Los gestos de convivencia política taparon los momentos más incómodos de la ceremonia

Mauricio Macri y Alberto Fernández se mostraron juntos y respetuosos, pero también enfrentaron incidentes con el público
Mauricio Macri y Alberto Fernández se mostraron juntos y respetuosos, pero también enfrentaron incidentes con el público Fuente: Télam - Crédito: Fantón Osvaldo
Gustavo Ybarra
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8 de diciembre de 2019  • 17:54

Llegaron juntos, caminando a la par, pero se fueron separados. A horas de la ceremonia de asunción, que los volverá a unir en el Congreso de la Nación, Mauricio Macri y Alberto Fernández compartieron tribuna y gestos de convivencia política durante la misa por el día de la Inmaculada Concepción.

De hecho, no hubo una sino dos oportunidades para la foto más buscada de la jornada. Fue cuando ambos presidentes, el saliente y el electo, se dieron la paz durante el transcurso de la ceremonia. Al tradicional apretón de manos lo acompañaron con un cálido abrazo en el que las rispideces de la puja política quedaron de lado.

Ambos mandatarios entraron caminando juntos y se sentaron uno al lado del otro en el centro de la primera fila del sector reservado para los invitados especiales convocados por el obispo Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).

No hizo falta ningún saludo en ese momento. Es que ya se habían visto unos minutos antes en la intimidad de la sede del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo.

En el histórico y colonial edificio, los jefes de Estado compartieron una habitación, en la que Macri debió esperar unos minutos a Fernández; junto con Ojea y el obispo de Chascomús, Carlos Malfa.

Tras un cálido apretón de manos, los cinco minutos posteriores a ese primer encuentro fueron una romería de abrazos y saludos entre los funcionaros de los gabinetes entrante y saliente, en los que revisten rivales ideológicos pero, también, conocidos de muchos años de la vida política nacional.

"Pura amabilidad", definió el momento un veterano dirigente que fue testigo del encuentro que sostuvieron los dos presidentes a escasas horas de convertirse en protagonistas de un nuevo traspaso de mando democrático.

El camino hacia la Plaza Belgrano, ubicada frente a la Basílica y donde se instaló el palco desde el que se ofició la misa, fue por un pasillo vallado armado especialmente para facilitar el acceso de los dirigentes al lugar de la ceremonia.

Los momentos incómodos de la ceremonia

En esa caminata, Macri y algunos de sus ministros, en particular la jefa de la cartera de Seguridad, Patricia Bullrich, fueron insultados por varios de los presentes, en su mayoría militantes peronistas.

Fernández tuvo su mal momento en el inicio de la homilía del obispo Jorge Scheinig, cuando desde uno de los costados del palco una mujer y un hombre empezaron a insultarlo por su posición a favor de la legalización del aborto.

"Fernández, no mates bebés", gritaba a voz en cuello la mujer, de unos cincuenta años y que vestía una capelina negra sobre su cabello. Tras unos minutos de incertidumbre, ambas personas pudieron ser alejadas del lugar.

Junto a Macri y Juliana Awada, y hacia la derecha del presidente, se sentaron la vicepresidenta Gabriela Michetti, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, y el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Hacia la izquierda de Fernández y su mujer, Fabiola Yáñez, las ubicaciones centrales quedaron reservadas para el futuro ministro coordinador, Santiago Cafiero, y para Roberto Lavagna, quien sin pertenecer al gabinete del futuro gobierno tuvo un lugar de privilegio en la ceremonia.

Los presentes soportaron estoicamente el calor del mediodía de Luján, sin un techo que les diera cobijo de un sol que, para la hora de la misa, caía de manera implacable sobre los invitados.

Casi cuando empezaba la ceremonia y con un notable bajo perfil, pudo ingresar al sector de invitados especiales el dirigente social Juan Grabois, quien terminó ubicándose en una silla de la última fila.

En el final, ambos mandatarios salieron por separado. Mientras Fernández se tomó su tiempo para saludar a los militantes que se amuchaban junto a las vallas, Macri se despidió de sus funcionarios y partió, de la mano de Awada, hacia el helicóptero presidencial.

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