Menos movimiento y comerciantes que buscan la vuelta para abrir, el nuevo panorama en el conurbano oeste

Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena ISIDRO CASANOVA
Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena ISIDRO CASANOVA Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
Javier Fuego Simondet
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1 de julio de 2020  • 18:12

La mañana fría y las persianas bajas de muchos locales emparentan una zona céntrica de Isidro Casanova con el núcleo comercial de Morón y con las veredas más concurridas de Haedo. Los tres puntos del oeste del conurbano amanecieron en el primer día de la nueva cuarentena con menos movimiento de gente en sus calles, algunos locales cerrados y varios que, fuera de lo esencial, buscan alternativas para abrir y no volver al punto muerto del comienzo del aislamiento.

Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena. Haedo
Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena. Haedo Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Mientras pocas personas transitan por la zona de Crovara y Cristianía, donde confluyen Isidro Casanova, Ciudad Evita y Laferrère, algunas persianas de comercios se levantan totalmente y otras lo hacen por la mitad. En una papelera se atiende detrás de una barrera de celofán. "Estoy abierto porque vendo cosas para almacenes. Hoy está flojo el día, pero el fin de semana estuvo lleno", afirma el vendedor, que prefiere el anonimato. Solo unos pasos separan ese comercio de una mueblería abierta. "Tengo el permiso, en los primeros tiempos tuve que cerrar. Tal vez, la gente ahora respete la cuarentena por miedo", opina Sergio Gerez, que atiende la mueblería.

Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena MORON
Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena MORON Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Hay muchas persianas bajas sobre Crovara, una avenida que los comerciantes describen con menos movimiento que el habitual. Allí está Juan Garate, con su negocio de ropa en funcionamiento. "El alquiler hay que pagarlo. Estoy sobre la vereda y vendo cosas que no haya que probarse. Muchos no abrieron. Si me dicen que tengo que cerrar, cierro", afirma Garate, quien agrega que tuvo "cerrado 50 días" y que sobre la avenida se instalan manteros.

Cuando el poco movimiento del día sube algo, aparecen los manteros para vender ropa y tapabocas. "Estoy de acuerdo con la cuarentena, pero hay desesperación. No se puede más. Salgo a la calle como mantero, nos sacan y volvemos", sostiene Alfredo, uno de los manteros que se instalan en el lugar.

Desolación en Morón

La estación de trenes de Morón luce desolada. En las calles que la circundan, como Rivadavia y 9 de Julio, pleno centro de la localidad, los comerciantes observan una merma de concurrencia en el arranque de la nueva cuarentena. Conviven comercios cerrados y otros que resisten abiertos a pesar de no ser esenciales, con los bancos Nación y Provincia, que concitan la mayor afluencia de público.

Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena MORON
Recorrida por zona oeste en nueva fase de cuarentena MORON Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

"No hay movimiento. Los primeros días respeté a rajatabla, pero hay obligaciones, impuestos, servicios", justifica Carlos, que atiende una casa de ropa de trabajo que es "de las más antiguas de Morón", señala.

"Más o menos la mitad abrió", describe Rosana Maccario, que atiende una ferretería sobre Rivadavia. En la misma avenida, Carlos Figueras tiene abierta su joyería, con acrílicos instalados en el mostrador. "Está complicado, no hay casi nada de gente. A las chicas, las bajaron del colectivo", cuenta sobre sus empleadas, a las que fue a buscar con su auto. "Las voy a alcanzar hasta sus casas y mañana las pasaré a buscar", completa el comerciante.

La situación en Haedo

"Está muy tranquilo, muchos cerraron. Estamos atendiendo a los que hicieron algún pedido", señala Guillermo Bogani en su local de venta de camisas del centro de Haedo. Salvo por las filas en bancos, casi no circula gente por Rivadavia.

"Hoy bajó mucho, ya me voy", dice bordeando el mediodía Ricardo, que atiende una zapatería con las persianas bajas."Antes levantaba la persiana. Estuve dos meses cerrado y hoy vendí un par solo. Hay que pagar la luz y el alquiler", grafica.

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