Santa Fe y Entre Ríos. Achicar la derrota en Córdoba y la ciudad de Buenos Aires. Mantener los números de 2015 en el Norte y Sur del país y, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires. Esa es la fórmula del éxito según el equipo de campaña de Alberto Fernández.

Ganar por más de 20 puntos en Córdoba, Mendoza y la ciudad de Buenos Aires. Agrandar la diferencia en el interior bonaerense para compensar, al menos en parte, la derrota en el conurbano. Sumar algún punto en el Norte y el Sur y, como gran golpe simbólico, arrebatarle la gobernación a Alicia Kirchner. Ese es el resultado que espera Mauricio Macri.

El punto de partida son los números de las elecciones generales de 2015, las últimas presidenciales. Macri perdió por 2,5 puntos contra Daniel Scioli, a quien después derrotó en el ballottage. En las PASO de ese año, el resultado había sido 38,41 a 30,07.

¿Cuál sería hoy un buen resultado para Alberto Fernández? La aspiración de su equipo de campaña -según dirigentes de su entorno- es llegar a los 40 puntos. Si sacan menos, para estar conformes su ventaja no debería ser de menos de 5 puntos. Si sacan más, lo que le falte a Alberto Fernández para llegar a los 45 puntos debería ser menos que la diferencia con Macri.

Una vez más, es clave la provincia de Buenos Aires. Es la principal debilidad de Juntos por el Cambio, reconocen en sus filas. El oficialismo está preparado para una derrota -el tema es por cuánto- y espera un nuevo golpe en tercera sección electoral, que incluye La Matanza, Florencio Varela, Ezeiza, Avellaneda. Se trata de un bastión histórico del kirchnerismo, que alcanzó allí marcas récord, y reúne casi el 35% del padrón de la provincia, que, a su vez, concentra el 37% del electorado nacional.

Para compensar, el oficialismo apuesta a hacer una gran elección en el interior de la provincia, donde su alianza con el campo le garantiza un gran caudal de votos, y a pelear la primera sección electoral (que incluye el corredor Norte del conurbano y tiene otro 35% del padrón bonaerense). Allí, Macri perdió en las generales de 2015 por 4,27 puntos, pero ganó en las legislativas de 2017.

El escenario es difícil para el oficialismo porque la primera y la tercera sección electoral suman el 70% de los votos de la provincia.

La contracara es Córdoba, el segundo distrito en cantidad de votantes. Fue la provincia donde Macri sacó en 2015 el mayor porcentaje de votos en las generales. Superó incluso a la Capital Federal. Macri le ganó a Daniel Scioli por 53 puntos contra 19. Scioli quedó atrás incluso de Sergio Massa, que consiguió el 20%. El massismo contaba entonces con el apoyo del ex gobernador Juan Manuel De la Sota. Esos votos de Massa son los que hoy quiere llevarse Alberto Fernández y por eso Córdoba fue la provincia del interior que más veces visitó y donde cerró su campaña. Acá la apuesta del kirchnerismo es entonces sumar puntos y achicar la diferencia. Juan Schiaretti, actual gobernador, se declaró prescindente y va hoy con boleta corta.

Lo mismo espera conseguir la fórmula Fernández-Fernández en la ciudad de Buenos Aires, donde el triunfo de Macri está garantizado pero el Frente de Todos aspira a mejorar los 24 puntos de Scioli en las generales de 2015. Quieren sacar cerca de 30 puntos. Y algo similar pasa en Mendoza, el otro distrito que aceptan que perderán.

En cambio, el kirchnerismo cree que tiene chances de ganar esta vez Santa Fe, la tercera provincia en cantidad de votos. En las filas del macrismo dicen que va a estar "peleado". Fernández tiene el apoyo del gobernador, Omar Perotti, que ganó este año y cortó con 12 años de gestión socialista. Perotti fue el armador del documento de apoyo a Fernández-Fernández que firmaron 16 gobernadores. El socialismo santafecino apoya a Roberto Lavagna.

La otra provincia que hoy el kirchnerismo espera a ganar es Entre Ríos, con la ayuda del gobernador Gustavo Bordet.

El macrismo, en cambio, cree que tiene chances de mejorar su desempeño en el Norte. Por ejemplo en Jujuy, donde Macri sacó en las generales de 2015 solo 17,52%. Para eso cuenta con el apoyo del gobernador radical Gerardo Morales.

En el otro extremo del país, el candidato a gobernador radical Eduardo Costa es la esperanza del oficialismo para dar la sorpresa, ganar Santa Cruz y cortar con más de 25 años de hegemonía kirchnerista.

El peso de esta provincia en el mapa nacional es mínimo (0,74% del padrón nacional), pero lo que pase allí será de gran relevancia simbólica. En su intento de ganarle a Alicia Kirchner, Costa recurrirá a la Ley de Lemas que él mismo había impugnado, sin éxito, por inconstitucional. Otra complicación para Alicia Kirchner es que planeaba compartir boleta con su cuñada y Alberto Fernandez, pero la justicia electoral no se lo permitió basada en que mientras las elecciones nacionales son primarias, las provinciales son generales.

A pesar de que en el bunker de campaña de Alberto Fernández dicen que el triunfo en Santa Cruz está garantizado, en la provincia hay un clima de elección reñida. De ser así, será una noche larga. Cristina Kirchner seguirá de cerca todo lo que pase. Esperará los resultados en su casa de Río Gallegos.

Con la colaboración de Gabriel Sued y Jaime Rosemberg

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