La elección, un duelo de mujeres

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION

La editorial de Carlos Pagni: "Duelo de mujeres"

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6 de agosto de 2019  • 01:11

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A continuación, sus principales conceptos:

  • Desde que se sucedieron los hechos, entra y sale de la consideración de la campaña electoral el episodio en el que el precandidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, nombró a la científica Sandra Pitta en la Facultad de Ciencias Exactas, diciéndole que la iba a cuidar. La doctora en Farmacología había manifestado cierta inquietud por un maltrato que recibió en las redes sociales tras haber firmado una solicitada apoyando la candidatura de Mauricio Macri. Esto derivó en que se debatiera sobre la frase que pronunció Fernández ("Sandra, yo te voy a cuidar"), y sobre lo que significa exponer a un ciudadano común desde un atril.

  • Cabe preguntarse a qué se refería Fernández con esa frase. Además, esto pone en evidencia el problema moral que poseen estos escraches porque esconden un significado político. "Sandra, yo te voy a cuidar", ¿de quién?, ¿de qué? Formulándonos estas preguntas puede aparecer toda una dimensión subliminal de la campaña de Fernández porque la respuesta es bastante obvia: te voy a cuidar de Cristina y de aquellos que te quieren agredir, que no es el oficialismo por el que Sandra Pitta firma solicitadas.
  • Aunque subliminal, esto está en la esencia de la campaña de Fernández, que fue elegido como candidato a presidente por el Frente de Todos no a pesar de que criticaba a Cristina sino justamente porque lo hacía. Él entonces se ofrece como el garante de que "el Cristinismo, si existe, no vuelva", como le dijo una vez al periodista Luis Novaresio cuando le planteaba cuestiones críticas del kirchnerismo.
  • Hay una amenaza en esa protección que Fernández dice asegurarle a Sandra Pitta, porque un día puede dejar de cuidarla y ella quedar expuesta a aquellos que la pueden agredir. Importa esta disociación explícita, deliberada y estratégica porque Fernández se ofrece casi como Macri, es decir, como un garante de que Cristina no vuelva. Daría entonces la impresión de que, dentro del kirchnerismo, también hay un deseo de que no vuelva Cristina.
  • Esto es importante desde el punto de vista político porque a través de este mensaje no manifiesto se percibe otra grieta: la que hay en el bloque opositor kirchnerista. Este montaje por el cual Fernández representa algo distinto de Cristina se va volviendo realidad y ya hay dos campañas: la que se disputa en la provincia de Buenos Aires con La Cámpora a favor del candidato a gobernador Axel Kicillof; y la de Alberto Fernández a nivel nacional. Esto expresa tensiones que, por supuesto, se tratan de contener en público durante la etapa proselitista pero que nos obligan y ayudan a pensar cómo sería -en el hipotético caso de que gane la elección- un gobierno de Fernández distinto de lo que teme o de lo que agita como fantasma el antikirchnerismo, que es un Fernández títere de Cristina.
  • Estas grietas, y los comportamientos de Fernández durante la campaña, nos obligan a pensar en otro modelo: un Fernández que está buscando una alianza con el peronismo no kirchnerista, con los gobernadores y con los sindicatos, y que tiene el objetivo de contener, encuadrar y reducir el factor Cristina Kirchner-Cámpora. Eso puede ser viable. Es probable que si a Fernández le va bien pueda componer, con el resto del peronismo, una mayoría en el Congreso que reduzca a Cristina y a La Cámpora a un factor de disidencia. Podemos imaginar más: que para que sea creíble esta diferenciación de Fernández respecto del kirchnerismo clásico, él tenga que hacer cosas que irriten todavía más a Cristina y a La Cámpora y que Cristina, en vez de ser la titiretera, termine siendo una especie de Chacho Álvarez o Julio Cobos, es decir, una disidente.
  • Detrás de todo esto hay una dificultad y un malestar de la historia de este período político, porque en Fernández, en esta alianza con el resto del peronismo, en el intento de diferenciación con Cristina y en la fantasía de proponerse como aquel que garantiza que ella no vuelva, se reproduce algo que ya veíamos en 2015 en la candidatura de Daniel Scioli, a quien también el peronismo le pedía que se separe de Cristina. Él intenta hacerlo, sobre todo en materia económica, y pone como voceros a Mario Blejer y a Miguel Bein, no a Kicillof. Daría la impresión de que hay un intento permanentemente frustrado durante todos estos años del peronismo clásico de emanciparse respecto de alguien que fue su líder político, de poder, pero que no fue su líder conceptual y que es Cristina. Esto se manifiesta todavía más en los intendentes del Conurbano, que no entienden la candidatura de Kicillof y que piden la boleta de María Eugenia Vidal para mezclarla con la boleta de Fernández y Cristina.
  • Frente a estos signos de lo que podrían ser disidencias y crisis en un gobierno eventual de Fernández respecto de Cristina, aparece del otro lado el gobierno de Macri. Hay una gran incertidumbre en este momento sobre cuál puede ser el resultado de la elección. Hay encuestas y datos pero todos esos datos tienen un problema metodológico: en general, todas las encuestas se hacen a teléfonos fijos y ya casi no hay encuestas presenciales. El problema es que el teléfono fijo es cada vez menos frecuente, sobre todo entre las clases más bajas. Esto quiere decir que las encuestas telefónicas se basan en una muestra que en general deja afuera a una cantidad de gente muy gravitante en el voto. Esto introduce una primera bruma sobre lo que va a pasar el domingo que viene y durante todo el proceso electoral.
  • Por parte del Gobierno sí hay una ventaja y se trata de algo muy novedoso: la organización del Gobierno, es decir todo lo que rodea a Marcos Peña, a Horacio Rodríguez Larreta y a Vidal. Cambiemos, el Pro, es una maquina muy eficiente para indagar en la opinión pública, organizar la campaña electoral y buscar el voto. Usan muy bien el big data, tienen metodologías y programas de referenciación del voto y de la historia del electorado o de las elecciones en los últimos años identificadas y muy localizadas geográficamente. Saben cómo ir a buscar al votante y tienen algo muy importante: mucha plata. Es el Estado. Una de las curiosidades a las que estamos asistiendo es la de ver a un peronismo que está fuera de la caja del Estado nacional y del provincial. Además, muchos candidatos a los municipios del Conurbano están fuera de la caja de la municipalidad porque no gobiernan.
  • Estas ventajas de organización se manifiestan, especialmente, en algunos campos: el Gobierno contrató todo el espacio disponible para la campaña en YouTube desde hace un año. Lo hizo por monedas. Hoy, entrar ahí, por la demanda que hay y a una semana de las elecciones, es carísimo. Basta entrar a esta red social para darse cuenta de que allí, monopólicamente, la campaña es de Juntos por el Cambio.
  • Hay otras ventajas que tienen que ver con más datos que aparecen sobre la elección: desde este fin de semana el Gobierno empezó a estar un poco más animado en medio de la incertidumbre porque le llegan datos positivos desde Córdoba. En esa provincia, el deterioro de Macri no sería tan grande como se sospechaba o se suponía hace un tiempo. El propio gobernador Juan Schiaretti dejó trascender, inclusive entre amigos del peronismo, que Macri posee una intención de voto de alrededor del 48 o del 50% en la provincia y que Fernández tendría una intención de voto de entre el 28 y el 30%; es decir que habría una diferencia significativa de 20 puntos entre ambos. Esto es muy importante para Macri porque él intenta recuperar en Córdoba, como hizo en 2015, los votos que no tiene en la provincia de Buenos Aires. Esto es lo que explica que Fernández vaya recurrentemente a Córdoba: es el distrito que más visitó.
  • Santa Fe es otro distrito donde ganaría Cambiemos por una diferencia mucho menor que la de Córdoba, porque en Santa Fe el precandidato a presidente por Consenso Federal Roberto Lavagna cuenta con el apoyo del socialismo y eso hace que Juntos por el Cambio no tenga tantos votos. Esto confirmaría la presunción de que los votos de Lavagna en gran medida son votos del oficialismo. Hay otra razón objetiva por la cual el Gobierno festeja y es que, por primera vez en todos estos años, la elección de la Capital Federal a jefe de Gobierno va pegada a la elección nacional. Lo bien posicionado que está Larreta y la perfecta maquinaria electoral que posee le suma a Macri, cosa que podría no haber sucedido si la elección fuera separada, como fue siempre. Dicen que Martín Lousteau, que enfrentó esa maquinaria en 2015 y que ahora la conoce desde adentro, comenta: "No sé cómo no me ganaron por 20 puntos".
  • Otra cuestión que festeja Juntos por el Cambios es que en muchas provincias del norte como Salta, Chaco o Jujuy, que en general le han sido adversas, el Gobierno está mejor posicionado de lo que estaba en 2015. Todo esto compone un cuadro que hace que, hoy, el Gobierno suponga que su peor escenario es Macri-Pichetto perdiendo frente a Fernández-Kirchner el domingo que viene por alrededor del 3%. Ahí cabe analizar que no es lo mismo perder por tres puntos con un Fernández que saque el 42% de los votos y con un Macri que saque el 39%, que por tres puntos con un Fernández que saque el 40% y con un Macri que saque el 37%. ¿Por qué? Porque en el primer caso Fernández estaría a tres puntos de ganar en primera vuelta y esto es importante porque es muy probable que la única posibilidad que tenga Fernández de ganar las elecciones sea en primera vuelta, en un ballottage es altamente posible que pierda en cualquier escenario. Este es un dato crucial.
  • Cuanto mas cerca este Fernández del 45% de los votos, más importante va a ser para el Macri el votante de Lavagna y más va a tener que interpelar al votante de José Luis Espert y al de Juan José Gómez Centurión. El Gobierno va a estar más obligado a lograr que la primera vuelta de octubre sea verdaderamente un ballottage, que haya dos candidaturas y no más, porque todas las candidaturas que se multiplican -sacando las de izquierda- en general le quitan votos a Macri.
  • ¿Hasta dónde llega esto? En el oficialismo hay quienes dicen que si la hipótesis que se verifica es un Fernández más cerca de ganar en primera vuelta, Macri le va a tener que hacer una oferta concreta a Lavagna para que se baje. Acá es muy importante saber cómo queda Lavagna, cuyos jefes de campaña calculaban que iba a estar durante las PASO rondando el 18% de los votos y que hoy en las encuestas mide entre 7 y 8 puntos. ¿Con qué nafta sigue? ¿Puede bajarse? Es muy difícil, porque juega su hijo la diputación en la Capital y Graciela Camaño la diputación en la provincia de Buenos Aires. La hipótesis principal del Gobierno es quedar, si pierde en las urnas, con un Fernández por debajo del 40%. Si esa es la elección, va a surgir el domingo la idea de un Macri que puede ganar más fácilmente en primera vuelta o eventualmente en un ballottage.
  • La gran incógnita sigue siendo la provincia de Buenos Aires. Ahí está la mejor candidata del oficialismo: Vidal. Ella es víctima del sistema electoral. Si el sistema de la provincia de Buenos Aires fuera como el de Santa Fe la situación sería diferente. En Santa Fe el sistema es de boleta única, lo que significa que hay una boleta con todos los candidatos a gobernador, otra con todos los candidatos a diputados y otra con todos los candidatos a intendente. Los que critican este sistema dicen que destruye los partidos porque los segmenta pero, si este fuera el sistema de la provincia de Buenos Aires, Vidal le ganaría cómodamente a Kicillof. El propio Gobierno le reconoce al precandidato a gobernador del Frente de Todos una muy buena campaña, mejor que la de Fernández, primero porque no ha dicho ningún disparate ni se ha enojado y segundo porque es una campaña muy parecida a la del Pro, que procura la proximidad con los ciudadanos más que con los dirigentes y se saca más fotos con la gente común que con intendentes y gobernadores. El problema es que Vidal va con Macri en una misma boleta y que Kicillof va con Cristina. Este es el problema para Vidal: con Cristina, Kicillof sube, y con Macri, Vidal baja.
  • Pero Vidal está tan bien posicionada: hay mucha gente que quiere votarla y está dispuesta a cortar la boleta. Un dato curioso es que el 35% del electorado bonaerense va a ir a votar con la boleta preparada. Hay otro fenómeno que, eventualmente, puede cooperar con Vidal y es que hay muchos intendentes, sobre todo en el Conurbano, que ostentan una intención de voto muy superior a la de Fernández, de hasta 20 puntos de diferencia. Este fin de semana, un importante intendente del Conurbano le pidió a Cambiemos un millón de boletas de Vidal para repartir la boleta de la gobernadora a aquellos que quieran votarla. De esa manera, no desperdician el voto de quien quiera votar a un peronista para la intendencia y a una referente del oficialismo para la provincia. Esto puede pasar también del lado de Macri. Hay intendentes del Pro a los que en sus distritos les va muy bien pero a los que Macri los tira para abajo, esa gente ¿repartirá la boleta de Cristina? Probablemente, sí.
  • Hay una enorme incógnita. Según las encuestas, en la última semana sucedió algo raro, una especie de estancamiento de Macri y cierto deterioro de Fernández en la provincia de Buenos Aires. En ese caso, Vidal no estaría tan lejos de ganar, si ella ganara contra todas estas dificultades sería una especie de milagro que le pondría al oficialismo un impulso prácticamente definitorio de todo el proceso electoral y se volvería a repetir lo de 2015: Vidal haría que Macri gane y Macri le debería en gran medida su victoria a Vidal. Lo mismo que Fernández en caso de ganar: le debería la victoria a Cristina Kirchner. Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, y este es un duelo de mujeres.

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