Sin consenso para un paro, se rompe la alianza sindical que se construyó el 29 de abril
No hay unanimidad entre las tres CGT y las dos CTA para activar una protesta en contra del veto presidencial a la ley antidespidos
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Lejos del consenso y sin unidad para activar un paro general, la inédita alianza de las cinco centrales obreras que se produjo el 29 de abril pasado, con un multitudinario acto callejero, no tendrá de inmediato un segundo capítulo. No lo tendrá ni siquiera con el veto presidencial a la ley antidespidos. Sucederá, en definitiva, lo que ya era ya era un atisbo aquel día en la movilización contra los despidos y la inflación, en el que el tono de los discursos de los referentes sindicales desnudó las diferencias.
El Gobierno tomó nota de aquellas desavenencias para activar un operativo de seducción con los gremios más influyentes, aquellos que se anidan bajos las siglas de la CGT y que se identifican con el gremialismo clásico y peronista. Mauricio Macri recurrió a una práctica para nada original: abrió el grifo de fondos para las obras sociales sindicales; repartió cargos estratégicos en el Estado para los gremios; ayudó al cierre de algunas paritarias clave, como la de los colectiveros, y, lo último, accedió anoche para que las prestadoras de salud de los gremios quedaran exentas de los alcances del proyecto de ley del oficialismo sobre Acceso a la Información Pública. Una protección más a la acaudalada caja sindical. Esta maniobra del macrismo contradice una iniciativa similar de Elisa Carrió, una de las aliadas de acero de la coalición Cambiemos.
En las tres vertientes de la CGT hay posiciones disímiles sobre cómo llevar adelante el vínculo con la Casa Rosada. Será determinante lo que se resuelva hoy en el Consejo del Salario, al que Hugo Moyano se ausentaría por su enfrentamiento retórico con el Presidente y porque está canalizando sus energías a la disputa por el sillón de la AFA. En su disputa por el control del fútbol, el jefe de los camioneros también pulsea con el macrismo y así se esforzó en mostrarlo en una entrevista publicada hoy en Clarín.
En el Consejo del Salario habrá dos puntos que podrían unir otra vez a las cinco centrales: la eventual implementación de los descuentos salariales por huelga y el deseo empresario de acordar paritarias por productividad. El primer tema es el que más irrita a los gremialistas.
Moyano jugó anoche una última carta para influir en el ajedrez legislativo. Envió un comunicado exigiendo que se "respete" el pedido de la movilización del 29 de abril y que se apruebe la ley antidespidos más allá de "los egos políticos". La advertencia condicionará aún más su relación con el Gobierno. Dio luz verde a su tropa para avanzar con reclamos sectoriales, pero serán protestas aisladas. Moyano no cree que sea tiempo para un paro. Mucho menos en medio del proceso de reunificación de la CGT y todavía sin estar cerrada la paritaria de los camioneros.
"No somos golpistas", argumentó hace dos días uno de los máximos laderos de Moyano. Y trazó un paralelismo con lo que fue el vínculo entre Saúl Ubaldini y el ex presidente Ricardo Alfonsín. El primero de los 13 paros generales contra Alfonsín fue el 3 de septiembre de 1984, a casi 9 meses de su asunción. Macri recién lleva cinco meses de gestión.
En la central que lidera Antonio Caló, el ala más "acuerdista" la integran "los Gordos" (representantes de los grandes gremios). El mercantil Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo, de Sanidad, le aseguraron al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que no había chances de avanzar en un paro si Macri veta la ley antidespidos. Algo similar le comentó Luis Barrionuevo, de la central Azul y Blanca, al Presidente. Hoy, reforzaron su mensaje durante las charlas iniciales en el Consejo del Salario.
En las dos CTA, en cambio, no hay dudas: ya avanzan en la organización de un paro, sin sus aliados circunstanciales de la CGT. Vuelve a mandar la atomización, casi a pedido del Gobierno, y se impone una ironía: la misma ley que agrupó a los gremios, casi un mes después, los divide.
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