Srur, un jefe naval de bajo perfil y fuerte sentido de autoridad
Un militar consustanciado con la verticalidad que impone la cadena de mandos es el jefe de la Armada, almirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur. De bajo perfil, aunque riguroso y estricto, fue elegido en enero de 2016 por el presidente Mauricio Macri para conducir la fuerza naval en la etapa posterior al kirchnerismo.
Hoy parece haber perdido el crédito de confianza que tenía en el Gobierno y desde antes de la crisis del submarino ARA San Juan se menciona en ámbitos castrenses la posibilidad de su alejamiento, como parte de una reestructuración que se extendería a las otras fuerzas.
La semana última Srur enfrentó una fuerte crisis en el seno de la fuerza, al sancionar al comandante de Adiestramiento y Alistamiento, contraalmirante Luis Enrique López Mazzeo, a quien separó de su cargo, lo que provocó la inmediata reacción de otros comandantes, que pidieron su propio retiro. El conflicto enfrentó, básicamente, a los marinos que conducían el operativo de búsqueda del submarino en las bases navales de Puerto Belgrano y de Mar del Plata con las autoridades que tomaban decisiones en Buenos Aires.

Nacido hace 60 años en Bella Vista, una localidad cercana no sólo geográficamente al pensamiento militar, Srur está casado con Marcela Caride y egresó de la Escuela Naval Militar en diciembre de 1979 y se capacitó en planeamiento militar conjunto en el nivel estratégico operacional.
Entre 2009 y 2011 fue agregado de Defensa en la embajada argentina en Alemania y, en los últimos años, ocupó funciones estratégicas en la conducción naval. A fines de 2010, con el grado de contraalmirante, asumió como director general de Materiales de la Armada, el área dedicada específicamente a la incorporación y renovación de los medios navales, herramientas fundamentales para el desarrollo de la fuerza, como queda demostrado aun cuando salen a la luz casos de recursos limitados.
Tres años después, en junio de 2013, Srur accedió al Comando de Alistamiento y Adiestramiento, convirtiéndose en el número tres en la conducción de la fuerza, cuando la Armada salía del grave escándalo que se había suscitado con la retención de la Fragata Libertad en Ghana, por una demanda de los fondos buitre, en pleno gobierno kirchnerista.
Con sede en la Base Naval de Puerto Belgrano, el corazón de la familia naval, de este comando dependen el movimiento y la operación de toda la flota de mar, la infantería de Marina, la aviación naval y la Fuerza de Submarinos, la sede natural del ARA San Juan, en Mar del Plata. Sobre todo ese poder naval de amplia jurisdicción.
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