La historia detrás del lujoso Rolls Royce que llevó a Mauricio Macri y a Juliana Awada a su encuentro con los reyes de España
Considerado el auto más lujoso jamás fabricado, fue usado por el rey para ocasiones históricas
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Entre los muchos honores especiales con que los reyes de España recibieron a Mauricio Macri y a Juliana Awada, hubo una atención considerada un verdadero lujo y que no pasó desapercibida: los soberanos pusieron a disposición del presidente argentino un Rolls Royce que es muy simbólico en la historia de la pareja real. Se trata de un Rolls Royce Phantom IV, Patrimonio Nacional de España. En él llegó Letizia a la Catedral de la Almudena en 2005, para dar el sí ante Felipe, y en él recorrieron juntos por primera vez las calles madrileñas ya convertidos en marido y mujer. Para ese momento histórico, el automóvil fue modificado: por una cuestión de seguridad, se reemplazó la capota original por una de cristal blindado.
Nueve años después, en 2014, Felipe llegó en ese mismo Rolls Royce a su proclamación como nuevo rey de España.

El vehículo fue usado también para las bodas de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, y de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin.
Pero más allá de los actos históricos en los que tuvo un rol protagónico, el Rolls Royce Phantom IV es considerado uno de los autos más exclusivos jamás creados. Sólo se fabricaron 18 unidades y todas ellas para grandes personalidades del mundo: la reina Isabel II de Inglaterra, el Sha de Persia, Enrique de Gloucester y Francisco Franco se contaron entre sus clientes, a fines de los años 40. Franco llevó a España tres ejemplares en 1952 para que fueran propiedad del Ejército de Tierra. Actualmente son Patrimonio Nacional y están al servicio de la Casa Real, ubicados justamente en los acuartelamientos de El Pardo, el palacio donde se alojan Macri y su comitiva. En ellos suelen asistir los reyes a la apertura del Congreso y a los desfiles del 12 de octubre.
Una verdadera carroza real
La firma Rolls Royce creó este ejemplar en 1949 por un encargo del príncipe de Edimburgo para regalárselo a la por entonces princesa Isabel. El fabricante había decidido cesar la producción del Rolls Royce Phantom III con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial y no hizo una nueva versión una vez finalizada. Hasta que la presión fue grande: cuando el duque de Edimburgo probó un auto experimental en el que Rolls Royce estaba trabajando en los 40, el único automóvil provisto de un motor de ocho cilindros en línea que podría correr largas distancias a una velocidad muy baja, quedó tan encantado que decidió pedirle uno hecho a medida, y finalmente en 1950 recibió el primer ejemplar del Phantom IV, con una nota que garantizaba que había sido fabricado especialmente por pedido del "príncipe de Edimburgo y la princesa Isabel".
Aunque no quedó estipulado que sería un auto "para reyes", un símbolo -y el precio elevadísimo también- bastó para que se asociara este modelo a la realeza: en el capó se erige la estatuilla que es la insignia de la marca Rolls Royce, conocida como "el Espíritu del Extasis", pero en vez de estar inclinada como en todos los autos de la firma, está arrodillada, en actitud de reverencia.
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